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TAMARE

TAMARE

                                    El Nuevo Mundo

                                                                                 

            Cuando en 1969 llegué a Valencia para estudiar en la Universidad de Carabobo y los compañeros de residencia me preguntaban qué era Tamare, les respondía lacónicamente: una urbanización que está cerca de Ciudad Ojeda.

         Creo que algunos de ellos tampoco sabían dónde quedaba Ciudad Ojeda, y lo comprendía, pues el nombre de Ojeda no está inscrito en nuestra historia libertaria, como si lo están, a diferencia, San Felipe, Tinaquillo y Barinitas. Pero debía haber alguna razón por la cual, con alguna insistencia, me preguntaban por Tamare. Presumo que algún tono enfático había en mis palabras o que la gestualidad delataba mi entusiasta querencia por aquel lugar.

         Nunca entraba en detalles porque, aunque no había marcados espacios de clase social entre los compañeros de residencia, quería evitar ser presuntuoso con lo que expresase o, igualmente, porque suponía que abordaría recuerdos, experiencias, memorias que interesan sólo a uno mismo, pues contienen acontecimientos poseedores de trascendencia para quien los experimenta, pudiendo ser a la vista de otros una soberana banalidad.

         Esa es pues, la premisa que establezco para redactar estas líneas sobre Tamare.

         Más que una urbanización, la más organizada que yo haya conocido en Venezuela, incluidas en la comparación Lomas del Este y El Trigal, donde residí en Valencia entre los años 1969-70, Tamare fue, con toda seguridad, como experiencia de vida para muchos de los que allí se radicaron promediando los años 55-60, un modelo, un paradigma habitacional y de vida comunitaria.

         Una manera clara de definir a Tamare, a pesar de la connotación separatista que la palabra conlleva, se logra describiéndola como un campamento petrolero "staff", dotado de orden, aseo y ornato, y que disponía de moderno ambiente arquitectónico y tenía las puertas abiertas de par en par a la comunidad de la Costa Oriental del Lago y al deseo de construcción de techo propio que los trabajadores, empleados petroleros o no, pudiesen tener.

         Aclaro con antelación que no estoy haciendo ninguna alusión al lujo. Las viviendas de Tamare son casi todas modestas casas de propietarios mayoritariamente de clase media, donde sin barandas se reúnen sectores profesionales, oficinistas y obreros.

         Y es absolutamente cierto, sin barandas, pero si hemos de escribir con la verdad como estandarte, hay que decir también que dentro de alguna distancia espacial residían sus habitantes, según la condición laboral de cada propietario, aunque no separados y, más bien, bastante bien integrados física y humanamente.

         Esta precisión me permite, para responder a los fanatizados críticos del campamento, que yo mismo me pregunte:

         ¿Acaso en nuestras zonas urbanas se vive distinto? ¿Y es qué en las ciudades y poblaciones grandes del país no están los habitantes mucho más desasistidos y menos integrados, porque quienes no poseen los recursos económicos, aparte de permanecer requetealejados y marginados, se encuentran en condiciones infinitamente peores en lamentables ghetos de miseria? Y es aun así en ciudades planificadas como es el caso de Puerto Ordaz, con San Félix a su vera.

         Pero, cuál es la significación de las ideas que acabo de exponer. ¿Cuál es la maravilla de Tamare?

         Lo trascendente de esa urbanización consiste en que permitió un hecho social de integración del hombre con un entorno posible. Con un ambiente que lo acoge y lo recrea, que le da expansión de sólo recorrerlo, que muestra que la vida ordenada y armónica es posible y además influye profundamente en el comportamiento de quienes están insertos en ella, pues el entorno enseña, educa, mimetiza, se te mete por los poros y te muestra una parcela de la Venezuela posible que tanto se aspira y se sueña.

         Cuáles son los aspectos concretos de ese ambiente. Son pues, un lugar urbano organizado; sectores residenciales definidos, avenidas y calles limpias, amplias, alumbradas e identificadas con esmero;  dotado de aceras, de excelente drenaje, seguridad, arborización, jardinería ornamental, campos deportivos, parques infantiles, escuela bien construida y mejor constituida, agua, luz y aseo eficientes -por lo menos por los años 60 y principio de los 70-; liceo, centro comercial, iglesia, distancias adecuadas, espacios suficientes, vale decir: clara concepción de la importancia de las dimensiones del límite físico para la expansión y básica libertad del andar, recorrer y ver que el ser humano necesita para saberse y sentirse a gusto.

         En contraste está la fealdad pasada y presente impuesta a la Costa Oriental del Lago: tierreros, polvo, charcas, lodazales, desarmonía, solares abandonados, descuido, sucio, porquería, basureros, callejas, casuchas, desorden, indisciplina urbanística e industrial, desdén, ruina y ahora, como nuevo signo de deterioro social: buhoneros. Seguramente de ese trastornado ambiente proveníamos en alguna medida los habitantes de Tamare.

         Por ello la mención que hicimos de esa urbanización como modelo, como paradigma habitacional. Los paradigmas, como lo explica Stephen R. Covey en el libro Los 7 Hábitos de la Gente Eficaz,  "son poderosos porque crean los cristales o las lentes, a través de los cuales vemos al mundo. El poder de un cambio de paradigma es el poder esencial de un cambio considerable"1.

         Tamare es una urbanización ubicada al norte de Ciudad Ojeda y al sur del campo residencial Tía Juana, en el estado Zulia, que fue construida por Creole Petroleum Corporation entre los años 1955-56. Allí a los diez años de edad encontré solaz porque el ambiente social y urbano provocó que en mi casa me dieran plena libertad. Tuve allí mi primer perro, mío de verdad. Un boxer de pelambre castaña y rasgos blancos que siendo cachorro nos lo obsequió una gentil dama cubana, vecina nuestra, en la calle 18 en el sector Rafael Urdaneta. Un perro al que mi hermana Mayela Milagros y yo pusimos "Rusti", en recuerdo del chiquillo televisivo que le ordenaba gestiones heroicas a su pastor alemán, gritándole ¡ahora, Ríntin! Alerta a la protección de sus pequeños dueños, Rusti -se pronuncia Rosti- nos acompañaba entusiasta y retozón a donde lo lleváramos.

En Tamare, durante cuatro años y todos los días escolares del mundo, caminando a través de aceras y senderos aseados, seguros y embellecidos vegetalmente, fui hasta mi colegio, regentado por jesuitas, donde tuve la fortuna de compartir con muchachos provenientes de todos los orígenes sociales, hecho que por su carácter diverso me dejó conocer con anticipación la vida tal cual es en sus realidades más duras y risueñas. Allí, en Tamare, me enseñaron con ahínco a jugar béisbol y voleibol y me metieron por las venas el gusanillo del deporte. Y encontré, para felicidad mayor, en la misma calle de mi casa a la primera novia que amé y en su ámbito a los mejores y más sinceros amigos que he tenido. En esa urbanización entendí lo que era la estética, porque estando en el ambiente me consustancié con el concepto.

         Personalizo tan íntimamente la experiencia -recurso para el cual el género crónica me otorga licencia- porque me permite proporcionar una imagen vívida de Tamare y que el lector la palpe, que pueda captar la sensación de libertad que allí obtuvimos. También lo hago para transmitir del modo más fiel posible la suerte de ventajas que disfrutamos a plenitud los que allí residimos, nutriéndonos de fortaleza social la mochila para proseguir por la vida, para marchar con seguridad hacia el porvenir. Esa vivencia nos dio distancia y perspectiva, claro sentido de lo que es cómodo, grato, bueno y hermoso en contraste con lo detestable, dispensándonos de ese modo el mismo provecho que otros pretenciosamente dicen hallar durante estadas en el exterior.

         Naturalmente, cada quien se habrá beneficiado muy individualmente y a su manera, pero creo que por entonces todos sorbimos una muy buena experiencia urbana que tuvo raíz en Tamare, sobre la misma tierra...

         Tal característica conforma el mérito que se le reconoce como humano y moderno  alojamiento residencial, y así también a quienes concibieron la construcción de esa urbanización. Grande mérito en un ambiente tan inhóspito como el de la Costa Oriental del Lago.

         Valga contar que teniendo en mi razonamiento de redactor todas estas explicaciones, pero todavía dudando de la trascendencia del contenido de esta crónica, una indagación adicional que realicé trajo la claridad a mi encuentro cuando leí un texto que me permitió gratamente comprobar que todos estos pensamientos y afecto por Tamare no son una evocativa fantasía mía, pues haciendo referencia a esa urbanización, dicho texto afirma que:

         "El concepto de ciudad abierta había nacido, tenía su definición. Se había pasado del ’anclar’ propio del campo petrolero, al ’vivir’ de la ciudad moderna y al ’co hacer’ de la comunidad abierta. Se reconocía así que las condiciones que hicieron obligante el campo habían evolucionado hasta convertir en imperativo el ideal de integración a la comunidad. Era una forma de establecer lo que luego sería un predicamento general: el desarrollo petrolero sirve al desarrollo del país, sin superponerse a él, ni serle independiente"2.

         La certeza del concepto anterior queda evidenciada en la actualidad por la selección que se ha hecho de la urbanización Tamare como estructura a partir de la cual se organizará el Plan Rector de Desarrollo Urbano de Ciudad Ojeda.

         Tamare, de acuerdo con un estudio de urbanismo efectuado por la Universidad Simón Bolívar en fecha relativamente reciente, todavía hoy continúa siendo una comunidad modelo y constituye una opción válida, bajo condiciones de ciudad, para solucionar a corto y mediano plazo las dificultades de alojamiento para el personal de la industria petrolera y terceros, sobre terrenos donde ya existe un excelente conjunto de instalaciones indispensables y habita un numeroso conglomerado.

         Son así entonces perfectamente congruentes mis mejores sentimientos por Tamare, con los conceptos y argumentos técnicos de urbanismo que la han convertido en la estructura matriz que servirá al desarrollo comunitario de la Costa Oriental del Lago. La mía es una visión objetiva no obstante su emotividad, mientras que la de los arquitectos e ingenieros es un cuerpo de concretas conclusiones profesionales y de proyectos para una futura expansión.

         Lo cierto es que al margen de elogiosos conceptos de ingeniería civil y arquitectónica que se puedan exponer, Tamare fue humanamente para nosotros un Nuevo Mundo, pero sé que hubiese sido una insoportable pedantería explicarles a mis amigos y amigas de la residencia estudiantil valenciana, las razones por las cuales yo así lo consideraba.

Y sé que si alguno de ellos leyere este texto, comprenderá sin sentirse ofendido la razón de mi sonrisa expansiva cuando hacía alguna referencia sobre Tamare.

Solo aspiro que ellos y los lectores gusten de esta descripción querenciosa escrita a modo de crónica de un pasaje de la modernidad urbanística y arquitectónica de Venezuela, así como de esta evocación memoriosa de un lugar donde sí se vivía y fuimos muy felices los sortarios que lo habitamos y compartimos.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

 

REFERENCIAS

 

1. Los 7 Hábitos de la Gente Eficaz. La revolución ética en la vida cotidiana y en la empresa, Stephen R. Covey. Ediciones Paidós. Barcelona, España, 1993.

 

2. Las comunidades petroleras, Rafael Valery. Cuadernos Lagoven. Caracas, 1980.

 

LEYENDA

 

Los muchachos de la gráfica son estudiantes del sexto grado del Instituto Educativo Tamare, de Creole, en 1961. Están de izquierda a derecha y sobre el puente: Héctor del Moral -mirando hacia atrás-, Manuel Bermúdez Romero, Esmelin Enrique Acosta, Jesús Suárez, Oscar Ágreda -el que tiene una aparente iguana entre sus manos-, Juan Ramón Rojas, Arnaldo Figueroa, Nerio Parra, Julien O’Donnell, Salazar, Carrillo. Siguen en una segunda hilera sobre el puente: Henry Pirela, Eddy Suárez, Oberto, guindando del puente Romer Urdaneta, y luego Amilcar Figueroa, Wilmer Rojas y Millán.

 

En la parte baja del puente y por fuera de la acequia aparecen Leandro Machado, Mendoza, Facundo, Jesús “Chuito” Marín, Arévalo, Engo Royett. Más abajo y dentro del canal se aprecian Aquiles Espina, Ricky Casas, Armando Vásquez, Alberto Hernández y Roberto Gilarranz. Hay otro alumno, fuera de la zanja, de quien no se recuerda ni nombre ni apellido. Zambrano es el apellido de  quien apenas se le ve la frente. En la foto falta Noé Machado.

 

Si alguien recuerda los apellidos y nombres que faltan, se le agradece hacerlo saber por medio de esta bitácora o través de un mensaje dirigido a bermudez.ro@gmail.com.

 

Nota: Este reportaje se publicó por primera vez en la revista Nosotros, de Lagoven, edición julio-agosto de 1995, cuyo contenido se dedicó a los veinte años de la creación de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)

 

 

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17 comentarios

Manuel Bermúdez Romer -

Señora Marlene Figueroa:

Conocí al señor Juan Trompiz y a su señora. Vivían en la misma calle donde nosotros teníamos nuestra casa. Es decir, un costado de nuestra casa daba a la 19. Me recuerdo bien de la familia Trompiz.

En verdad no sé cómo ayudarla. Pienso que la información sobre Tamare -de todo tipo- debe estar en manos de PDVSA, Tía Juana. Pero ya sabemos cual es la situación de esa empresa.

Le aclaro que el proyecto fue concluido, pero se llevó a un ritmo más lento que el calculado por Creole. Quiero decir, la urbanización se levantó con capacidad para la expansión que se esperaba y eso quedó listo. De hecho hubo la ampliación relativamente reciente que se dio en el sector Carabobo y algunas casas adicionales en el este de Urdaneta, y la urbanización tuvo capacidad para albergar ese incremento de actividad y densidad poblacional.

Lo que allí ha ocurrido es que al dejar la urbanización de ser mantenida y cuidada por Creole-Lagoven, la muncipalidad, como es habitual, no hizo aprecio de aquello. Por supuesto, Tamare está en el piso. Igualmente, no observo mayor interés de sus residentes. Y es increíble, pues sus propiedades están perdiendo valor.

Como usted sabe, Tamare iba ser el centro irradiador del desarrollo urbano de Ciudad Ojeda. Resulta que Ciudad Ojeda le ha impuesto su desorganización. Y discutir el tema es tiempo perdido, pues las autoridades siempre tendrán una excusa.

Voy a tratar de averiguar dónde pudiera usted conseguir información completa sobre Tamare. Si la encuentro se la comunico a la brevedad. A ese fin quiero que me precise a qué se refiere cuando habla de estación de bombeo Tamare 1. ¿Estación de bombeo de aguas, quiere usted decir y relacionada con el tanque?

Cordiales saludos y le deseo que tenga usted respaldo en la labor que se propone.

Manuel Bermúdez Romero

Marlene Figueroa -

Buenas noches Señor Manuel, me es grato leer la reseña histórica de Tamare, y, los comentarios de aquellos que tuvieron la dicha de vivir en Urbanización en sus inicios, mi familia adquirió una de las casas de Urdaneta en aquellos años. Soy familia de Juan Trompiz y Gladys Trompiz Futhr, ellos vivían en la 19 casa 11, actualmente yo vivo en Tamare. Es verdad, tristemente ya no es lo que ustedes vieron y vivieron, para poder levantar a Tamare se decidió conformar los consejos comunales, ya que la municipalidad ha sido afectada por todos estos eventos que han marcado la vida de los residentes.
Soy vocera suplente de infraestructura y estoy diseñando o levantando el proyecto de optimización de la estación de bombeo Tamare 1, si alguien tiene fotos de la estación o de Tamare en esa época, les pido por favor su colaboración de enviarme algunas para anexarlas al proyecto, cualquier sugerencia, estoy dispuesta a recibirlas.
He oído que el proyecto de Tamare no concluyo en su totalidad, si tienen conocimiento de alguien que tenga escritos de ese proyecto, me será un grato placer de impulsar y darle continuidad.

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For the water of life's fountain spring from a gloom bed

Manuel Bermudez Romero -

Estimado Pastor:

Lo que más me gusta de tu comentario es el final. Me contenta que tus hijos puedan saber y "ver" a través de estos reportajes de dónde vienen sus padres. Creo que descubrir lo que hemos perdido en lugar de frustrarnos debe reimpulsarnos, sino a nosotros, sí a nuestros muchachos.

Lamentablemente lo que dices de la falta de voluntad social y política es verdad. Lo he sentido así a la distancia. Incluso me ha parecido que sus propios habitantes, dolientes directos, no toman el testigo. Pero es un parecer que puede ser injusto. Habría que estar en el sitio para saberlo.

A ustedes los recuerdo a todos siempre. A tu mamá apenas la llegue a ver, pero a tu papá siempre lo tengo en mi memoria como a un señor de buen humor, respetuoso y de buenas maneras dentro de su estilo cordial y alegre. Por eso por allí en alguna parte me refiero a su señorío. Lo escribo fuera de contexto expresamente para que tus hijos lo vean sin rebuscar mucho.

Lamentablemente yo no creo que pueda ir a Tamare por esos días del reencuentro, pues tengo un cálculo que deben extraerme en los próximos días y seguramente tengo que guardar reposo. De todas formas si me siento en forma haría el intento.

Cordiales saludos para Albita tus hijos y todos tus hermanos, especialmente para Tahide (me engalleto escribiéndolo) que ha sido siempre una buena amiga.

Un abrazo para todos.

Pastor Salazar Rondon -

Manuel un abrazo fraterno. Vi el comentario que haces y realmente siento que no hay voluntad social ni politica para reahcer Tamare. Eso me produce una gran tristeza y maxime cuando digo que Tamare fue no solo una escuela que nos enseno todo lo que un joven debe saber sino tambien fue una escuelqa de vida. Mi papa trabajador petrolero(obrero) tuvo la oportunidad de tener acceso a una vivienda alli, de hecho fuimos la tercera familia que se mudo a esa urbanizacion en el Sector Andres Bello, pero con esa condicion no nos falto nada. Voy a ver bien la foto para determinar quienes estan alli. Espero verte en el reencuentro para poder abundar en esos hermosos recuerdos y de los cuales siempre le comento a mis tres hijos para que sientan de donde vinieron sus padres.Saludos de Alba y de mis hijos.

Manuel Bermudez Romero -

Ivonne:

La respuesta la pasé a través de su email personal. Sigo a la orden para ofrecer cualquier otra información que considere de interés.

Saludos.
Manuel Bermúdez Romero

ivonne moros -

necesito saber de los nombres de los trabajadores de la creole en el año 1959 extranjeros de usa

Manuel Bermúdez Romero -

Gracias José Gregorio por tu acertado comentario.

Particularmente a mí lo que más me inquieta es la aparente inacción de los propietarios de viviendas en Tamare. Lo digo porque en la medida en que la urbanización se deteriore, simultánemente irá cayendo el valor de las viviendas y terrenos en los que han invertido. De las autoridades hay poco que esperar en sentido positivo. Menos en medio de elecciones.

Tampoco vivo en Tamare, pero sí viví. Y aunque no tengo directamente nada que perder, creo que perdemos todos y pierde la Cosa Oriental del Lago permitiendo la ruina de esa urbanización. Además, me entristece ver el estado de abandono en que se encuentra el sitio donde estudié mi primaria y residí entre mis 10 y 19 años.

Saludos.
Manuel
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José Gregorio Marcano -

Manuel, te felicito por enésima vez por esta crónica, la cual con cierto retraso tengo oportunidad de leer. Yo tuve la suerte de crecer en Tamare, aunque Cabimas es mi ciudad de origen, donde resido actualmente. Ciertamente, Tamare fue el reflejo de un ambiente urbano posible, donde podías VIVIR, así, con máyúsculas. Con todas las comodidas urbanas, pero además con espacios para esparcimiento y deporte totalmente integrados. Creo que la muerte de esta iniciativa comenzó con la apertura de la Avenida Cristóbal Colón, que si bien incorporó un nuevo corredor vial a Ciudad Ojeda, eliminó uno de los principales atractivos que tenía la urbanización, el cual era ser una comunidad abierta, pero con posibilidades de control de ingreso. Otros factores se sumaron, como lo fue el desinterés de la municipalidad, que no supo capitalizar la integración de esta comunidad y hacer de ella una referencia modelo, una vez que PDVSA empezó a mermar su participación en el mantenimiento de áreas comunes y así se inició el deterioro progresivo y acelerado de los servicios de aguas negras y vialidad, así como aseo urbano. Finalmente, creo que el mayor peso lo tuvieron los propios residentes, quienes permitieron que lo que antes había sido un paraíso, se convirtiera en lo que es hoy: un lamentable espectáculo de desidia.
Un abrazo en la distancia.

Manuel Bermudez Romero -

Hola Nancy, todos los de esa foto, o casi todos, vivíamos en Tamare.

En efecto, lamentablemente Tamare hoy es otra cosa. Lo he comentado en otras de mis crónicas sobre la urbanización.

Sin embargo, creo que todavía es recuperable con la participación de sus residentes, propietarios de viviendas y parcelas y, naturalmente, con el apoyo de las autoridades municipales y de otras oranizaciones con residencia en Tamare.

Me contenta que te haya traído buenos recuerdos.

Nancy Ramírez -

Uyyy... como me has hecho recordar bellos momentos, aun cuando no viví en Tamare y no identifico las caras en la fotografía he identificado algunos nombres de amigos con quienes compartímos bellos momentos de estudiantes en el Liceo Dr. Raúl Cuenca de Ciudad Ojeda,Héctor Del Moral, quien perdió recientemente a su papá el Sr.Aristóbulo Del Moral,Julien O'Donell, Nerio Parra,Juan Rojas, entre quienes recuerdo.
Tu crónica es fabulosa y es cierto nos lleva a vivir en esos momentos mágicos cuando todos deseabamos vivir en Tamare porque parecía una ciudad de otro mundo.
Lamentablemente Venezuela es otra y por consiguiente Tamare también, esa tranquilidad, ese solaz, ese ornato pasó a la historia y solo queda en el recuerdo de los que lo vivimos.
Un saludo buen amigo.

Manuel Bermudez Romero -

Bien amigo Freddy, me contenta que mi crónica le traiga buenos recuerdos.

A esa camioneta del humo la llamaban La Tifa. Sospecho que esas debían ser las siglas de algún procedimiento o del producto que rociaban para fumigar.

El asunto es que el producto creo que era aceite quemado para apaciguar los zancudos que por épocas eran en Tamare nubes. Tantos eran que por la noche uno se si tropezaba alguna nube tenía que caminar rápido para que no se lo comieran vivo los zancudos.

Detrás de La Tifa corrimos todos. No creo que hubo nadie, entre los varones, que no corriera detrás de la camioneta.

Me da por creer que era una forma de imaginarse que se flotaba en el espacio entre las nubes.

Por cierto, peligroso el jueguito, porque se exponía uno a que lo atropellase un carro de un conductor sorprendido porque no esperaba que de la nube de humo le saliera corriendo un grupo de muchachos.

freddy zabala -

Gsacias amigo MANUEL si recuerdo ese puentecito. Yo pensaba que era el del sector Andres Bello pero mi pregunta sirvio para reafimar que los que tubimos la dicha y la suerte de vivir en tan bella urbanizacion teniamos como las mismas formas inocentes de divertinos yo pase muchas noches sentando en el puentecito de el sector Andres Bello cerca de la escuela y daba a la calle donde viven la familian ARANGUREN, que no soñamos alli .chicho y fucho aranguren ,edgar borge, frankil gonzales y su hermano toro tatuco.,eduardo caceres.los calzadillas.el loco geronimo y su hermano ray garcias y muchos mas que seria larga la lista que como una orden acudiamos noches tras noches a hablar y a pasar y rato hassta las 9.y a esperar el camion del humo para seguirlo con tanta inosencia y picardia.gracias amigo por traer tanto bueno recuerdo a nuetra mente DIOS lo bendiga

Manuel Bermudez Romero -

Amigo Freddy, su comentario da para contar lo que se conoce como pequeña historia. Son los hechos menores de los que también es importante dejar memoria para las próximas generaciones.

En efecto, ese puentecito de hierro estaba, y debe estar porque su existencia es muy útil para el paso de los viandantes, cerca de la escuela, a aproximadamente 40 metros de la puerta de la iglesia en dirección noroeste y diagonal.

Es el puente que comunica a lo que fue el centro comercial, ahora casi todo ocupado por el Instituto Simón Bolívar, con el sector Carabobo, el que estaba a la derecha entrando a Tamare.

El puentecito no estaba exactamente en una redoma o en una calle ciega, sino en la curva de la calle que viene del parque de Carabobo, y doblaba en dirección de la vía donde vivían las familia Galiztello, Oquendo, Bello y y Oberto.

Antes de que existiese el puentecito, en tiempo de verano, y todavía sin que existiera el parque frente a la iglesia, los alumnos que íbamos para Carabobo y Urdaneta, cortábamos camino metiéndonos en el canal y ascendiendo al otro lado, pues estaba seco. En tiempo de lluvias había que roderlo yéndose por la acera hasta la avenida principal. Por eso es que digo que el puente es clave para la movilización de los transeúntes.

Allí, en esa zanja, como juego propio de los muchachos, ponía uno en competencia su condición física. Había quienes pasaba el canal de un salto el ancho del canal, no completo pero sí de talud a talud.

Se hacía la competencia en tiempo de lluvias con el canal lleno de agua o con un sedimento barroso.

Quien se propusiese dar el salto para asumir el reto, sabía que corría el riesgo de caer en el canal y embarrialarse. Y, naturalmente, el salto se hacía era cargando los libros o el bulto, porque dejar el material del otro lado del canal para dar el brinco, era correr el riesgo de que "los mansos" de la partida que quedaba del otro lado en el turno para decidir saltar, hicieran "leva".

De modo que el salto tenía que ser con peso para hacer el reto mayor.

Construido el puente, se acabó la competencia, y entonces sus barandas servían por la noche a los muchachos vecinos como lugar de conversación. Por el día ni pensarlo, por el riesgo de una insolación.

Saludos.

freddy zabala -

lo felicito por este reportaje , no vivi yo en esa epoca en tamare,pero leyendo esa descriccion que uste hace creo que todos lo que pasamos nuestra infancia y parte de nuetra juventu sentimo lo mismo y de una forma o otra vivimos casi la misma alegria .ese puente amigo manuel es el que estaba cerca de nuestro INSTITUTO EDUCATIVA TAMARE y daba a una calle ciega o rendoma, pregunto por que tambien pase muchas noches de alegria con mis amigo de la epoca sentado hablando de nuestros sueño, tambien con esa cara de alegria que se le ven a los integrante de esa foto que felices fuimo en TAMARE

Manuel Bermudez Romero -

Gracias Luis por tu comentario.

Esa es la idea, que estas crónicas sirvan a quienes vienen detrás de estímulo para la recuperación de lo perdido, y para el propósito inaplazable de mejorar lo que nosotros tuvimos.

Luis Paiva R. -

Manuel...aqui no hay desperdicio....que felices fuimos....nuestros hijos y nietos deben compartir estas vivencias y recuerdos.
Esperaremos con ansiedad las proximas cronicas. Unavez mas, te felicito.
Saludos, Luis Paiva Ramirez
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