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Así está el Metro

Así está el Metro

 

El ordenado Metro capitalino que usted conoció, no es hoy el mismo. Y elaborar un texto corrido sobre el tema no es una lectura liviana, motivo por el que enumeramos sus defectos visibles al usuario:

1.      Con harta frecuencia hay escaleras eléctricas que no funcionan, y otras que aparentemente se dañaron para siempre, porque tienen meses paralizadas, como la que está en la salida del extremo este de la estación Chacaíto.

2.      Abundan en el Metro las estaciones que se quedaron sin aire acondicionado. Y cuando coinciden una estación y un vagón sin aire, pues suda el viajero más que un “cocío” y el lugar ofrece un aire espeso ideal para cultivar las cepas de la gripe AH1N1 que ya llegó a nuestro territorio. ¡Dios nos cuide!

3.      Muchos de los contadores de las ruletas no funcionan, lo que equivale en la práctica a  que el usuario que adquiere un boleto multiviaje desconozca cuántos recorridos le quedan mientras los va consumiendo o cada vez que retorne para usar el servicio.

4.      Esas ruletas de acceso dan señales en verde que sin embargo no permiten el paso (las ranuras no aspiran el ticket), y señales rojas que sí lo permiten. Es decir, el mundo al revés. Imagínese usted el descontrol y “las galletas” que el “cambio de seña” origina en las horas pico cuando están las masas concentradas frente a esos aparatos apurando por pasar para partir a sus destinos.

5.      No obstante que el lema del Metro es “Motores a máxima revolución”, éstos como que se fundieron, porque la frecuencia de los trenes es menor que antes y usual que el tren arribe a una estación y entonces demore en arrancar o avance, pero vaya parándose dentro del túnel. Actualmente es común encontrarse trenes que andan deteniéndose como carro que falla. El exceso de usuarios o la carencia de trenes hace que en las horas pico el egreso-ingreso a los trenes sea  a los empujones y casi que a los trancazos (hay videos circulando en Internet que lo demuestran). Desconocemos qué origina la menor frecuencia de las unidades, pero no ocurría antes tan seguidamente.

6.      Se encuentra ahora alguna basura y algunos chorreados dentro del Metro. Presumimos que por falta de control en el acceso de personas que ingresan ingiriendo comestibles o bebidas. Es posible que sea también porque la capacidad del Metro se copó. Lo cierto es que la suciedad de hoy contrasta con el esmero anterior por mantener limpias las instalaciones.

7.      No hay control sobre el volumen de la música, y ya no es instrumental, sino venezolana y la mayor parte llanera y cantada. Lo del estilo musical no estaría mal si a bajo volumen se transmitieran las canciones y fuesen criollamente variadas. El punto es que casi siempre es un escándalo cantado por gañotes recios que no dejan escuchar los ruidos naturales del ambiente e, incluso, el suave sonido de la sirena que anuncia el cierre de las puertas de los vagones, lo cual no deja de ser un riesgo.

8.      Los contenidos de los mensajes informativos o preventivos dejaron de ser cordiales e inteligentes, como aquel que recordaba que: “Llevar sencillo es más sencillo”. Por lo regular los mensajes hoy tienen un tono de orden.

9.      Se encuentran vagones a los que le faltan asientos, es decir, que más gente viaja de pie.

La gerencia profesional que antes cuidó el buen funcionamiento del Metro, ya no está. Y sin bien el deterioro comenzó antes de que arribase el chavecismo al poder, el Metro actual está peor que nunca. No funciona bien, pero como es usual cuando las cosas andan mal, sí hace el Metro alarde publicitario y entonces el viajante consigue anuncios en los vagones que son una burla, como el que reza: Para la revolución el mantenimiento del Metro es una prioridad.

Primero, la afirmación es mentirosa y comprobable al nomás descender en el subterráneo y, segundo, ¿quién ha dicho que el mantenimiento tiene ideología? ¿Quién es el que piensa que mantenimiento es un concepto comunista, capitalista o socialdemócrata?

Es otra pieza del cretinismo publicitario del “Gobierno de la Involución Bolivariana” que sobresale por una ineficiencia sin parangón dentro de la mediocridad histórica gubernamental venezolana.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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