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Contextos

Lecturas petroleras

“La tesis del petróleo perverso no es de ninguna manera una creencia popular e inocua yendo y viniendo en conversaciones de pasillo y en frases sin urgencia, es el mayor escándalo de nuestra vida moral, supone una manera de vivir y de concebir lo público que ha sido ejecutada con absoluta precisión en el silencio de la conseja campesina, en la conversación de los mayores desinformados, en el filisteísmo de los alfabetizados, en la pose del cretino que pontifica desde su negocito de especulador, en la frase tosca del representante legislativo que bebe cerveza con sus amigotes, en la sanción del chofer de carro por puesto que apura un café de termo a las dos de la tarde, en fin, en la incuria del profesorcito impresionando a unos vándalos anémicos en el frío salón de clases de la universidad. Ya todo esto es bastante deplorable y en su eficacia, en su capacidad aleccionadora, tan sólo pareciera viable ya reeducar en la expectativa del médico psiquiatra en su casa de alienados. Cuando he visto a una mujer de 20 años -después de de repasar con ella una y otra vez la verdad de lo ocurrido con el estatuto de la mujer venezolana a raíz del proceso petrolero- escribir sin la menor amargura, sin un atisbo de duda, que las venezolanas se hicieron promiscuas y abandonaron a sus hijos por culpa del petróleo, entonces reconozco ya sin pesar alguno el efecto irreversible de la prédica de una infamia”.  

Este texto fue tomado del libro titulado Desagravio del mal, cuyo autor es el sociólogo Miguel Ángel Campos. La obra se halla en venta en las librerías venezolanas.

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