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ASEGURA RAMÓN ARIAS

ASEGURA RAMÓN ARIAS

 

Yo me gané a Pascual Pérez                               

Las generaciones venezolanas de edad avanzada saben quién es Ramón Arias. A las más jóvenes debe informárseles que para muchos aficionados es el más vistoso boxeador profesional que ha tenido el país, y con toda seguridad el más valiente.  

 En esta entrevista inédita con el ex ídolo se resumen rasgos de su temperamento y se ofrece su versión sobre el resultado de un combate que se realizó hace casi medio siglo, y donde el argentino Pascual Pérez, entonces campeón mundial peso mosca, lo derrotó por decisión en 15 asaltos.  

 La pelea entre ambos púgiles tuvo lugar el 19 de abril 1958 en El Nuevo Circo, en Caracas. Sobre el desenlace hubo una prolongada polémica. Fue la primera vez que un venezolano aspiró a una corona mundial de boxeo. Encuentre el lector en las próximas líneas el recuento de esta historia.            

 Comencé en el club La Salina(1), en campo Concordia, viendo entrenar al italiano Jorge Climastone. Él era además músico, fue director del conjunto orquestal Los Capri, en Cabimas -quien lo cuenta es Arias(2) y atiende a una pregunta que premeditadamente se le hizo abierta y general, no con la idea de sacarle las palabras, puesto que tiene maneras directas y es un tipo conversador, sino para que se explaye y dé una respuesta amplia. 

 Y así prosigue: 

 Climastone era un muchacho mayor que nosotros, hijo de italianos, que se quedó comandando el equipo de boxeo del club cuando lo dejó de dirigir un peso medio originario de La Guaira de quien no puedo recordar su nombre, pero que lo apodaban Joe Louis(3). 

 Veía a Jorge Climastone entrenándose y me gustaba lo que hacía, y después que él terminaba de entrenar, yo me iba a mi casa y frente al espejo, en la peinadora de mis hermanas, repetía lo que él hacía.Entonces la cogí porque a papá, en lugar de pedirle una bicicleta o una patineta, le pedía unos guantes de boxeo, y después que los tuve, a todo el carajito que pasaba por allá por frente de la casa en campo Amarillo, yo le decía: “Vai, vamos a ponerte los guantes, y así iba boxeando y fui mejorando”. 

 Después empecé a participar en peleas organizadas en el club La Salina. Allí hice mi primera pelea con Ramón Calatayud. Peleábamos por unas PepsiColas. Al ganador le daban una gavera y al perdedor media, y todas iban a dar a la casa porque Ramón vivía con nosotros en mi casa.  

 Así me fui entrenando y superando hasta que me sentí feliz cuando me eligieron para representar a La Salina en un certamen que organizó el Lago Maracaibo Sport Club. En ese certamen hice mi primera pelea formal(4) contra Melvin Stuart, un muchacho de Maracaibo, hijo de trinitarios. 

 ¿Cómo defines tu estilo de boxeo? 

 Por lo que me enseñó Climastone, mi estilo tenía de europeo. El estilo europeo tiene mucha finta, mucho lujo, es muy vistoso. Ese estilo te lleva a ser un espadachín en el ring. También con Climastone aprendí a tener habilidad con las piernas. 

 Yo me habitué al estilo europeo. Ahora, en verdad, yo me movía entre el estilo europeo y el americano, dependiendo de cómo me saliera el contrario. El boxeo americano es toma y dame en el infight. 

 Mi primera pelea amateur fue también con Ramón Calatayud. Fue en Maracaibo en la inauguración del local del Instituto Nacional de Deportes en la esquina de Bella Vista con Cecilio Acosta, donde se montaban programas todos los lunes. Yo era del equipo Los Aguiluchos(5), del periodista Lucho Moreno. Mi primera pelea profesional también fue en Maracaibo con Nicolás Ascanio, en El Nuevo Circo(6). Fue el 15 de marzo de 1956, y le gané. 

 Había dos aspectos en tu forma de boxear que llamaban la atención, la velocidad del movimiento de piernas y la protección de brazos cruzados. ¿Dónde lo aprendiste? 

 Eso es de nacimiento. Lo llevaba en la sangre, desde muchacho hacía eso, me protegía muy bien con las manos y brazos. No me fijé en nadie, sólo en Climastone. 

Otra figura de tu boxeo que gustaba, era la habilidad para escurrirte de las esquinas cuando te arrinconaban. 

Eso era el producto de mucho ring. Yo entrenaba mucho y me cuidaba sobre el ensogado. 

¿Qué era lo que más te gustaba de tu boxeo? 

No pegarme al contrario, estar a la distancia. Porque el boxeo es dar y que no te den, porque si te vas al toma y dame, gana el más fuerte y no el mejor boxeador. Y yo no era un pegador recio; era un estilista que acababa con cualquier pegador. 

Te entusiasmas cuando hablas del punto. 

¡Así es! Es que yo era un boxeador natural. Yo creo que nací para eso, porque yo adoro y adoré el boxeo. Fue mi novia preferida. 

¿A pesar de los golpes que recibiste? 

Sí. A pesar de todo. Pero no lo supe aprovechar, cometí errores y los errores al final se pagan. 

No obstante tu parecer de que procurabas guardar la distancia, aseguran los entendidos que arriesgabas mucho. 

Sí, sí, es verdad. Tanto así que peleé hasta con un peso gallo como Eder Jofre(7). 

La gente comentó por mucho tiempo que fue una maldad de Rafito Cedeño ponerte a pelear con Jofre, con “El Gallo de Oro”. 

Eso no es verdad. Rafito no tuvo nada que ver con eso. Rafito me ofrecía y yo le decía: "enseñáme una película de él. Bueno, ponele lugar, ¿cuánto hay?, tanto; pero Rafito nunca me obligó a pelear con nadie".   

Lo que pasa es que la gente habla mucho, inventa a partir de algo que le dicen o que supone. Mi apoderado era el doctor Mario Barrios Delgado, mi representante y mi empresario era Rafito, pero nunca ni Rafito ni Mario Barrios me obligaron a pelear con nadie.           

¿Por qué si eras un peso mosca natural subiste al ring contra Jofre teniendo que aumentar de peso?           

"Porque enfrentaba un problema económico y necesitaba una plata y me dije, ’la pelea es peleando, vamos a escogerla’. Era un campeón del mundo, era gallo, pero yo creo mucho también en las aberraciones y quién quitaba que podía haber allí una aberración y yo ganaba el campeonato. Por esa pelea me dieron 40 mil bolívares". 

¿Tuviste alguna vez miedo de subir al ensogado? 

Noo. El miedo no lo conocí en el boxeo. Yo respetaba a los hombres, pero no les tenía miedo. Le hubiera tenido miedo a un contrario que me hubiera salido con cuatro manos. ¡Verga, qué va! Ese es un fenómeno... Pero miedo no le tenía a un hombre con dos manos y dos de aquéllas como yo. 

Aseguran que no oías consejos. 

¡Qué consejos iba oír! No oía los consejos de mi mamá, qué podía escuchar consejos de otro. 

¿Qué consejos te daban? 

Me decían que me cuidara, que no tomara, que no mujereara. Y la debilidad mía siempre han sido las mujeres. Siempre anduve entre el boxeo y las mujeres(8). 

Sin intención de hacerlas responsables, las mujeres fueron las causantes de mi fracaso como boxeador, porque mujeres y deportes tienen que dosificarse para ser compatibles. 

Arias, enamorado y con el bolsillo lleno, llegó al regocijo personal hecho público y al placer de llevarle serenatas a alguna de sus novias haciéndose acompañar por el Trío Venezuela. ¿Recuerdan al Trío Venezuela…?                                                

Oh magia blanca                                               

magia blanca tienes tú                                               

me haces llorar                                                

con tu castigar… 

Pero no fuiste del todo un fracaso. Llegaste a pelear por más de un campeonato mundial. 

Bueno, llegué, pero no los gané. Si yo no cometo errores Pascual Pérez(9) no me gana a mí, aunque yo no me vi perdedor con él. 

El golpe que te dio Pérez, el que te abrió la herida en la ceja, eso fue... 

Eso fue -se apresura a responder- un codazo o un cabezazo que me dio con mucho estilo, porque no se le notó y, cuando me vi, estaba partido. 

Ahora..., Pascual Pérez fue un gran campeón. No creo que haya habido otra vez en el mundo un campeón como él en ese peso. Fue durante 10 años campeón del mundo y en aquella época buena. 

Cómo te sentiste en la pelea ¿fue Pérez un púgil duro, fuerte, mejor boxeador, era europeo su estilo, qué fue lo que más te impresionó? 

El tipo tenía estilo europeo y americano. Era un boxeador muy completo, era admirable. Por eso creo que era un campeón nato. 

Sin embargo, ¿todavía crees que le hubieras ganado? 

No que le hubiera ganado, yo creo que me lo gané. 

Es decir, que la decisión no fue justa. ¿Debió ser tablas si el reglamento lo hubiera permitido? 

No creo que fue justa, y si hubieran dado tablas tampoco hubiera sido justa, porque todavía así perdía yo, y no me sentí perdedor. Hubo decisiones como la del juez venezolano Luis J. Rodríguez, quien tiró ganador a Pascual y declaró que tenía mejor boxeo. Una cosa totalmente injusta, porque el mejor boxeo lo tuve yo. 

Pero haces esta afirmación a pesar de aquel terrible rostro tuyo ensangrentado. Yo era un niño cuando vi la pelea por televisión. Recuerdo en la pantalla sin colores, casi la mitad de tu cara manchada de negro. Eso fue un baño de sangre. Y sabes bien que esa es una imagen que causa una gran impresión desfavorable al público y, por supuesto, a los jueces. 

No creo en eso. A pesar de la incomodidad que siente uno con ese poco de sangre, porque se pierde mucho tiempo quitándose y quitándose la sangre -sobre todo con la mano izquierda que era con la que yo trabajaba mejor-, tenía allí siempre mi jab, mi gancho de izquierda y mi hook sobre Pascual. 

¿Es verdad que lloraste sobre el ring la derrota? 

¡Claro! Sobre el ring y después del ring en mi casa, porque -te digo- no me sentí perdedor. Siempre me sentí ganador. Pensé en retirarme del boxeo, pero no porque me sintiera derrotado, sino porque me sentí herido con la decisión. 

El desconsuelo por la derrota fue tal que Arias entró en una depresión severa que obligó a llevárselo de paseo por varios sitios en los Estados Unidos para que aliviara la sensación de fracaso que lo acosaba. 

¿Qué harías si tuvieras la oportunidad de regresar las páginas del almanaque?           

No te sé decir qué haría, porque es muy difícil. Mi pensamiento es muy profundo. No te sé decir qué haría. 

¿Estás arrepentido?                       

No. No me arrepiento. Si vuelvo a nacer, quizá vuelva a hacer lo mismo. Cometí errores y los estoy pagando, pero he vivido mi vida feliz. Soy feliz. Tengo una mujer que me aprecia, tengo unos hijos que me adoran. Bueno, para qué le voy a pedir más a la vida.   

El sábado 19 de abril de 1958 ocurrió el combate entre Ramón Arias y el argentino Pascual Pérez, sobre el cual el periodista conversó brevemente hace unos cuantos años y en dos oportunidades con el venezolano. Una vez fue en el depósito de materiales del Concejo Municipal del entonces Distrito Maracaibo, y en la segunda oportunidad hicimos una cita que se desarrolló sentados nosotros en el porche de su modesta casa ubicada en el barrio Monte Claro, al norte de la ciudad. Era entonces una vivienda de bloques desnudos por los costados, pero frisados y pintados de azul celeste en la fachada. 

El escenario de la pelea fue el Nuevo Circo, en Caracas, repleto de público que dejó en taquilla más de medio millón de bolívares, un récord para la época. Durante los días previos, avisos en la prensa del Zulia invitaban por sólo 400 bolívares para viajar al encuentro en avión Super Constellations de la Línea Aeropostal Venezolana que hacía la ruta Maracaibo-Maiquetía-Maracaibo. La oferta incluía por el mismo precio una entrada a ringside, espacio donde estuvo presenciando este combate el almirante Wolfgang Larrazabal, presidente de la junta de gobierno que se eligió a la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez. Fue la primera vez que por un título mundial se efectuó una lid en Venezuela y al mismo tiempo el primer evento televisado en directo para toda la nación, un logró técnico que el canal 2 recuerda en el libro La televisión de Venezuela. Los 40 años de Radio Caracas Televisión, editado en 1993. 

El encuentro lo ganó a los puntos en 15 asaltos, Pascual Pérez. El memorioso periodista Oscar Yánez recuerda en uno de sus libros que en el cuarto asalto un cabezazo no intencional del argentino, le produjo una extensa herida en la ceja izquierda a Ramoncito -como entonces cariñosamente se le llamaba- y, sin embargo, sangrando, peleó a lo macho los 11 rounds restantes. La herida y el cansancio, al final, no dejaron que Arias le arrebatase el título al argentino. 

Esa noche de abril el país se recogió en el hogar para ver el combate de uno de sus más populares ídolos(10). Fue una noche súper emocionante que al poco se tornó de las más angustiosas que hayan vivido los venezolanos.  

Fue por la intensa pena de ver al idolatrado Ramoncito Arias manando energía por una herida abierta que le anegaba la cara. Fue como si un toro de lidia lo hubiese engarzado en la cara con un cuerno, y la lona se hizo redondel, sangre y arena, dolor y frustración colectiva.    

Brutal es el boxeo. Es un salvajismo. Pero por algún atavismo -la lucha entre hombres a los puños como competición y espectáculo viene desde Grecia- se juega a ser boxeador a través de dos que reciben los puños y padecen la práctica. Se monta en el ring a un ser humano a favor del que incluso se puede apostar bajo cuerda dinero en Venezuela y en otros países, y se juega en contra de un oponente cuyo resguardo poco le importa a la mayor parte del público asistente y del patio.  

En el acto bulle en los fanáticos un instinto bestial. ¡Dale duro, coño!; ¡Métele el gancho! ¡Remátalo nojoda! Puede gritar cada quien por su lado cuando el de la casa lleva la ventaja o riposta con bríos. Se vuelca en el púgil favorito una acumulada frustración que se manifiesta en respiración acelerada y crispación de los puños que en la vida se hubiera propinado por doquier de haber carecido de socialización y de madre que enseñe a sus hijos a moderar primarios impulsos agresivos. 

Frente al ensogado, y mientras otro combate por nosotros, se descarga en persona o a través de la transmisión en pantalla de TV el cúmulo de adrenalina. La misma que al troglodita de las cavernas le daba energías para huir corriendo o enfrentarse al peligro del amenazador león. La fiera felina no existe hoy y quizá su inexistencia lleva a los espectadores a veladas de pugilismo para desaguar tensiones que sin alivio les colman la humanidad. 

Fajador porque no rehuía a la lucha y le concedió ángel boxístico, Arias fue ideal instrumento para ese trance de animales del monte, y exhibe hoy en la chatura de su rostro de papa que ha sido amoldada por las trompadas que recibió y en la rolliza obesidad que lo asfixia, el mapa magullado de su tortuosa historia de vida. 

Sobrio, resulta ser un hombre de imprescindibles modales sociales que otros mucho más educados han olvidado y que son infrecuentes en un púgil. Por el placer con el que habla de sus hijos, parece tener muy buenos sentimientos por su familia. 

En la segunda oportunidad (bastante tiempo después de la primera) en que bien temprano una mañana conversamos, desaliñado y con los ojos legañosos como consecuencia de la precariedad de su existir, se nos presenta amistoso, sereno, dispuesto gentilmente a conversar con el desconocido que lo entrevista. Cogió confianza rápido y habló con un entusiasmo que lució inusitado a tantos años de su gloria fugaz y perdida. Exhibió un aire alegre, pero fue también quizá que lo animó enterarse de que todavía había alguien interesado en saber de él. Muy pocos ahora lo toman en cuenta. 

No obstante su voz gangosa debido a la severa desviación y aplastamiento del tabique nasal que deben hacerle padecer crónicas dificultades respiratorias y lo afean, tiene Arias el don de la palabra fácil. Es conversador y está listo a responder sin rodeos lo que se le pregunte. Echa chistes y tiene chispa para contar anécdotas. No ha dejado de tomarse unos tragos y es feliz a su manera. 

Pero… ¿quién ganó la pelea? -apura el lector por una respuesta. 

Si se pudiera ver una película de la pelea round por round no quedaría duda a favor o en contra de parte de sus admiradores que han estado por todos estos años -casi 50- convencidos de que él triunfó, pues ahora observarían el encuentro sin el apasionamiento de aquella noche. Por el deslucimiento a que da lugar y por la pérdida de fuelle -capacidad respiratoria- que provoca un sangramiento, es de antemano cuesta arriba pensar que Arias salió victorioso después de combatir 11 asaltos destilando fuerza a ratos copiosamente por la herida que le produjo el cabezazo de Pérez. 

Mas él morirá creyendo que se le quitó el triunfo. Es una compensación entendible, sobre todo después de la incomprensión de sus críticos que al principio lo amaron tanto, y también porque fue del mismo modo Arias quien mejor pudo apreciar la desenvoltura del excelente contrario. No fue sino él quien estuvo con Pérez arriba en el entarimado buscando espacio contra las cuerdas, haciendo la distancia, dando y recibiendo; fue él quien mejor calibró al contrincante… quien sufrió el calvario en el intento por brindarnos morbosa satisfacción a nosotros los espectadores.  

Esa derrota oficial ha sido su frustración de toda la vida. No hay que ser psicoanalista para percibirlo. El énfasis que hace cuando habla de su triunfo hipotético lo deja ver a las claras.  

Con frecuencia ha de haber soñado que salió vencedor y en hombros de sus compatriotas, como ocurrió varias veces al concluir sus combates. Y para la tranquilidad de su espíritu ha sido conveniente que siempre se haya considerado honestamente el ganador.  

Manuel Bermúdez Romero    

REFERENCIAS 

1. El club se denomina exactamente Centro Social y Deportivo La Salina y originalmente se le llamó La Salina Social and Sport Club. Cuando se le fundó estuvo ubicado en parte de los terrenos donde siempre estuvo el área industrial de Creole, después propiedad de su sucesora Lagoven y hoy de PDVSA. Posteriormente, en tiempos de Creole, al club se le trasladó a su sede actual en campo Concordia. 

2. Ramón Arias nació el 17 de febrero de 1936 en Cabimas, en la urbanización Federación de Creole, en el sector La Salina. La urbanización donde nació es popularmente conocida como campo Amarillo. Lo bautizaron Ramón Segundo porque su papá llevaba el mismo primer nombre. Por esos días el padre de Arias prestaba servicios con el Grupo de Mecánica, en Creole, en el área de trabajo que se denominaba Lote 66, situado en punta Hicotea. El boxeador inició su primaria en la escuela Concordia, de Creole, nombrada después Pedro Julio Maninat y hoy administrada por Petróleos de Venezuela.  

3. Joe Louis (1914-1981) fue un boxeador norteamericano peso pesado -miembro del Hall de la Fama del Boxeo- a quien siempre se le recuerda porque fue un extraordinario campeón mundial de la categoría, como lo evidencia el hecho de que profesionalmente dejó marca de 68 victorias y 3 derrotas. De todos sus triunfos, 54 fueron por nocaut y 14 por decisión. 

4. Esa primera pelea formal en categoría infantil ocurrió en 1949. Arias tenía 13 años, pesaba 28 kilos y estudiaba cuarto grado de educación primaria. La refriega quedó tablas. Melvin Stuart, muchos años después convertido en entrenador deportivo de Pequiven, en el Complejo Petroquímico Zulia de El Tablazo, fue su contrincante. Stuart subió al ring a escondidas de su mamá, y para que no se diera cuenta, puesto que las peleas eran transmitidas por radio, se inventó el remoquete de "Baby Cristal".  Según el mismo Stuart precisó a este redactor en una conversa, el combate finalmente lo perdió porque al llegar a su casa su mamá le dio una tunda, pues se había enterado. Más nunca en su vida Stuart se montó en un cuadrilátero. 

5. Del equipo del Lago La Salina Club, Arias pasó a las filas de Aguiluchos Boxing Club recomendado al periodista y esgrimista Luis "Lucho" Moreno por Marco Torcuato Mileo Marrero, para aquel tiempo director de deportes de Creole en occidente. Justo es referir para que se conserve la historia menor del deportismo y el petróleo en Venezuela, que Mileo era hijo de inmigrantes italianos y nacido en San Casimiro, estado Aragua. 

6. También denominado El Nuevo Circo, en Maracaibo hubo un chiquirritico coso boxístico bastante activo en una época. Estaba ubicado en Las Veritas, detrás del Hospital del Niños. 

7. En 1961 Arias fue noqueado por el brasileño Eder Jofre en el séptimo asalto de una pelea que se realizó por el título mundial gallo. 

8. Ramón Arias tiene cuatro matrimonios y 15 hijos. 

9. El zuliano fue contra Pascual Pérez por el título mundial peso mosca, después de haber realizado 14 combates profesionales. Estos fueron contra Nicolás Ascanio (dos veces), "Motilón" Jiménez, Ramón Calatayud (cuatro veces), Ray Tavio, Jhoncito Rodríguez, Oscar Suárez, Germán Pardo, Arístides Pozzali, Dommy Ursua y Memo Diez. Arias aclaró que se enfrentó en cuatro oportunidades a Calatayud porque no se empleaba a fondo contra él y por ello los resultados siempre fueron muy parejos. La razón obedece a que son hermanos de crianza, y le daba sentimiento golpearlo. Hay otra versión que señala que solamente fueron nueve el número de encuentros que efectuó antes de enfrentarse a Pérez, quien fue, por cierto, ganador de medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1948. 

10. El veterano periodista deportivo Jesús Cova aseguró en la reciente edición digital aniversaria del diario El Universal, que Arias “ha sido y es el más idolatrado boxeador en la historia del boxeo venezolano. 

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3 comentarios

Manuel Bermudez Romero -

Es una historia real y dolorosa de un deportista que en países más atentos al desarrollo social de su población, probablemente hubiera tenido un mejor curso y final.

Sobre el resultado del combate, sinceramente creo que no era posible que ganase la pelea por la pérdida de energía y condiciones que significó estar manando sangre por esa herida del cuarto al decimoquinto asalto. La hemorragia nunca la contuvieron completamente, según entiendo.
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GALO -

ME PARECIO UNA HISTORIA MUY BONITA ESA DE RAMONCITO ARIAS, RECUERDO LA CANCION "RAMONCITO, RAMONCITO" TIENE MUCHA FLUIDEZ VERBAL. RAMONCITO EN EL COMBATE CON PASCUAL, SUFRIO UNA HERIDA EN 4º RAUND, PRODUCTO DE UN CABEZAZO, CREO QUE LOS JUECES FUERON MAS PAPISTAS QUE EL MISMO PAPA. DEBIERON ALZARLE EL BRAZO AL DE CASA. BUENO EN ESA EPOCA AL CAMPEON HABIA QUE GANARLE NITIDAMENTE Y ESO FUE LO QUE LE FALTO AL VALIENTE RAMONCITO. LOGICO QUE DESDE EL CUARTO YA IBA EN DESVENTAJA, POR LA HERIDA. YO LO VI BIEN. PERO YA ESO ES HISTORIA. HABRIA QUE VER LA PELEA CON CABEZA FRIA Y ANALIZAR RAUND POR RAUND.

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