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Contextos

Pequeña historia

Lo llaman juego político 

Era 1969. Liceo Raúl Cuenca. Desde el año anterior un grupo de estudiantes independientes y puros de principios, se había dado a la tarea de sacar del centro de estudiantes -por medio de elecciones- a los miembros del partido dominante entonces.

Desplazarlos no por el antojo de hacerlo, sino porque no hacían ni promovían nada. Estaban a puntico de sacarlos, se sentía en el ánimo entusiasmado de los grupos estudiantiles que los apoyaban. Aunque el liceo estaba muy poblado, los independientes tenían uno por uno casi todos sus votos contados.  

Propio de la política chiquita, el partido dominante jugó sucio cuando percibió la dificultad. Así quiso identificar a uno de la plancha 2, la independiente, como militante del Partido Revolucionario de Integración Nacionalista (PRIN) al relacionarlo con su hermano, quien sí militaba en ese partido. A otro -Carlos Bello, asesinado un año después durante un abuso policial- se le etiquetó de comunista y se le amenazó con denunciarlo a Creole Petroleum Corporation, donde su padre trabajaba.  

El diario regional, cuyo corresponsal en el pueblo era del mismo partido dominante, no publicaba ninguna información de la plancha independiente, y hubo otras bajezas en el transcurso que no merecen contarse. El partido político -perdido como estaba- propone aliarse, sumarse a los independientes.  

Por puro sentido común la respuesta que se les dio fue que NO. Y el triunfo de la plancha independiente sobre la del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) se consumó en uno de los liceos de su estado bastión. Había sido relativamente fácil derrotarlos. Era un partido sin verdadero arraigo. Un minipartido como todos los de hoy.

Manuel Bermúdez Romero
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