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Julio Casas: EL HACEDOR

Julio Casas: EL HACEDOR

Esta entrevista con el ingeniero de petróleo Julio Casas, ex ejecutivo de Creole y Lagoven, es inédita y se redactó en agosto de 1994 aprovechando la circunstancia de una visita que, en su condición entonces de presidente de la Asociación Venezolana de Personas Mayores, Activas y Jubiladas (AVJ), hizo a Lagoven en su sede de Caracas. Mostrando su franqueza habitual, Casas cuenta su formación humana y profesional, y abunda respecto a la disciplina, el adiestramiento, la espiritualidad, la familia y la dedicación por la gente.

 

Si se quiere describir la permanente actividad que durante mucho tiempo ha desplegado Julio Casas, se logra dejando saber que a sus casi setentitrés años de edad se moviliza tan velozmente como cuando tenía cuarenta.

Se le ha visto recientemente a las puertas de Lagoven, en Caracas, y no se exagera si se cuenta que mantiene el ritmo y la agilidad joven que hace más de 31 años se le conoció en Tamare, cuando su casa de habitación era un imán para la cháchara con sus sobrinas adolescentes, más exactamente, las sobrinas de su esposa, quienes se alojaban allí.

Entonces él era un conocido empleado de Creole y este redactor un muchacho de probables 12 ó 13 años que veía en este señor a un hombre siempre activo. La diferencia más visible con el de antes, es que ahora no porta una pipa humeante anclada casi permanentemente en la comisura derecha.

         Poco tiempo después el padre del muchacho levantó techo propio en la misma calle y en diagonal con la vivienda de Casas, y la ubicación le permitió por un brevísimo período observarle desde allí con mayor detenimiento su trajinar.

         Julio Casas, el ingeniero de profesión y el ejecutor social por vocación -puede asegurarse porque se ha sido testigo-, no ha perdido el paso y continúa dedicado con energía inagotable al bienestar colectivo. Por eso cuando se le observó en Lagoven a paso firme y portando un voluminoso carriel, no se le pudo imaginar de otro modo que proponiendo proyectos.

         Él  ha sido miembro del buen número de figuras del mundo petrolero venezolano. Sin embargo, un “rara avis” en un país que en alguna proporción ha sido dominado por figurones y maledicentes de toda laya, quienes antes de hacer y dedicarse al esfuerzo de construir y aportar, quieren encumbrarse en un santiamén con base en poses, figuración sin obra, colección de plumas fuente, ostentación de joyas y percha, y verbosidad sin concreción.

Estos seres pura estampa y cero dedicación, abundan y no son exclusivos de los cenáculos de la cúspide social y política, sino ubicables también en las cuatro paredes de las oficinas de nuestros centros de trabajo, entre la gente corriente, entre los miembros de una clase media empobrecida económica e intelectualmente que se descoca por escalar anticipadamente y a cómo de lugar la pirámide social y se desgasta enmascarándose de patriota o de genio para ocultar la pérdida de compromiso colectivo y de conciencia social y de grupo, siendo antítesis del perfil que encarna Julio Casas.

 

Un venezolano distinto

 

         Casas nació en Maracaibo el 21 de mayo de 1923 y no tiene empacho en decir que vio poco a su padre[1], no porque éste soslayase a la familia que conformaron ocho hijos, sino debido a que era un marino al servicio de la Standard Oil de Venezuela y fue un empleado muy activo y dedicado siempre a alguna labor, al punto de que continuaba trabajando cuando a sus 84  años murió en Güiria, estado Sucre.

         “Mi papá fue un hombre de trabajo, familia, trabajo, trabajo y trabajo”.

         Considera que su energía es innata y heredada de su padre, llamado también Julio, y un empleado que fue conocido en los corrillos petroleros, motivo por el que por algún tiempo en el ambiente se habló de Julio Casas, hijo, para diferenciarlo de su progenitor.

         Pero la heredad no ha sido todo, según el mismo Casas puntualiza.

         Yo soy una especie de injerto. Sinceramente, y aunque decirlo pueda parecer pedante, no puedo calificarme como prototipo del venezolano porque tuve la buena fortuna de haberme expuesto a diferentes culturas. Estuve en Trinidad y allí recibí la influencia inglesa con el predominio de la disciplina, del orden, de la puntualidad que aprendí en el colegio Pereira. Después en el San José, en Puerto Rico, colegio de marianistas, donde como interno continué de un modo más permanente dentro de un sistema donde la disciplina es primordial. Ese proceso de formación culmina con mis estudios en la Universidad de Texas A & M, en College Station.

         Esta es una universidad totalmente distinta a lo que es habitual en los Estados Unidos. Allí encontré una filosofía que invita al estudiante a que llegue arriba por sus propios medios, independientemente de si se es hijo de un granjero, de un banquero o un muchacho de la alta sociedad. En esa universidad tu origen no importaba a las autoridades. Y es, adicionalmente, una universidad militar de las pocas que existen en los Estados Unidos y sus estudiantes, reserva del ejército norteamericano, recibían educación dentro de una organización estrictamente castrense.

         A Texas A & M ingresó becado por la Standard Oil de Venezuela, en reconocimiento a sus calificaciones estudiantiles.

         Cuando llegué allá a los 20 años de edad, debido a que me dedique durante un tiempo al trabajo y perdí algunos años de estudio, me encontré con unos carajitos de 15 y 16 años que son los que están entrando conmigo. Pero bueno, sigo y me ajusto a las normas y a la tradición. Allí, además de alcanzar el grado de ingeniero de petróleo, se me formó el carácter. Allí en el primer año uno hace de todo. Se es una especie de esclavo que empieza a aprender a hacer, dejando de un lado lo que se es en ese instante, y al concluir la carrera se termina convertido en un señor.

         Yo era el único extranjero en mi compañía, y cuando pasé al cuarto año, los estudiantes superiores que egresaban me recomendaron para que se me nombrara capitán de la compañía. Esa era una de las dos cosas grandísimas que uno podía llegar a ser jerárquicamente como estudiante. La otra era alcanzar el grado de cadete coronel del Cuerpo de Cadetes.

         —¿Qué requisitos se exigían para alcanzar el grado de capitán de la compañía?

         —Ser el mejor y que los estudiantes salientes te recomendaran con base en la actuación que de ti observaron. Ser capitán conducía al cuadro de honor militar de la universidad, que lo comandaba un coronel activo del ejército norteamericano.

         Sin embargo, Julio Casas no llegó a ser capitán de su compañía. Su condición de extranjero se lo impidió. El coronel y comandante un día lo llamó y le dijo que él se había ganado el cargo, pero que comprendiera que se trataba de una universidad que preparaba oficiales para las fuerzas de reserva del ejército de los Estados Unidos. En compensación, y para su satisfacción, lo hicieron oficial ejecutivo, es decir, el segundo en la jerarquía dentro de la compañía.

         —Por el rango que se le otorgó, es obvio que usted se graduó con honores.

         —No, yo no me gradué con honores.

         —Pero estuvo muy cerca.

         —No, no. Yo soy un individuo que siempre le ha dado duro. Me gradué con un promedio B menos. Pero hay una cosa que he tenido presente en mi vida, y es que la nota no es todo. La nota califica tu intelectualidad, tu inteligencia, y esa condición la concede Papá Dios y no la puedes modificar. Pero donde uno sí tiene decisión es en lo que quiere hacer de sí mismo.

         —Uno puede tener 20 puntos, pero si no tiene iniciativa, no trabaja con la gente, no siente ni tiene respeto por los compañeros, no puede ser líder, y fue el aspecto adicional por el que me hicieron oficial ejecutivo. Fue muy satisfactorio para mí saber que me había ganado el aprecio de mis superiores y compañeros salientes.

 

La disciplina como bagaje

 

         Bueno, ese tesón, todas las realidades que viví y las enseñanzas que acumulé fue lo que traje conmigo y con mi grado de ingeniero de petróleo -lo precisa para explicar que además del ejemplo que vio en su padre, fue en ese proceso de estudio y esfuerzo donde se le fermentó la energía que lo desborda.

Ese fue el bagaje con el que arribé a La Salina, con Creole[2], en mayo de 1948 como ingeniero de perforación para trabajar en el pozo Tía Juana 269 en el lago de Maracaibo. Es casualmente el mismo año en que egresó la primera promoción de ingenieros de petróleo de la Universidad Central de Venezuela. Yo entré con ellos.

         Da una nueva pista cuando precisa que no es únicamente la energía que describimos la que le ha permitido hacer, y añade que también alcanzó logros porque ha sabido dar buen uso al tiempo y es un fanático del adiestramiento de sus supervisados, y esa preocupación le ha permitido ir siempre hacia adelante. "Siempre he querido llevar la gente hacia arriba y buscar una forma de insertarla".

         A todos los sitios a donde llegaba lo primero que hacía era determinar quién iba a ser mi mano derecha. Si no la había la preparaba. Hay otros que piensan que no, que ese es el enemigo, que ese es el que va a "serrucharle las patas", como ahora dice la gente. Ese es un comportamiento de mediocres. Teniendo quien te apoye puedes dedicarte más a pensar y crear, y a la labor social.

 

El adiestramiento primero

 

         Es Julio Casas un río crecido de palabras y explicaciones y se muestra satisfecho de su talante. Complementa lo que viene contando una anécdota que refleja lo que ha sido su interés por el adiestramiento de la gente.

         En 1953 cuando llegué a Quiriquire, en Monagas, observé la poca preparación que tenía el personal obrero de producción. Eran hombres con tercer, cuarto grado, cuando mucho, sexto grado. Entonces, obviamente y ante la realidad de que los jefes musiues tampoco eran ilustrados y eran jefes porque hablaban inglés y tenían bachillerato medio hecho, pero "high school" al fin, me dije: vamos a mejorar la formación de esta gente, pero sin dar ningún discurso, porque no lo van a entender.

         Pensé que el mejor estímulo era tocarles el bolsillo. Di instrucciones para que se informara a los trabajadores de producción que quien no poseyera sexto grado o no estuviera estudiando, no podía "ratear".

         "Rateo" significa en los ambientes obreros de la industria petrolera un sobresueldo que se paga a los trabajadores cuando sustituyen a un compañero que sale de vacaciones.

         Como dos semanas después de haber hecho ese anuncio, me llamaron de Relaciones Industriales para decirme que los había metido en camisa de once varas. Tenían 140 hombres de producción que se habían inscrito en la escuela nocturna y no tenían maestros. ¡Qué bueno, les dije, contrátenlos!

         Son estas las claves que hicieron de Casas en su tiempo el motor, el estimulador de las acciones como protagonista o tras bastidores. El del empuje sin descanso, y no es desproporcionado afirmarlo.

         Usualmente en la dinámica de nuestra venezolana vida no nos ocupamos de propalar estas virtudes cuando se dan. Pocas veces la gente reconoce a las figuras locales. Frecuentemente andamos buscando héroes foráneos, y cuando los tenemos en el patio los desconocemos porque compiten con nosotros, lo que nos conduce interesadamente a considerar la opción del exterior.

Esa puede no ser exactamente una conducta colectiva, pero sí la forma usual de escaparse de la decisión de asumir el esfuerzo que implica competir limpiamente en el entorno del grupo de personas -más grande o más pequeño- que se desempeña en una actividad similar o que tienen la misma profesión, y con sinrazones se les regatea reconocimiento a las individualidades laboralmente distinguidas. Más grave es ese comportamiento en un país urgido de líderes verdaderos y de gente de empeño y desprendimiento en puestos de dirección. Nos la pasamos rechazando la determinación bíblica que expresa que "por sus obras los reconoceréis".

 

Cristiano practicante

 

         No sólo fue Casas el primero de su compañía en la Universidad de Texas A & M, fue también el primer venezolano Superintendente de Producción de Creole en la División de Occidente, cuando se producían un millón 200 mil barriles diarios de crudo; el primer empleado de Creole que construyó casa propia en Tamare, el primer promotor civil de la labor educativa y social de Fe y Alegría en la Costa Oriental del Lago, cofundador del Colegio de Ingenieros, seccional de los Distritos Bolívar y Baralt; motorizador de la creación, en Tamare, del instituto educativo Simón Bolívar, participante activo en la creación de la Asociación de Jubilados de la Industria Petrolera y Petroquímica (AJIP)[3], organismo que se forma por idea de Irma Centeno y de otros recordados jubilados de Creole. Siendo la parte social de esta labor una tarea que adelantó con actividad extrahorario de trabajo.

         Y da Casas otra explicación sobre su buena disposición por el prójimo. "Soy muy cristiano, cristiano practicante. Eso domina mis acciones. Siempre trato de ayudar al más débil".

         Consta que su afirmación no es un autobombo, postura para aparentar virtudes, tribuna, micrófono y paltó. Su cristianismo practicante tiene demostración, pues durante los años que dedicó esfuerzo a Fe y Alegría fundó seis colegios en el país. Entre éstos el Juan XXIII, ubicado en barrio Libertad, contiguo a la urbanización Tamare, y el San Judas Tadeo, en Cerro La Cruz, en Caracas.

Es un claro recuerdo su entrega para catapultar la labor de esa institución y para animar las tómbolas que organizaba en Tamare en las que él mismo trabajaba en mangas de camisa como cualquier hijo de vecina para recaudar los fondos necesarios y adelantar la gestión educativa de Fe y Alegría.

         Mi convencimiento de que la educación es la única forma como la persona puede mejorar -el trabajador y su familia, recalca-, hizo que estando en occidente observara el trabajo del padre José María Vélaz[4], fundador y director general nacional de Fe y Alegría y me sumara a ese proyecto.

Lo vi por primera vez en 1964 en un taller de soldadura ubicado en Tasajeras y en compañía del empresario Gustavo Vollmer, quien era presidente de Fe y Alegría. En Tasajeras construimos la primera escuela de la institución en el Zulia.

Luego, como fui el primero en levantar casa propia en Tamare, hice buena amistad con José Puig, el constructor de las viviendas iniciales de esa urbanización, y a través de él logré la donación de un terreno que su contratista tenía en el barrio Libertad. Allí fundamos el colegio Juan XXIII. Para ello contamos con la colaboración de organismos de la Costa Oriental del Lago y especialmente de las damas venezolanas y norteamericanas residenciadas en la zona.

 

La familia por delante

        

         Cuenta que al comienzo de su desarrollo ejecutivo estuvo por tres años en el puesto de subgerente de Relaciones Públicas de Creole "porque aparentemente querían dejarme de gerente”.

Pensaron que porque soy extrovertido y tengo vocación social, era el candidato para el puesto, pero se equivocaron, porque a la vez, hasta donde puedo, trato de permanecer siempre en mi casa. Soy casero.

         "Yo no soy hombre de estar en tres, cuatro cocteles. Hay gente que goza con eso. Y otra cosa es que soy muy sincero. Yo no puedo esconder mis pensamientos. Hay que tener piel de elefante para poder sonreír con un gran carajo enfrente".

La descripción de su carácter no tiene que ser reforzada por Julio Casas. A él se le percibe así hasta por su modo de caminar. El verbo directo y el habla sin eufemismos es una  característica que, como ha dicho, se las remarcó su formación. Es claro que no es hombre de dos caras, y hay prueba. Cuando en Relaciones Públicas se le hizo la primera evaluación reconoció que era una magnífica oportunidad, pero observó que no era esa actividad lo de él, mas no le escucharon y lo mantuvieron en el cargo dos años más.

         En la próxima oportunidad que tuvo Casas se decidió a hablar. Su jefe y gerente de la organización era el periodista norteamericano Everett Bauman. Y Casas le pidió que se olvidaran de la idea de que él era un hombre de relaciones públicas.

         Al tercer año, de nuevo en el período de evaluaciones, Bauman en respuesta al planteamiento de Casas le comentó:

         —Julio, lo que ocurre es que como sabes que yo estoy aquí, piensas que estarás bloqueado en tu ascenso. Si mañana la directiva te da el cargo de gerente ¿qué haces tú?

         —No lo acepto Eve, le respondió Casas.

         Dos meses después de esa conversación lo nombraron segundo subgerente del Departamento de Producción en Caracas y ocho meses más tarde pasó a la gerencia de la División de Oriente. Posteriormente regresa a Caracas y luego lo transfieren a Tía Juana como gerente de Operaciones y Servicios.

         Es el momento cuando tengo a mi hija Cenovia en Caracas estudiando de noche comunicación social en la Universidad Católica y a mi mujer muy preocupada, y como sabía que en la capital no había posición para mí, pedí mi jubilación prematura, pero me llamó a Caracas el director Carlos Lander Márquez.

         —Estoy entrando a un comité dentro de poco, le dijo. No queremos que te vayas. Si te ofrecemos la subgerencia de Relaciones Industriales, ¿la aceptas?

         —Claro que sí, respondió.

         Entonces lo transfieren a Caracas. Posteriormente, en un viaje que hace a occidente se encuentra con el gerente de esa División, Joe Gracey, quien le habla de la creación de una subgerencia para esa división y le dijo que deseaba le acompañara en ese cargo.

         Se lo agradecí profundamente, pero le dije que mi problema seguía siendo el mismo, yo no podía irme a occidente y dejar a mi familia en Caracas.

         Fue entonces a Brígido Natera a quien colocaron en el cargo y se sabe cuáles son las posiciones a las que llegó, pero si tuviera de nuevo la oportunidad me decidiría por mi familia. Mi familia debe ir siempre por delante de mi beneficio personal. Y este detalle lo cuento porque son situaciones interesantes que la gente tiene que sopesar en su vida.

 

Adiós a la industria

 

         Posteriormente, a finales de 1978, PDVSA solicitó a Lagoven asignara a Julio Casas para ocupar la dirección general del Instituto Nacional de Adiestramiento Petrolero y Petroquímico (Inapet).

         Yo tenía 55 años y me hice una reflexión. Entonces solicité una cita con el presidente Luis Herrera Campíns, a quien no conocía ni era militante de su partido. Me concedió la entrevista y le entregué mi curriculum. Como a las cuatro semanas me llamó para decirme que yo era el presidente del INCE (Instituto Nacional de Cooperación Educativa). Allí estuve desde 1979 hasta 1984. Me jubilé prematuramente de Lagoven en abril de 1979.

         El sentido de la igualdad y de la entrega que tiene Casas se evidencia en este caso que contó del INCE. En la oportunidad lo llamó un director de Creole para sugerirle que en lugar de jubilarse solicitara un permiso.

         Permiso no, respondió. Yo debo estar en el INCE en igualdad de condiciones con el resto del personal. Y refirió que el sueldo del presidente de ese instituto era de 13 mil 500 bolívares mensuales.

Decidió Casas retirarse para llevar adelante una actividad que le gustaba y estaba dedicada al beneficio público, aunque le disminuía sustancialmente el salario.

         Casas ha sido asesor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para proyectos de creación de microempresas que se desarrollaron en Uruguay y Centroamérica. Fue una experiencia que permitió, bajo un concepto que hoy se aplica internacionalmente, se experimentase con éxito en Venezuela mediante la creación de Servipet, Jubilados Petroleros C.A., organismo que funciona como el brazo comercial de la Asociación de Jubilados de la Industria Petrolera y Petroquímica (AJIP), una gestión alentada por Brígido Natera y Héctor Riquezes, quienes plantearon la conveniencia de que se utilizara la experiencia de los jubilados para beneficio del país y de cada uno de ellos.

 

Objetivo: dedicarse a la gente

 

         La experiencia que adquirió en Fe y Alegría, AJIP, el INCE y la OIT ha permitido a Casas continuar trabajando para servir al prójimo en la Asociación Venezolana de Personas Mayores Activas y Jubiladas (AVJ).

         Lo he hecho porque las personas mayores de edad están muy desasistidas. Por eso desde hace diez años ingresé y me puse a trabajar en AJIP y en la medida en que yo mismo he ido envejeciendo, me he puesto a buscar ventajas para la gente mayor. La gente que más necesita y de la que nadie se ocupa.

         Por esta convicción tiene como meta dedicarse en sus próximos años a tiempo completo a AVJ y se emociona cuando dice que la asociación ya tiene sede propia -avenida Principal de Los Chorros, Nº 68, quinta Villa Consuelo, Los Chorros, Caracas- y edita Experiencias, la única revista que existe en el país dedicada a las personas de la tercera edad. Igualmente tiene la asociación una coral y ha logrado importantes beneficios sociales para sus miembros, entre los que figuran una póliza de cirugía y hospitalización que se extiende hasta los 80 años de edad, y fideicomiso en iguales condiciones que la de los trabajadores petroleros.

         “Todo lo hemos obtenido escarbando aquí y allá, porque no se consigue nada fácil para la asociación”.

 

La gente piensa sólo en sí misma

 

         La voz experimentada de Julio Casas no podía dejarse escapar sin preguntarle sobre nuestra crisis económica. Y tiene el parecer de que nuestra crisis es más bien educativa y social.

         La crisis nuestra es grave, pero hay que salir del hoyo. El problema básico nuestro es que la gente piensa sólo en sí misma y no en el prójimo. Por lo demás, siempre se está enfocado en el "cuanto hay pa’ eso".

         Tengo el ejemplo de que siendo nosotros 20 millones de venezolanos, en el Rotary Club los miembros no llegan en nuestro país a 3 mil. El Rotary tiene dos lemas clave: 1. Se beneficia más el que mejor sirve y 2. Da de sí, antes de pensar en sí. Creo que son las mismas claves que necesita el país para progresar.

         Por otra parte, siempre estamos pendientes de lo que hace el otro y olvidamos que no podemos controlar a esa persona, mientras que sí podemos decidir y hacer por nuestro propio aprendizaje y desarrollo para el bienestar de los demás.

         Por eso es tan importante el pensamiento de John Kennedy que decía "No preguntéis lo que vuestro país puede hacer por vosotros, sino lo que vosotros podéis hacer por vuestro país". Nuestra formación de conciencia en ese sentido nacionalista es deficiente.

         De modo que la recuperación que nos espera es prolongada, porque es fundamentalmente educativa y sus resultados se verán a muy largo plazo.

 

                                                                      

 

Manuel Bermúdez Romero

 

 

 

REFERENCIAS 

 

1 Julio Casas, padre, empezó a trabajar con la Standard Oil de Venezuela en 1921 en Punta de Leiva, estado Zulia.  Fue maquinista, después capitán de lanchas y cuando la compañía se estableció en oriente se lo lleva a esa región. Él fue el primer capitán venezolano de la flota de tanqueros de la Standard. Era un empírico que escaló todas las posiciones en marina y capitaneó los buques Ulé, Surinam y Pionner, entre otros.  

 

2. Julio Casas, hijo, recordó que en Venezuela las empresas norteamericanas originalmente se radicaron todas en occidente. Entre otras muchas a la región llegaron dos empresas, una denominada Lago Petroleum, y otra, la Standard Oil de Venezuela, ambas de accionistas norteamericanos, siendo la Standard Oil de New Jersey accionista mayoritaria de la Standard venezolana. En 1943 Standard de New Jersey adquiere Lago Petroleum y fusiona las dos empresas para formar Creole Petroleum Corporation, antecesora de Lagoven, filial de Petróleos de Venezuela.

 

3 La Asociación de Jubilados de la Industria Petrolera y Petroquímica (AJIP), de la cual Julio Casas fue presidente, se constituyó como organización apolítica y no sindical que posteriormente recibió el reconocimiento y respeto de la industria petrolera, al punto de que Brígido Natera, ex presidente de PDVSA y de Lagoven, decretó en 1985 que el 3 de julio se celebrara todos los años el Día del Jubilado Petrolero. AJIP surge como idea de Irma Centeno y por la inquietud de varios jubilados de Creole, entre ellos, Alberto Fuenmayor, Plinio Marín y Raimundo Molina, así como de otros ex empleados de Relaciones Industriales de la misma empresa. En 1994 AJIP tenía 7 mil 500 miembros. Su primera sede nacional estuvo ubicada en el Sindicato de Trabajadores Petroleros del Distrito Federal, siendo su primer presidente Jesús María Elbittar. De los primeros 55 miembros, más de 50 eran de Creole.

 

4 José María Vélaz (1910-1985), nacido en Rancagua, Chile, fue el padre jesuita que fundó en 1955 Fe y Alegría, una institución educativa que habiendo nacido en Catia, Caracas, en un sector donde actualmente está la urbanización obrera conocida como el 23 de Enero, funciona hoy en otros nueve países latinoamericanos: Ecuador, Panamá, Perú, Bolivia, El Salvador, Colombia, Nicaragua, Guatemala y Brasil. Fue también Vélaz rector del colegio San José de Mérida y constructor de la casa de ejercicios San Javier del Valle, edificada en recuerdo de los 27 alumnos del colegio San José de Mérida que el 14 de diciembre de 1950 fallecieron en un accidente aéreo ocurrido en el páramo de Los Torres, municipio Monte Carmelo del estado Trujillo.

 

Leyenda

En la fotografía insertada arriba está Julio Casas. Es el segundo de izquierda a derecha. Lo acompañan -a su derecha- Dilcia Ramírez de Vivas, la primera ingeniero de petróleo venezolana; Irma Centeno, promotora de la fundación de la Asociación de Jubilados de la Industria Petrólera y Petroquímica (AJIP), y Arévalo Guzmán Reyes, ex director de Petróleos de Venezuela.

 



 

 

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8 comentarios

Jesus Guevara Ocando -

Buenas Días!.. Me siento muy orgulloso de Julio Casas. Fue mi tío, un ser muy extraordinario que nos enseñó mucho y nos dio muchos valores. Una persona muy humana,muy grande en el pensar y muy grande en sus acciones en bien siempre del prójimo. Esta biografía refleja lo que fue. Lamento informarles que el día de ayer 27 de Noviembre del 2012 falleció a sus 89 años. Tuve la dicha y el privilegio de conocerle y compartir muchas etapas de mi vida con el, mi graduación, mi matrimonio, la muerte de mi padre también trabajador de la industria petrolera donde siempre nos dio ánimos de seguir adelante y por último el nacimiento de mis hijos. Sobre todos aquellos que tuvimos la dicha de conocerle nos deja un legado muy hermoso, ojala y podamos ser portadores de este legado y ayudar a nuestra sociedad que hoy por hoy anda muy perdida y con falta de valores.

Manuel Bermudez Romero -

Señora Lemus:

Colocado aquí el recordatorio de que hoy la señora Irma Centeno cumple hoy 90 años, pienso que algunos se enterarán, porque creo que con frecuencia entran jubilados miembros de AJIP a ver reportajes e informaciones relacionados con esa asociación.

Por la red le haré llegar mi dirección electrónica para que me envíe su presentación.

Estoy completamente a la orden. Saludos.

Liseth Lemus -

Sr. Manuel la presente es para expresarle la emoción que sentí al leer este articulo, soy una ex-colaboradora que permaneció 7años y 5 meses en la Asociación de Jubilados de la Industria Petrolera Caracas-Venezuela, aunque no conocí al señor Julio Casas he tenido el privilegio de leer un poco de la historia de los 12 presidentes que ha tenido nuestra asociación actualmente, la llamo de esa manera a pesar de mi mediana edad no soy jubilada desafortunadamente, pero me sigo sintiendo parte de esa gran familia, mi cuerpo ya no esta allí pero mi mente y corazón siempre lo estará. Hoy 04/10/2010 es una fecha muy especial, acontecimiento importante para agendar; la fundadora de AJIP Irma Centeno Damas cumple sus primeros 90 años, para muchos esencialmente para mi es una bendición que esa Gran Dama aun se encuentre con nosotros con la fortaleza que la caracteriza, humildemente prepare una presentación dedicada a esa luchadora Mujer me gustaría compartirla con usted, solo necesito un correo para enviársela si gusta. Deseo que muchos a través de este medio se informen del cumpleaños de Irma y la puedan llamar o hacer llegar un mensaje especial, no importa si lo leen extemporáneo mas vale tarde que nunca. Espero pase por alto mi mal escribir de verdad es primera vez que lo hago publico, particularmente pienso lo importante de la vida es expresarse no importa si lo hacemos bien o mal, terrible es ocultarlo u omitirlo, ahora si me despido deseándole mil bendiciones al lado de los suyos, y reiterarle que todo lo que hago y escribo esta hecho con la mejor intención. DIOS NOS BENDIGA SIEMPRE…

Manuel Bermúdez Romero -

Señora María Romero:

Agradezco mucho su lectura y comentarios, y me contenta que el tema le haya interesado.

Conozco a su papá Jesús Eloy Romero, tanto de Tamare como de los Juegos Creole, donde siempre lo veía, creo que primero como atleta y luego como juez. Según le entiendo, él se jubiló pero sigue activo en la Escuela Juan XXIII de Fe y Alegría, lo cual me indica que sigue activo.

No sé decirle cuando vaya yo a Venezuela, vivo en el exterior pero regreso a nuestro país casi todos los años.

Teniendo e-mail y teléfono del colegio, cuando regrese la buscaría a usted para hacer un reportaje sobre la escuela que incorporaría en esta bitácora.

Quedo muy agredecido por sus buenos deseos y los hago recíprocos extensivos a su familia.

Reciba un cordial saludo.

Manuel Bermúdez Romero
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maria romero -

Con cuanto gusto he leido esta reseña sobre la trayectoria del ingeniero Julio Casas, buscaba pensamientos del fundador de Fe y Alegria Padre Jose María Vélaz.., soy María Romero hija de Jesús Eloy Romero, residentes de tamare y docentes de Juan XXIII,papá ya jubilado, yo activa con 28 años de servicio en el colegio, quiero que sepa que el 20 de febrero del 2010 arribamos a los 45 años de esa bella escuela que se formó con ayuda de la comunidad, el dia de su inauguración el padre Vélaz dijo: ESTA ESCUELA LLAMADA JUAN XXIII es producto de una colaboración múltiple en cada centímetro de esta escuela esta la ayuda de la comunidad, no le demos a los niños un pescadito enseñémosles a pescar a valerse por sí solos...Recordamos en este aniversario a todos los que en las crónicas aparecen como fundadores, usted encabeza uno de ellos y este escrito me lo reafirma, realmente no se donde este hoy día pero en nombre de todos los que hemos tenido la dicha de estar en nuestro colegio agradecemos a Dios que usted en unión a todos esos hombres y mujeres de bien y de aquel entonces que de manera desinteresada, trabajaron de tómbola en tómbolas uniendo esfuerzos, dieron parte de su vida y se unieron al sueño del padre José M. Vélaz,para que esta fuese realidad, tenemos desde preescolar hasta sexto año de educación técnica, nuestros jóvenes egresan como técnicos medios en la especialidad de comercio y servicios administrativos mención: informática y egresamos 23 promociones de mercantil secretariado, tenemos 1010 alumnos, si alguna vez visitas la costa oriental no olvides pasar por tu escuela...si deseas llamarnos el tlf es 0265-6313393 correo electrónico fyajuanxxiii@cantv.net.Deseamos que Dios te bendiga siempre y que donde estes siempre tengas presente ese deseo de ayudar a otros

Manuel Bermúdez Romero -

Emperatriz, les escribí por sus correos, pero tienen lleno el buzón. Estaré pendiente.

Saludos.

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Emperatriz. Nosotros estamos a dos horas en carro de NYC. En tren y autobus debe ser un poco más. Nosotros igualmente tendríamos mucho gusto en verlos. Por tu email te doy dirección y teléfonos.

No tengo la dirección electrónica de Julio Casas, pero puedo conseguírtela e igualmente te la paso por tu correo.

Él debe estar aceptablemente bien de salud a su edad. Yo no lo veo más desde la fecha en que lo entrevisté (1994). Y en verdad antes de esa oportunidad lo llegué a ver muchas veces en Tamare, como digo en la entrevista, pero en los ambientes de trabajo nunca lo vi. Él se jubiló al poco tiempo de haber yo ingresado en Lagoven. En 1994 era el mismo Julio Casas Hernández, no parecía que los años habían pasado. Entonces tenía 73, 74 por allí.

Saludos a Sergio.

Manuel

Emperatriz Facchi -

Querido Manuel,
Como siempre, reviso tu blog y agradezco los envios que me haces. Esperamos que tu y tu familia se encuentren bien. Nosotros estamos por un corto período en New York City. No se si estas cerca o lejos como para vernos. Nos encantaria.
Hace poco Sergio y yo estuvimos recordando al querido Julio Casas y nos preguntabamos que seria de él, donde está, que hace. Al ver la entrevista en tu blog se me ocurrio preguntarte si puedes darnos información sobre Julio. Su e-mail, por ejemplo, para saludarle.
Gracias,
Sergio y Emperatriz
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