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Extremos que se tocan

Extremos que se tocan  

En la realidad socioeconómica venezolana actual -sin duda caótica y habría que llevar lentes de cuero para no verla- hay quienes continúan manejando el argumento de que la democracia anterior a la del Presidente Hugo Chávez Frías no fue buena.

 

Considerada de conjunto esa es una afirmación indiscutible. Y tanto lo es que fue un fracaso clave para el ascenso del barinés. Pero el punto sobre el tema es que la crítica que se hace al actual gobierno radica en que la oposición no está aspirando regresar a esquemas como los de AD o COPEI, sino a la formulación de soluciones que liberen a los venezolanos de la autocracia actual y los salve del retorno a etapas que otros conocieron bien: a los tiempos de opresión de cuando Gómez y Pérez Jiménez.

 

Es por ello inútil la cantinela de que la democracia adeco-copeyana no sirvió. El asunto no se discute y lo prioritario es unificar la búsqueda de soluciones superiores a esa mala experiencia democrática, dentro de cuya debacle está incorporado el asfixiante régimen bolivariano; por mucho el peor de los gobiernos contemporáneos.

 

La misma discusión errátil se da por separado en relación con la guerra y con PDVSA. En cuanto a la guerra actual en el Medio Oriente, los venezolanos no estamos ni a favor ni en contra de ningún país. Sencillamente es un asunto en el que como Estado no deberíamos inmiscuirnos. No es un pleito nuestro.

 

En cuanto a  PDVSA, el chavecismo desposeído de elementos de defensa frente al deterioro creciente de la petrolera, saca la bandera deshilachada de un pasado que no fue bueno solamente al final por motivos que bien se conocen, y no porque fuese una empresa constitucionalmente maltrecha, como se pretende hacer creer.

 

PDVSA es ahora ciertamente propiedad de todos, puesto que ha sido objeto de varios saqueos. Entre otros, los que han ejecutado varios de los astutos Presidentes de otros países latinoamericanos que le sustraen facilidades que el primer mandatario venezolano -luz de la calle y oscuridad de la casa- les concede por medio de precios más bajos y de otras condiciones beneficiosas para compradores que se seleccionan con base en criterios más ideológicos que comerciales.

 

El caos del gobierno revolucionario está de bulto. Suficiente literatura hay sobre el tema. Un bulto de errores con el que se tropieza a cada rato, pues su oronda administración feudal lo ha colocado en el medio de nuestra cotidianidad.

Manuel Bermúdez Romero

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