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¡Viva Colombia!

¡Viva Colombia!

 

Aún a sabiendas de que es fuente de cocaína y marihuana para el mundo, ¡qué Viva Colombia! porque hace un esfuerzo genuino por superar sus males y miserias.

Reconociendo que Álvaro Uribe Vélez sufre igualmente de megalomanía que lo conduce a pretender eternizarse en el poder, ¡qué Viva Colombia! pues allá los poderes públicos continúan siendo autónomos, funcionan y podrían frustrar sus intenciones.

¡Qué Viva Colombia! porque no descarta demandar a Hugo Chávez y a Rafael Correa en tribunales internacionales por el apoyo a las FARC y a las prácticas terroristas y narcotraficantes de esa organización que amenaza Venezuela y la -hasta hace poco- sana vida general de los venezolanos, afectando particularmente a los pobladores de la frontera.

¡Qué Viva Colombia! por varias otras razones, como que en el Zulia a principios de los años 70 del siglo pasado, las mejores crónicas periodísticas y reportajes, los estudiantes de periodismo de La Universidad del Zulia las podíamos leer en los diarios bogotanos El Tiempo y El Espectador expendidos en determinados puestos de periódico en esquinas específicas de las avenidas Bella Vista y 5 de Julio, en Maracaibo.

Viva porque a través de las estaciones Sutatenza, La Voz del Río Cauca y Caracol, después de las doce de la noche y residiendo en Tamare, conocimos lo que era la buena radio, con buena música, contenido social, de alfabetización, agropecuario, comunitario deportivo e informativo que contrastaba con el atosigante adoctrinamiento ideológico de Radio Habana Cuba transmitiendo desde El Vedado, en el supuesto “Territorio Libre de América”.

¡Qué viva Colombia! porque también por las ondas de sus radios supimos de la cumbia, del porro, de los bambucos y guabinas como complemento de nuestras contradanzas, danzas, chimbángueles y gaita. Igualmente debido a que por medio de éstas conocimos las amorosas letras de la poesía vallenata original que se ha tornado novedad  latinoamericana modernizada en las interpretaciones de Carlos Vives.

 

Es un amor que nació profundo / limpio como se ve la nevada / de misterio está lleno el mundo / no sé qué sentirá tu alma.

                                                         

Viva el hermano país por sus creadores musicales inolvidables, como Luis Eduardo “Lucho” Bermúdez y el dueto Garzón y Collazos, también por Totó, La Momposina;  el poeta Eduardo Carranza y los periodistas Daniel Samper Pizano y Juan Gossaín, todo lo cual nos dejó percibir que más allá de México y de la Argentina que nos llegaban en enlatados por la TV y en rancheras y tangos radiados, había otro rico mundo cultural latinoamericano radicado a pocos kilómetros y -lo mejor- que está recostado allí cerquita, al otro lado de la Sierra de Perijá, en Valledupar, Departamento del Cesar.

¡Viva Colombia! porque por la banda del noroeste desértico del Zulia, alcanzábamos por tierra más rápido y barato –entonces10 pesos por bolívar- las playas de Santa Marta ubicadas en la urbanización-balneario El Rodadero, y a Cartagena de Indias, ambas ciudades más cerca que Barquisimeto y Valencia, respectivamente. Y así, los jóvenes fronterizos de entonces sin recursos para ir frecuentemente a los Estados Unidos o Europa, podíamos ampliar nuestra mirada geográfica, paisajística y cultural.

¡Vivan Colombia y Venezuela! unidos porque somos la misma gente con acentos distintos, pero de maneras, gustos, religión, ideales, música y costumbres semejantes, y porque mantenernos juntos consolidando la hermandad entre los dos países, sí constituye un verdadero ideal bolivariano.

¡Viva Colombia! por su literatura, por el empeño que el Estado colombiano pone al cuidado de su historia, cultura y arquitectura, por la telenovela Las Juanas y las hermosas mujeres que la protagonizaron; por Álvaro Mutis, Plinio Apuleyo Mendoza, Héctor Abad Faciolince y Andrea Echeverri.

¡Viva Colombia! porque el Presidente Álvaro Uribe Vélez, al margen de sus aspiraciones desmedidas, le hace contrapeso a los afanes mesiánicos del comandante Hugo Chávez y al perturbador propósito de imponer en Centro y Suramérica el socialismo autoritario y autócrata que representa.

¡Qué viva mil veces Colombia! en el sentir de los venezolanos, quienes deberíamos estar orientados a rechazar la desquiciada intención guerrerista del chavecismo en contra nuestra querida hermana república, apelando al falso argumento de la invasión del imperio estadounidense, y sin que permitamos  el chantaje de que se nos quiera avergonzar acusándonos traidores de la Patria porque procuramos con nuestra protesta la paz entre las dos naciones.

¡Oh gloria inmarcesible¡ / Oh júbilo inmortal! / En surcos de dolores / el bien germina ya.

 

 

Manuel Bermúdez Romero                                     

 

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