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CIUDAD OJEDA

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Requiere visión compartida de futuro

 

Conocida como la primera ciudad planificada de Venezuela, Ciudad Ojeda, la tercera población del Zulia, conmemoró setenta años de su fundación. La efeméride trajó la buena nueva de un ensayo que se titula Lagunillas y Ciudad Ojeda continuidad histórica de un espacio social, escrito por el sociólogo Luis González Oquendo, nativo de la Costa Oriental del Lago y doctor en ciencia política de la Universidad Internacional de Andalucía, España. Para ofrecer información sobre el contenido de su trabajo -ganador del Primer Concurso de Ensayo e Investigación Histórica promovido por entidades del Municipio Lagunillas-, González Oquendo respondió un cuestionario. Son veintiocho preguntas, y sus respuestas -que se ofrecen a continuación- orientan sobre los caminos que deberían seguirse para alcanzar un mejor futuro local.

 

DE LOS ORÍGENES DEL POBLADO

¿Cuál puede ser la consecuencia sociológica que tenga para un poblado y sus habitantes que se establezca que su origen procede de una tragedia o que aparentemente surja de la nada porque se le funda a raíz del incendio de Lagunillas de Agua? Digo aparentemente porque Ciudad Ojeda estuvo precedida por una población palafítica que no fue Lagunillas de Agua, aunque el antecedente no haya sido muy divulgado.

Cada grupo social construye sus propios mitos fundadores. A medida que pasa el tiempo, el hecho mismo del incendio se convierte en un referente sin un contenido histórico preciso y verificable. Cuando se buscó darle sentido al suceso del incendio en 1939, se apeló a elementos atávicos. Para la teoría simbólica de la cultura, el fuego tiene un carácter destructor y purificador. Se puede observar cómo en diferentes discursos acerca del hecho -relatos orales, obras literarias, discurso oficial, entre otros- se le dio al fuego la capacidad de destruir una realidad impura y dar paso a una nueva realidad. Por un lado, es el pueblo del pecado y la miseria desplazado por el nuevo poblado planificado y ordenado. Por el otro, la idea del Fénix que renace de sus cenizas. Se ha de recordar que el ave mítica resurgía rejuvenecida.

Más aún, ¿cómo influye que además de ese renacer de ave fénix, tal idea no sea sino otro mito creado por los medios de comunicación?

Tal imagen aparece no sólo en la prensa de la época sino también en los relatos orales e -incluso- en la novelística. Se podría citar el caso de Sobre la misma tierra, de Rómulo Gallegos, así como Mene, de Ramón Díaz Sánchez. Incluso, el uso del fuego aparece en otras novelas del petróleo más antiguas como Mancha de Aceite, del colombiano César Uribe Piedrahita, y mucho más reciente, Morir en el Golfo, de Héctor Aguilar Camín. El fuego está presente en los ambientes dónde existe actividad extractiva, y se ha de recordar que estos espacios no son ámbitos saludables. Ciudad Ojeda fue construida por el gobierno de Eleazar López Contreras quien había señalado en el Plan de Febrero la necesidad de sanear el espacio y urbanizar el país. En este sentido, fue la primera ciudad de Venezuela planificada y construida según los más contemporáneos criterios urbanísticos, naciendo en contraposición a ese otro espacio insalubre con los habitantes del viejo poblado. El fénix, como imagen simbólica, calzó a la perfección y es de fácil captación y recuerdo.   

¿Por qué existe el empeño en afirmar que la población surgió de la nada y cómo afecta esa creencia colectiva sobre la personalidad de la ciudad y el carácter de sus habitantes?

Precisamente lo que se intentó -en el discurso de la planificación urbanística y en la retórica oficial- fue dar la idea de ruptura, el inicio de una nueva era en condiciones totalmente diferentes. Si a ello se agrega la llegada en un período muy breve de grandes contingentes poblacionales, Ciudad Ojeda comenzó a ser visualizada como una nueva realidad, una nueva sociedad.

 

CONCEBIR UN PROYECTO DE FUTURO

En su opinión ¿cómo puede superarse esa distorsión histórica y de qué modo beneficiaría a sus nativos y también a sus residentes actuales? Esa distorsión crea, en mi parecer, una endeble plataforma de arranque, ¿cómo podemos ahora fortalecerla?

No creo que sea necesariamente una distorsión histórica: los hechos se dieron y sólo nos queda comprenderlos para tener una conciencia clara de los mismos. Los mitos -en tanto que relatos con los cuales se intenta explicar el mundo y los hombres- no son necesariamente buenos o malos. A las mujeres y hombres de Ciudad Ojeda, en función de la imagen compartida de polis que deberían tener, les corresponde evaluar qué les sirve y qué no para llevar adelante su proyecto de futuro. Como dijo en algún momento Manuel Caballero: conocer el pasado no garantiza que no tropezaremos con la misma piedra, pero conocerla por lo menos nos ayudará a comprender porqué está allí y de que manera nos impide andar.

Lo que más me preocupa no son los relatos míticos de la ciudad. Lo que me preocupa es que Ciudad Ojeda -en tanto que sociedad- no tiene claro cuál es su visión de futuro compartida.

 

LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

¿Qué fue, qué dejó de ser y qué no será Ciudad Ojeda?

Ciudad Ojeda dejó de ser un espacio social planificado y urbanizado, nunca más lo volverá a ser. Su urbanización atrabiliaria e improvisada ha generado una nueva realidad: una ciudad anárquica de difícil planificación. También perdió la oportunidad de la modernización industrial autónoma de una actividad petrolera cuya centralidad está siendo desplazada hacia otros espacios, principalmente el Oriente del país.

Afirmar que Ciudad Ojeda nunca volverá a ser un espacio social planificado ¿no le parece que es una declaración pesimista?

No es un asunto de pesimismo sino de moderación del optimismo. Ciudad Ojeda fue creada bajo la óptica de la planificación urbana como una disciplina capaz de organizar una nueva realidad, ordenada y óptima. Era una óptica donde se podía tener un pleno control de las relaciones sociales y del espacio construido. Hoy, la planificación urbana asume que es posible intervenir los espacios urbanos, pero no es posible dirigir su construcción ya que, aunque la voluntad de sus habitantes es importante, ni siquiera ellos pueden decidir su futuro a plenitud. El deterioro del crecimiento económico es una variable clave que ellos no pueden controlar. Recuérdese que la rentabilidad petrolera es potestad del gobierno nacional. Asimismo, la planificación urbana no controla hoy la expansión de la ciudad: buena parte de los sectores insertos en la expansión urbana de la ciudad en las últimas dos décadas son barrios, muchos de los cuales se han hecho sin ningún tipo de servicios públicos. Es por ello que hoy se gestiona el espacio, no se le controla.

¿Cuáles oportunidades ha perdido la ciudad?

En función de lo que respondí antes, diría que perdió dos oportunidades: (a)La urbanización planificada; (b)La industrialización autónoma de la actividad petrolera. El primer proceso se dio muy temprano, debido fundamentalmente al doblamiento incontrolado alimentado por una migración anárquica. El segundo proceso es más complejo: la actividad petrolera se hizo central como fuente de riqueza.

¿Conoce usted algún estudio concreto que proponga alternativas de desarrollo económico para la población ante la pérdida de la industrialización autónoma que existió en Ciudad Ojeda?

En verdad no conozco ningún documento. Sin embargo, creo que es necesario documentar el esfuerzo de organización industrial llevado adelante en la década de 1970 y que se conoció como el “Grupo Costa Oriental”.

El empeño en considerar ciudad a una población que es en verdad un pueblo grande, ¿no le parece que es otro error de análisis generador de frustración?

Yo matizaría lo referente a la frustración. Todo el que llegó a Ciudad Ojeda llegó con propósitos individualizados de aprovechar el boom de la riqueza petrolera. Esto es típico de los asentamientos humanos mineros: así como durante la Fiebre del Oro en la California del siglo XIX cada quien buscaba su pepita de oro particular, hubo quienes llegaron a la ciudad a buscar su parte del chorro de petróleo. Una parte de los residentes llegó con propósitos utilitarios y se fueron, para ellos no hubo mayor frustración. La frustración fue para aquellos que se quedaron y se establecieron en el poblado, y tiene que ver fundamentalmente con oportunidades e ilusiones perdidas, muchas veces reales, pero otras veces ilusorias.

Hasta comienzos de la década de 1980, Ciudad Ojeda era vista como un espacio donde la novedad y la innovación así como la riqueza, fluía a todos. Es necesario recordar que la renta petrolera real ha decaído desde 1977 -tal como lo demuestran los estudios de Asdrúbal Baptista-. Asimismo, el crecimiento del empleo petrolero -mecanismo económico inmediato de acceso a la riqueza petrolera- comenzó a no incluir a todos ya que, por ciclos propios de la actividad, ya no emplea tanta mano de obra. Esto conllevo a que, en una situación de población creciente, cada vez más gente trabajara en actividades como el comercio, muchas veces informal. Así, la esperanza de urbanización moderna de Ciudad Ojeda fue sustituida por una urbanización barrial que deterioró el espacio urbano y, en algunos casos, la calidad de vida de la población.

 

PRESENTE: BASE DE FUTURO

¿Cómo superar el trastorno que significa que parte de la historia del poblado esté montada sobre investigaciones periodísticas hechas de muy buena intención pero que no han atendido a investigaciones documentales rigurosas?

Sencillamente incentivando la investigación de Ciudad Ojeda como un espacio social. Creo que la ciudad es un espacio interesantísimo de investigación histórica y antropológica, pero también hay un presente que requiere ser estudiado tanto en términos urbanísticos como sociológicos. El asunto no está sólo en comprender el pasado sino abordar el presente para ayudar a construir el futuro.

Se han hecho algunas cosas interesantes. Por ejemplo, es posible ver trabajos de intervención urbana desarrolladas por la Facultad de Arquitectura y Diseño de LUZ. En Internet incluso hay algunas propuestas para El Danto elaboradas por el profesor Ricardo Cuberos. La Unidad de Antropología de LUZ también ha realizado algunas contribuciones, tanto en investigaciones como en tesis de grado. Yo mismo, en el marco del Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos, llevo cinco años desarrollando un programa de investigación, esfuerzo que está llamando la atención del grupo de investigación en historia regional.

Lo que recomendaría es que se creen programas estables de investigación con financiamiento tanto del sector público municipal como del sector privado. El financiamiento a través de lo estipulado en la Ley de Ciencia y Tecnología podría ser muy importante. 

A pesar de la pérdida de oportunidades, Ciudad Ojeda es hoy, con sus defectos, un espacio vital económica y socialmente, ¿cómo encaminarse a partir de allí, corregir y enderezar el rumbo y crearle futuro?

Para bien o para mal, los errores no se eligen: sólo se cae en cuenta de ellos de manera retrospectiva, cuando vemos el pasado. Como ya lo he señalado, lo que me preocupa es que no existe una visión compartida de futuro. Lo ideal sería que fuese un proyecto social con la participación de todos. Sin embargo, no creo que exista ni siquiera una visión de futuro de élites. Durante la década de 1960 y 1970, existía una élite local que promovió cambios y la construcción de un espacio comunal. En términos económicos, esto se vio en la constitución de la Zona Industrial; en términos políticos, en la constitución del Distrito Lagunillas.

Hay una población y una historia de la Costa Oriental del Lago (COL) anterior a la presencia petrolera, pero la pregunta que debe hacerse es ¿qué influencia cultural y social tiene en las realidades del presente si bien sabemos que no entró en el proceso digestivo de la sociedad que vino después?

Ninguna, y esto no es un problema. La Otra Banda -nombre como se conoció a la COL hasta principios del siglo XX- era un espacio totalmente marginal. Después de Maracaibo, la zona más importante del estado Zulia era el Sur del Lago de Maracaibo. La actividad petrolera convirtió a esta zona tanto en un referente económico como urbanístico y poblacional.

¿Cómo afecta a la investigación sociológica la carencia de la historiografía local?

Es posible estudiar sociológicamente a Ciudad Ojeda sin tomar en cuenta su historia local. El problema es que se tendría sólo una visión totalmente descriptiva y ahistórica: no se tendría claridad de los procesos causales que a lo largo de las últimas siete décadas han configurado y moldeado procesos que se han concretizado en la realidad de hoy.

 

DEFINIR UN PROYECTO DE SOCIEDAD

¿Qué se puede hacer desde el punto de vista de la sociología para sacar a la COL y a Ciudad Ojeda del marasmo social y general? ¿Cómo hacerlo sin la intervención de los entes del estado central o regional? Se expresa así la pregunta porque está visto que el Estado no generará, por ahora, cambios positivos.

Tanto el sector público -tanto nacional como local- como el sector privado pueden contar con especialistas de las ciencias sociales para organizar y desarrollar procesos sistemáticos de intervención social. Existe la tecnología social de intervención, pero les corresponde a los actores sociales y políticos definir cuál es el proyecto de sociedad a construir, hacia dónde ir.

A los mismos fines, qué sugiere usted hacer desde la literatura y el periodismo, como gestiones independientes, para colaborar con ese objetivo. ¿A dónde llevar ese planteamiento?

No estoy seguro de cómo responder a esta interrogante. A la literatura le corresponde crear relatos y al periodismo recoger las voces y hacerlas visibles. En ambos casos, creo que les corresponde presentar interpretaciones que incentiven la reflexión sobre lo que se ha sido y lo que se puede ser.

 

¡AL RESCATE DEL PASADO!

Más allá de Asociación de Comerciantes e Industriales del Municipio Lagunillas (ACIL), la Sociedad Pro La Guardia, del club Ítalo, de la energía desbordada en torno a San Benito, así como del entusiasmo de otras asociaciones y sindicatos, ¿qué hacer para que la gente retorne a la unificación de esfuerzos para la obtención de logros? ¿Dónde hallar los líderes de la comunidad del porvenir? ¿Cómo educarlos para el hacer?

El surgimiento de élites o grupos dirigentes es un proceso que es totalmente contingente en términos históricos y sociales. Sencillamente se hacen visibles cuando llegan a crear relatos alrededor de los cuales todos terminan organizándose y concretizando objetivos. Es la gente la que otorga legitimidad a los proyectos sociales compartidos, éstos no se decretan. Sólo a posteriori se podrá saber quiénes en verdad terminaron teniendo una obra que -aunque no sea perdurable- tenga frutos y resultados por muy pequeños que sean. Sólo me referiré a dos casos entre otros: el Centro Comunal de Ciudad Ojeda en la década de 1960 y la misión de Fe y Alegría que se estableció en barrio Libertad. 

Usted lo ha dicho, es “un proceso totalmente contingente en términos históricos y sociales”, pero en términos prácticos para adelantarse a la búsqueda de soluciones, pareciera que se podrían -a modo de ejemplo- ubicar líderes tempranamente y formarlos. La pregunta es ¿qué solución concreta se puede buscar en lo inmediato, para adelantarse a salidas futuras de más profundidad?

Las sociedades no operan en el vacío, tampoco se sientan a esperar que sus líderes emerjan por casualidad o de repente. Hoy hay líderes, nos gusten o no, estemos de acuerdo con ellos o no. Toda sociedad, de una u otra manera, independientemente de todo lo participativa o colectivista que pueda ser o se diga, tiene líderes, grupos sociales o sujetos que han generado un proyecto que logra convencer al colectivo y lo moviliza en función del mismo como una visión de futuro.

Esta definición de “líder” da cuenta de lo que en algún momento se llamó “élite”, término poco apreciado en tanto que parecía dar cuenta de un grupo diferenciado y desigual que se imponía al colectivo. La desigualdad social dependerá del nivel de participación de los ciudadanos. En todo caso, todo grupo social ha necesitado que alguien genere una visión de futuro compartida.

La solución más inmediata es que el actual liderazgo o la élite de la ciudad -como quiera que se les diga- tenga acceso a propuestas alternativas y que las escuchen. Estas propuestas, discutidas públicamente, pueden venir de los grupos sociales o de especialistas. Los líderes no tienen por qué ser ellos mismos ilustrados, pero indudablemente deben ir más allá de lo inmediato para pasar a una visión de mediano y largo plazo. Asimismo, deben ser capaces de escuchar.

La solución de mediano y largo plazo es incrementar -en términos colectivos- el nivel de educación. Un estudio reciente del Proyecto Pobreza de la Universidad Católica Andrés Bello obtuvo un resultado aleccionador. Partiendo de la idea de que una sociedad en la que imperan los valores que la modernidad, promueve la modernización, se propuso entonces estudiar cómo éstos se distribuyen entre los diferentes estratos de la población venezolana. Lo grave no está en el hecho de que los valores no-modernos imperaran en los sectores más pobres: esto se asumió como algo normal. Lo grave estuvo en que en los estratos más altos de la vida nacional -aquellos en que están los empresarios, políticos, es decir, las élites y clases dirigentes del país- tendían a predominar valores no-modernos. Es esto a lo que hago referencia. Claro, no puedo afirmar que este sea el caso de Ciudad Ojeda, ya que no se ha realizado ningún estudio al respecto. Lo que señalo es que un colectivo social en el que predominen valores modernos debería tener una visión más proactiva de su futuro.

¿Cómo enorgullecerse o sencillamente darse por enterado de unos orígenes que no son del conocimiento público ni se han dado a conocer en los aspectos que pudieran constituir sus ventajas? Más específicamente ¿de qué manera puede contribuir ese pasado en la promoción de cambios positivos en la conducta colectiva?

Es importante la preservación del patrimonio construido. No sólo el referente a los grandes hitos urbanos -por ejemplo, las plazas o el edificio de la prefectura- sino también algunos referentes cotidianos. Aún en Ciudad Ojeda quedan algunas casas-granja que muy bien podrían ser museos de la historia de la ciudad.

Es también necesario rescatar el patrimonio humano. Los hombres y mujeres de hoy -no sólo los de Ciudad Ojeda- tienden a otorgar excesiva importancia a la contemporaneidad. En algunos casos, algunas figuras históricas tienden a mantenerse en la memoria sin saberse por cuánto tiempo: en estos casos están Ezio Rinaldi y Nolberto Lizardo. Otros nombres están progresivamente siendo enviados al olvido, como serían Mauro Lepore y el Padre Antonio Olivares. Pero para llegar al olvido no es necesario morir: es increíble cómo en la reciente celebración del aniversario de la ciudad no se recordaron personalidades que aún viven y que llegaron a realizar grandes contribuciones a la ciudad. Un caso sería, por ejemplo, la señora Graciela de Rincón, directora por muchos años del Centro Comunal de Ciudad Ojeda, quien vive una honorable ancianidad en Maracaibo. Todo grupo social requiere construir sus relatos justificadores. En éstos, el rescate de sus héroes cívicos constituye un elemento motivador importante.   

También podría rescatarse la historia de los diversos grupos migrantes. Un área expositiva debería encargarse de dar cuenta -en primer lugar a los escolares- de cómo diferentes grupos humanos diferentes ayudaron a construir lo que hoy es un solo pueblo.

 

DESARROLLO URBANO: MATERIA PENDIENTE

¿Por qué no se ha dado la integración entre las poblaciones y los campamentos petroleros? ¿Qué recomienda a cada sector?

Aunque desde la década de 1970 se habla de la apertura de los campamentos petroleros, esto constituye un proceso aún inacabado. Es verdad que Tamare es hoy el sector norte de Ciudad Ojeda, siendo la falta de integración con los barrios aledaños el resultado de una distancia social generada por las diferencias de ingreso. Sin embargo, espacios como los campamentos de Lagunillas siguen siendo ámbitos cerrados en tanto que son espacios insertos en áreas industriales. Otros casos -por ejemplo, urbanización Inamar- fueron construidos como urbanizaciones cerradas. Cada caso es particular y requiere medidas particulares.  

¿Qué es lo que no ha permitido que el crecimiento ordenado de Ciudad Ojeda se dé, y que en la realidad no se acoja el estudio que se ha concebido para su ordenamiento territorial a partir del modelo comunitario conformado por Tamare, uno de los pocos sectores de verdad urbanizado y sobre el nivel del lago, que desde su existencia es una estratégica localidad extensible hacia el este de la región en dirección de la carretera Lara-Zulia, según un estudio de la Universidad Simón Bolívar y de la ex operadora Lagoven que fue realizado en 1985?

Quienes han hecho planificación urbana saben muy bien que las ciudades son unidades dinámicas sobre las que se pueden hacer propuestas esperando con la mayor esperanza que lleguen a funcionar. Toda ciudad es una construcción de su gente, no de los planificadores urbanos. Ciudad Ojeda ha experimentado constantes flujos migratorios que han de ubicarse en algún lugar, muchas veces de manera autoconstruida sin ninguna provisión de servicio público y sin ninguna previsión y ordenación. Buena parte de esta construcción social se realiza de manera autorreferente, sin tomar en cuenta las dinámicas económicas que -en términos lógicos- deberían darle sustento. Así, mientras se sigue teniendo la idea de la riqueza petrolera de Lagunillas, la producción de la misma está siendo reducida.

Su respuesta explica precisamente la improvisación, ¿pero qué se puede hacer para terminar con ésta? Tamare fue siempre una comunidad abierta. Se creó bajo ese concepto. Y luego se pone en las manos de las autoridades un plan, y no hay acción, sino que se engaveta. ¿Qué hacer en lo inmediato más allá de la denuncia de estas defiencias?

En lo más inmediato y técnico, un Plan de Desarrollo Urbano Local bien hecho. Éste sólo sería posible concretizarlo a partir de la voluntad política de grupos dirigentes. Otras medidas serían de más largo plazo.

¿Se puede seguir viviendo de un espejismo de progreso? ¿Qué plantea la sociología como recomendación para alcanzar de fondo el verdadero desarrollo de los pueblos?

Si, hasta el momento que la realidad material te dé en la cara.

Ciudad Ojeda continúa siendo una población que lleva una vida dependiente del no renovable recurso petrolero, ¿qué recomienda la sociología para superar esa tutela? ¿qué recomienda concretamente el ensayo que usted ha escrito y ha sido premiado o cuál es su propia visión profesional?

En la década de 1970 se intentó desarrollar un esfuerzo de industrialización asociada a la producción de bienes para la urbanización, por ejemplo la fábrica de transformadores eléctricos, la planta siderúrgica. Esto se llevó por la iniciativa de una élite económica de clara visión modernizadora. Es necesario que surja algún grupo social con un proyecto de futuro con legitimidad social. En mi trabajo no propongo ninguno en particular, sólo doy cuenta que en algún momento esto fue posible.

Son impresionantes las cifras de crecimiento de poblacional de Ciudad Ojeda entre 1950 y 1961 que usted suministra en el ensayo. ¿Qué se hizo entonces para facilitarles vida integral a sus habitantes? ¿Qué se dejó de hacer? ¿Qué se puede adelantar hoy para que sus habitantes tengan futuro? ¿Por qué no se ha retenido en la región al talento que llegó o allí nació y luego se fue a otras regiones y países?

La movilidad social horizontal -aquella que se da entre regiones- es un fenómeno determinado por las condiciones materiales de existencia: la gente va a dónde haya trabajo y pueda acceder a riqueza. Del mismo modo como el Zulia en algún momento fue sitio de atracción para lugareños de otros lugares, hoy hay nuevos focos de atracción poblacional. Así, por ejemplo, con la expansión de las actividades petroleras en el Oriente del país, un grupo importante de zulianos o antiguos residentes en el Zulia se ha radicado en Anzoátegui y Monagas. Entre 1950 y 1970, la abundancia de trabajo debido a la expansión de las actividades de exploración y producción ofreció trabajo bien remunerado que permitió a la gente condiciones adecuadas de vida. 

¿Qué se puede proponer que se haga desde las acciones de carácter religioso que son bastante activas en la región, para introducir motivaciones y cambios de conducta?

No se ha demostrado la existencia de una correlación entre la variable religiosa y el nivel de desarrollo. En todo caso, toda práctica religiosa podría contribuir -cosa que no se puede garantizar- a construir un sentido de la moral solidaria. Esto es importante en un espacio social donde tiende a predominar prácticas individualizadas.

¿Será posible construir futuro desde manifestaciones religioso-folclóricas como San Benito?

Preferiría la construcción de “visiones de futuro” creadas a partir de la acción colectiva de los ciudadanos. Hablo de visiones en plural ya que creo en la construcción social de la ciudad, no en proyectos de futuro que vengan de una élite esclarecida. Creo en la acción colectiva, porque implica participación democrática. Creo que a la dirigencia política y social le corresponde promover estas visiones de futuro, no imponerlas.

Con respecto a la tradición y la religión como fuentes posibles de futuro, comparto más bien posiciones seculares. La secularización es un proceso social en el que la gente -independientemente de su fe religiosa- asume que tiene control y decisión de su vida y que ésta no depende de las prescripciones de la tradición o de lo trascendente. En esto me asumo partidario de la modernidad.

 

¿Cómo darle cuerpo y proyección a la cultura propia de la región sin excluir la influencia inmigrante, sino más bien haciendo una mixtura entre todos los factores?

Creo que los distintos grupos inmigrantes ya contribuyeron a crear una cultura propia de la región: extranjeros se unieron a margariteños, falconianos y andinos para constituir junto a los antiguos residentes una nueva realidad social con ciertos rasgos idiosincráticos.

 

LA CLAVE: AGRUPAR Y MOVILIZAR

¿A qué apunta usted en su ensayo cuando concluye que es necesario reconstruir en Ciudad Ojeda el sentido de comunidad que tiende a perderse, y añade que la idea sería que Ojeda vuelva a ser una construcción social de sus ciudadanos, no sólo una ciudad que crece sin sentido?

Se ha tendido a ver a los pueblos mineros y de inmigrantes como sociedades en las que prevalecen los intereses particulares frente a los intereses del colectivo. Sin embargo, en el pasado hubo muestras de cómo se llevaron adelante proyectos de futuro que se concretizaron en nuevas instituciones para la ciudad. No estoy seguro que hayan sido las mejores opciones. Tampoco puedo asegurar que hayan sido proyectos construidos y legitimados socialmente o, en el peor de los casos, que fueran en verdad intereses particulares presentados como comunitarios.  

Edward C. Banfield habla de esta situación cuando se refiere al «familismo amoral». Con este concepto da cuenta de la situación en la que los individuos buscan incrementar a corto plazo las ventajas materiales del núcleo familiar, suponiendo que todos los demás hacen lo mismo. En una sociedad de familistas amorales, nadie seguirá los intereses del grupo o de la comunidad a menos que éstos cumplan los suyos propios.

No he realizado estudios culturales que permitan afirmar que ésta es la situación efectiva. En todo caso, como partidario de una construcción democrática del orden social, planteo la necesidad de que la participación de los diferentes grupos sociales de la ciudad permita la construcción de un relato de futuro capaz de agrupar y movilizar para concretizar acciones. Ahora, ante la ausencia de un acuerdo social general, es necesario que algunos grupos sociales sean capaces de hacer propuestas a partir de lo cual  discutir.

Sea de una o de otra manera, creo que es necesario construir un sentido de comunidad. Y se es comunidad cuando, precisamente, hay un sentido compartido del futuro.  

 

Manuel Bermúdez Romero

 

Martes, 20 de Enero de 2009 16:23 Manuel Bermúdez Romero #. sin tema

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gravatar.comAutor: Reinaldo Rincon

El trabajo de González Oquendo sobre la historia de Lagunillas y Ciudad Ojeda, me parece un encomiable esfuerzo por reconstruir la vida de una pujante comunidad como es Lagunillas. Aunque existen algunas lagunas, aunque pequeñas, que en una reedición pueden subsanarse. Por ejemplo cuando se tratan los pioneros de la educación en Ciudad Ojeda no debe pasarse por alto la labor de la maestra Carmen Sánchez (a) La Maestra Capa y su Colegio Nuestra Señora del Carmen fundado en el sector La Tropicana en la década de los 50. Saludos

Fecha: 22/01/2014 19:11.


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