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Contextos

Subliminal

Esta palabra, ahora de uso extendido, habitualmente se mal emplea, pues presuntamente un mensaje subliminal sólo puede crearse a través de imágenes en movimiento, o lo que es lo mismo, por medio de cintas de cine o de video proyectadas a los espectadores a velocidad de más de mil fotogramas por minuto.       

 Sin embargo, es frecuente por estos días oír decir a muchos expositores que en el texto o en el discurso tal o cual que leyó o escuchó, había un mensaje subliminal. La pregunta que cabe hacerse es ¿cómo puede haber un mensaje subliminal en un texto o en las palabras de un disertador?                                                

 Vayamos rápidamente al concepto del término para que se comprenda el punto. La palabra subliminal, para empezar, no es castiza, proviene del idioma inglés y  se origina en una teoría publicitaria que surgió al final de los años 50 del siglo pasado y en boga por los años 70, que sostuvo que los consumidores podían ser inducidos a la compra de productos o servicios después de ver imágenes subyacentes o mensajes imperceptibles -incrustados es la palabra que utilizan los teóricos- en una programación de TV o secciones de una película pasadas a mucha velocidad.                

La teoría plantea que los mensajes vistos por debajo del umbral de la conciencia perceptiva debido a la velocidad de su transmisión, se graban en el subconsciente, pudiendo así dar lugar a conductas impensadas promovidas por éstos, como por ejemplo, el consumo de una gaseosa o refresco.                                                         

Pero las investigaciones no hallaron elementos de sustento para demostrar la teoría y concluyeron en lo que por sentido común se sabe: las personas no responden a mensajes que no logran percibir. No obstante, como medida preventiva que derivó de esa teoría, las organizaciones publicitarias han acordado que no es ética la inserción de mensajes que contengan segundas intenciones en películas o programación de televisión.                                                                                  

La conclusión establece que no se ha podido demostrar que los mensajes subliminales -por debajo del umbral de la conciencia- existan o se puedan crear, mucho menos si se pretende encontrarlos en textos o en las palabras de un orador.                                                                                                           

De modo que no se haga como el loro. No recurra al uso y repetición de la palabra “subliminal” como sinónimo de subterfugio, triquiñuela, trampa o pretexto, entre otras, pues no se estaría usted expresando correctamente. 

Manuel Bermúdez Romero

Nota: Los conceptos para redactar este artículo se tomaron del libro Dictionary of Mass Communication & Media Research, de David Demers, edición de 2005.

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