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Contextos

Bola de saliva

 

Lo peor que le haya podido pasar a la pelota venezolana de todas las categorías es que un Presidente tan extremosamente “wild” como el actual, extraiga del vocabulario de este juego los términos para explicar sus planes reeleccionistas.

La decisión es dañina porque al béisbol, que es una de las pocas fuentes de felicidad actual para los venezolanos y desde hace mucho casi la única actividad que nos brinda verdadera gloria, se le trastorna su esencia cuando un farsante la utiliza para dar sus “líneas por todas las bandas”.

Líneas que no representan sino un asqueante mal uso de la jerga para referirse a flaycitos engaña-incautos que no se han dado cuenta de las malas artes del bateador de turno.

Malo malo para el espíritu del béisbol resulta que un “ponche cantado” al salir al bate como lo es el Presidente, apele suponiéndose estrella grande liga a los términos de nuestro deporte más popular lleno de verdaderas glorias a quienes no se nombra para no degradarlas colocándolas al lado de un “maleta” grotesco al que basta verle hacer unos lanzamientos con su zurda trancada, para darse cuenta de que ni siquiera el brazo aprendió a soltarlo, es decir, que ni la spalding sabe tirar este histrión reincidente.

Ofensivo es a los mejores sentimientos peloteriles venezolanos que un jugador que estaría relegado a la banca en cualquier equipo clase A medianamente bueno del antiguo amateurismo criollo, con la jerga del béisbol manipule una emoción deportiva para engatusar al pueblo con la inconstitucional intención de ir a extra innings teniendo el juego perdido.

Del mismo soberano beisbolero de pasión que no se deja engañar, habrán de salir las expresiones precisas que dejen nuevamente en el círculo de espera al más ponchón de todos los Presidentes de nuestra historia.

Manuel Bermúdez Romero

 

 

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