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Contextos

 

No soy chavista ni por equivocación, pero del caos global que atraviesa Venezuela, los responsables somos los venezolanos. La deducción es obvia y puede resultar un lugar común, pero no tomamos conciencia del asunto.

No hay que ser un lince para saber que la carencia de fluido eléctrico que enfrenta el país venía, al igual que viene mayor escasez de agua potable, desorden educativo, de la salud pública y privada, del transporte masivo, y carencia y carestía de comida que nos lleva al hambre colectiva.

Todos esos males venían en marcha y es verdad que la supina ignorancia de Chávez los ha precipitado y los profundizó, sin embargo, preguntémonos qué responsabilidad puede tener el actual gobierno y su cabeza en los siguientes asuntos:

 

-        Que usted vaya a un banco Mercantil y ninguno de seis cajeros electrónicos funcione. No es nada contra el Mercantil, igual ocurre en todos los bancos privados y del Estado.

-        Que un conductor en la vía corneteé a quien conduce adelante porque no avanza con la luz verde, pero él va manejando y hablando por el celular.

-        Que en la esquina del cruce de salida del Centro Médico Docente La Trinidad, en Caracas, casi diariamente haya feos choques porque alguien con “licencia para matar” se traga la roja.

-        Que las playas venezolanas sean cloacas y las costas basureros.

-        Que usted vaya a ser operado en una clínica privada en un día acordado con médicos autorizados, y cuando llega a la cita nadie sabe de qué se le intervendrá.

-        Que las salas de baño, no sólo de entidades públicas, sino de empresas, sean un asco.

-        Que el señor que en un sanitario público se queja porque no hay papel para secarse las manos, no “baje la bomba” al orinar.

-        En fin, que millones de venezolanos sean críticos frente al abuso del conciudadano, pero absolutamente laxos cuando los infractores son ellos, lo cual es muy propio de la más pura conducta chavecista.

 

Resumen: Chávez es uno más con características de comportamiento similares a los de una buena parte de los venezolanos y, lamentablemente, llegó a la Presidencia de la República.

Conclusión: Mirémonos más introspectivamente en nuestras conductas cotidianas para que, autoevaluándonos, busquemos un cambio definitivo que deberá partir del interior de cada uno de nosotros. El cambio solamente vendrá cuando cada uno se dé cuenta del daño que causa diariamente. Y la solución no es mágica, lleva tiempo y tiene nombre y apellido: Educación Ciudadana.

Manuel Bermúdez Romero

 

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