Blogia
Contextos

¿Publicidad para comprar conciencia?

 

Lo más feo de “La doctrina Izarrita”, a la que se refiere Simón Bocanegra hoy en su editorial en TalCual, no es el chantaje en sí mismo, que ya es grave:  Si criticas al gobierno, no habrá publicidad para el medio de comunicación X o Z.

Lo más serio de la decisión es el atentado a la libertad de expresión. Todavía peor es  pretender obligar a referirse en buenos términos del gobierno o sencillamente ignorar todo lo malo que ha sido, a cambio del dinero que se recibe por publicidad, recurso fundamental para el sostenimiento de un medio de comunicación, puesto que la suscripción digital no compensa, y cada vez menos la venta al pregón.

Bocanegra comenta que a diferencia del gobierno -pues éste maneja dineros públicos- un anunciante privado es libre de hacer con su pauta publicitaria lo que mejor considere. Pues tampoco es cierto. Igualmente es chantajista el empresario o la compañía que pretenda silenciar la actitud crítica de un medio de comunicación frente a esa empresa a cuenta de que le otorga publicidad.

Entre colegas acostumbro comentar que las relaciones de las empresas o de cualquier ente con la prensa, da sustancia para una obra de texto, puesto que conceptualmente sobre el tema hay mucho que elaborar.

Tanta distorsión existe sobre el asunto que a veces el chantaje se produce a la inversa, es el solicitante de publicidad quien lo origina sutilmente o -como desconoce la ética prevaleciente detrás de otorgamiento de publicidad- da inicio sin percatarse a una relación mañosa.

En los tiempos en que administré pautas publicitarias era común que el solicitante -habitualmente un profesional del periodismo- ofreciese “tratar bien” a la empresa. Es decir, dar buen trato informativo para la empresa anunciante que yo representaba. Dicho de otro modo: si no me dan publicidad, los trato mal.

Siempre les aclaraba que no se les estaba otorgando publicidad con el preciso fin de que “nos trataran bien”, y que no pretendía la empresa modificar políticas informativas o líneas editoriales ni silenciar a nadie si hubiese motivos para ser honestamente críticos frente su actuación o respecto a los resultados de esa empresa.

En resumen, ningún organismo conducido con sensatez -llámese gobierno, empresa o asociación- y dotado de una administración de Relaciones Públicas profesional, concede publicidad para comprar conciencia o para conseguir que los medios de comunicación sean benévolos con su actuación, sino para divulgar sus logros, los buenos resultados, estimular el consumo de sus productos, hacerse de una buena imagen pública que debe ir a la par con la ética empresarial o gubernamental integral.

Mas no se le pueden pedir peras al olmo. Andrés Izarra considera que él y Presidente Chávez tienen la razón.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres