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Relacionismo o guerra sucia

Relacionismo o guerra sucia

Desde su nacimiento las Relaciones Públicas (RRPP) se constituyeron para comunicar, nunca para descomunicar, mentir o trastocar escenarios.

Afirmarlo no es una perogrullada. Se aborda el tópico porque a menudo de buena fe se presume que las Relaciones Públicas existen para manipular acontecimientos de interés público desfavorables a la organización que se representa.

En situaciones de extremo desconocimiento llega a creerse que existen sólo para divulgar logros, maquillar o esconder fracasos propios y, en el colmo de la ignorancia o de la inconciencia, para “fabricárselos” al competidor.         

Aún más perjudicial es que por desconocimiento simulado, algunos conocedores del relacionismo se prestan para falsear y -en oportunidades- para inventar hechos, bajo la presión que ejercen dueños o directivos de empresas o instituciones.

De ese modo, las organizaciones de RRPP se trastornan y actúan como laboratorios de guerra sucia. El tema se coloca en el tapete para recordar que es un punto clave en la ética de los negocios y para abordar desde ángulos más constructivos asuntos que están en la discusión diaria.         

El estudio de las RRPP y de sus funciones, es un conocimiento que conviene refrescarlo en los ámbitos de la profesión, así como divulgar mejor sus conceptos entre líderes organizacionales, ejecutivos, hombres de empresa y dirigentes políticos.         

En ese sentido, los análisis del entorno elaborados por los grupos de planificación de las RR.PP., son fundamentales en el desarrollo a mediano y largo plazo de los planes de negocios y relaciones institucionales con los diferentes públicos de interés.         

El relacionismo público es una especialidad que reúne tareas intelectuales que nutren de información la brújula que las instituciones procuran poseer para adelantarse a los acontecimientos, y que resulta una guía esencial en la buena marcha de negocios y actividades institucionales.         

Más allá de la conducción ceremonial -esa no es la tarea central de las RRPP-, es realizando continuamente evaluación, planificación, coordinación y comunicación como se ausculta el clima del entorno e institucional para adelantar acciones preventivas y superar dificultades, sin que ello implique hacer concesiones inaceptables o contrarias a la ética empresarial y pública.         

Muchas instituciones mejorarían su perspectiva si tuviesen relaciones públicas bien constituidas que les permita actuar con razonada anticipación a las realidades y funcionar con realismo aun en ambientes inestables.

Realismo no significa aceptar sin discusión o negociación el futuro, sino organizarse y proceder con antelación a tomar el mejor de los caminos que adelante en la encrucijada se observe y que previamente fue considerado con sus pros y contras.

Un camino bien puede ser retirarse de un negocio o actividad aun siendo rentable económicamente, pero contrario a criterios de estabilidad institucional, ética corporativa o a principios administrativos y sociales.

Al final gana la imagen institucional de la organización o de la empresa, lo cual tiene más valor permanente que el cuantioso monto de las monedas que se dejen de ganar en un negocio o relación cuestionable. 

Manuel Bermúdez Romero

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