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Mujeres que son una esperanza

Mujeres que son una esperanza

 

A mis sesenta años y canoso como soy, me ha ocurrido que en Chacao intentó vejarme en una cafetería un motorizado que me llamó “viejo cochino”. No echo el cuento completo para no hacer el ridículo de alardear de guapetón a la edad que tengo.

Igual me ocurrió en el Metro -y lo que pasó me lo busqué-, donde harto por la ineficiencia de un servicio de transporte que era de primera, con el andén repleto de gente agotada y sudada en la espera por un tren que cada día tarda más en arribar, grité con toda la mala intención dos veces a todo pulmón y con sorna:

 

¡Viva la revolución!

¡Viva la revolución!

 

Fue para ver si la gente despierta. La respuesta casi inmediata fue que “los hombres pobres de la pobrería” que es la clase social que mayoritariamente utiliza el Metro y la más perjudicada por su pésimo funcionamiento, comenzó a gritarme insultos, pero el adjetivo que más repetían era viejo:

 

Viejo pendejo, viejo bolsa; viejo, tú debes ser adeco; viejo, vete para los Estados Unidos (éste adivinó).

 

La palabra viejo pronunciada ofensivamente define la postración de nuestra sociedad. Se ve la vejez como condición de la que debemos apenarnos. Imagino que no piensan en su padre o madre cuando la gritan. Quien -con o sin verdad- nos llama viejo con tono insultante es un agresor consciente de que no corre mucho riesgo, una gallina.

Sin embargo, dejo fe de que en el mismo Metro yendo de pie dentro de vagones atestados, siempre mujeres también pobres y bastante más jóvenes que yo, cariñosamente me ofrecieron varias veces asiento diciendo por ejemplo:

“Abuelo siéntese”.

Me invitaban hasta con ternura por el tono que daban a la voz, mientras dejaban el puesto en el que venían menos incómodas. No siempre lo tomé, pero les agradecía el gesto por el sentido de humanidad implícito y que habla de una conducta que si se hace colectiva debería salvarnos en varios sentidos.

Buenas mujeres, mujeres buenas que están en diversos campos profesionales, como Liliana Ortega, Rocío San Miguel, Lía Bermúdez (no tiene ella vinculación familiar conmigo), María del Pilar “Bonny” Simonovis, la periodista Argelia Ríos y muchas otras que actúan en sociedad; las muchachas estudiantes que están yendo a la calle con los varones a dar la pelea por salvar el país, son una de nuestras más grandes esperanzas.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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10 comentarios

Manuel Bermudez Romero -

Hola Ismar. Si mi artículo lo lograra, me complacería. Mi intención es que por lo menos la gente lo piense, especialmente los hombres jóvenes y maduros quienes probalemente piensan que "van a quedar de semilla", una manera que tenía mamá de expresar que suponían que no iban a envejecer.

Saludos.

Ismar Sosa -

Sr. Manuel:
Excelente ensenanza dejan sus lineas y nos compromete ser mejores madres para realmente hacer un cambio dentro de nuestra sociedad. Saludos y un abrazo, Ismar

Manuel Bermudez Romero -

Gracias Aniela. Estoy modestamente en la tarea de crear conciencia a través este todavía más modesto blog. Recibe un abrazo.

Aniela -

Tío,
Como exelentes como siempre los tres últimos artículos.

Muchos cariños,
Aniela

Inma Cuevas -

Un articulo que nos llama a la reflexion, y creo que somos nosotras las mujeres las que tenemos la mision de revertir estas conductas, y digo nosotras las mujeres porque somos las que engendramos y las encargadas de llevar el hogar y encaminar los hijos, es un trabajo dificil pero no imposible.
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Manuel Bermúdez Romero -

Pedro, absolutamente cierto. Lo vemos primero en nuestras madres, luego en las hermanas, y más tarde en nuestras esposas e hijas.

Saludos.

Pedro Acevedo -

Muy cierto Manuel. Las damas parecen tener una mayor capacidad de resistencia a la adversidad, como sea que se manifieste, mientras los hombres vomitamos nuestra triste frustraciòn hacia la responsabilidad de otros. Fìjate el presi, buen ejemplo.

Manuel Bermudez Romero -

Respondo a Elsa y Aida. Las mujeres en Venezuela están mostrando la valentía necesaria, aparte de la bondad que consustancial con la mayoría de ustedes.

A Aida le digo que la amenaza no pasó de eso. Y otra cosa, puede ser que me quite la barba de candado, no por miedo a las agresiones, sino para dejar ver la edad que tengo.

Saludos.

AIDA -

Manuel,
Tienes toda la razon. La vejez
es algo que no puedes evitar.
Pero todos deberiamos sentirnos felices de llegar a
ella con dignidad y orgullo.El
pasar por diferentes etapas de tu vida, ganandote el derecho que te dan tus canas.
Es una lastima que no exista ese respeto por la persona mayor. Justifico tu reaccion.
Lo que aprendimos de la generacion anterior era justamente ese respeto y amor por las personas de edad avanzada. Parece que todo se ha perdido, llegando a usar la palabra 'viejo' como ofensi
va.Menos mal que no te quedaste porque a lo mejor
terminan 'linchando al viejito'

Elsa -

Excelente artículo Manuel. Ya se lo estoy enviando a mis amigas, las cuales estoy segura que te lo agradecerán ya que muchas piensan que en este país, pareciera que los pantalones los llevamos nosotras y no los hombres. Sobre todo cuando se refiere a enfrentar los abusos a los cuales estamos expuestos todos de parte del gobierno.
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