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BASURA

BASURA

 

La porquería que se nos viene encima

La proliferación de basura, de lo que los ambientalistas denominan desechos sólidos, es una forma de contaminación que si no es la más preocupante, sí es la más visible.

El  trastorno está relacionado con los métodos de producción actual, con la generación de envases desechables, siendo éste el detalle que lo hace más complejo. Solamente las bolsas plásticas de uso común en los supermercados para el acarreo de los artículos, son un problema por sí mismo.

Hay documentales que demuestran el daño que causan en muchos sitios, y principalmente en los mares, pero ¿está allí, en las campañas concientizadoras, la solución del trastorno? Pareciera que no y que las soluciones deben ir combinadas, entre otras medidas, con el retorno a algunos viejos hábitos.

El valor de los viejos hábitos

Desconozco con qué resultados, pero en los Estados Unidos se está de regreso al uso de bolsas de papel, tela o de una fibra durable y biodegradable sustitutiva de la plástica. Y hay una cierta campaña asociada que está dirigida al convencimiento del consumidor sobre el perjuicio que causa la bolsa plástica que conocemos, tirada en cualquier lugar.

Habría que hacer igual con las botellas. Volver a la botella de vidrio reusable, en sustitución del envase plástico de diverso tamaño, grosor y textura, lo cual implica grandes drásticos cambios en los sistemas de envasado, a costos que suponemos altos, pero generadores de un beneficio inconmensurable para la humanidad y para la imagen de las empresas que se lo propongan.

Más allá de la basura

La basura lanzada en autopistas y carreteras no es una característica local de cada país subdesarrollado como puede suponerse, sino de la sociedad industrial que conocemos. He visto una hermosa y bien mantenida avenida de ingreso a Washington, si bien no repleta, sí con bolsas plásticas y latas tiradas por los automovilistas aquí y allá que la afean y dejan ver al viajero un indeseable comportamiento y la magnitud que tiene el problema. Pero ¿qué puede importarle la basura lanzada en la calle a alguien que no sabe si va a encontrar qué comer ese día o que acaba de perder su casa y tiene su carro por habitación y su perro por compañero?

Es por eso que leyendo la información sobre la limpieza que se ha hecho de la redoma de Petare, en Caracas, me digo a mí mismo que, bueeeno… ese es el primer paliativo. ¿Y despúes?

La solución profunda pareciera que comienza simultáneamente por prohibir “los desechables”, por el mejoramiento del nivel de vida general, por la formación de conciencia ciudadana, por la creación de leyes que sancionen severamente a quien degrade el ambiente, especialmente a los industriales.

 

Menos verbo y más acción

La primera acción quizá sea el propio convencimiento de los gobernantes de que existe la contaminación. Es decir, tomar conciencia de que el daño es real. Y buscarle -en Venezuela- soluciones prioritarias que podrían empezar por la aplicación de integrales salidas ambientalistas para  la atención de lo más grave: el rescate y la conservación de los lagos de Maracaibo y Valencia, y del río Guaire. Y así debería hacer cada gobernador y alcalde en su ámbito.

Por ello, tanto el gobierno como la oposición en tarea gubernamental deben cuidarse de parecer perdidos en el espacio cuando quieren hacer noticia de nimiedades como la limpieza de la redoma de Petare o con la falsa preocupación por el supuesto incendio de cerro el Ávila causado por los estudiantes manifestantes. Todo esto cuando pareciera que las primeras sanciones habría de imponérselas a sí mismo el Estado por indolente frente al caos ecológico venezolano.

Los gobernantes, de todo tipo y color político, ¡pónganse a trabajar! que la población está harta de discursos y boberías.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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