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Contextos

Henri te vas a joder

Quienes defienden las groserías en el habla habitual, estarán empezando a entender lo ofensivas que pueden ser, e inadecuadas, por degradantes y por otra cantidad de malos efectos que se resumen en un etcétera, dentro del cual el más grave daño es el deterioro que se causa al idioma.

Hoy la mayoría de los criollos no sabe qué significan las palabras ventoseado y flato, la única que conocen es “peo” y la dicen abiertamente donde mejor les parece, también como sinónimo de conflicto, pleito, discusión.

La persona que usa groserías en cualquier circunstancia para expresarse, para dirigirse al contertulio, se acostumbra a hacerlo y las suelta con naturalidad o prepotencia según su actitud, llegándose a un grado de frecuencia en el uso que conduce a que el hablante no sepa dirigirse a nadie sino con palabrotas.

Al principio fueron los jóvenes, luego el “snobismo de las damas high” y, así, el habla ordinaria de camionero se ha extendido de tal modo que resulta grotesco ver cómo en la conversación cotidiana mujeres maduras, señoras de edad, bellas jóvenes que se tornan feas, no saben hablar sino con insolencias donde estén: en la privacidad de la cocina de cada quien o en la extensa fila de la Embajada Americana maldiciendo los estrictos sistemas de control allí establecidos. Tanto es repugnante esa manera de expresarse, que hoy no sólo los varones se refieren uno al otro llamándose marico, sino que las jóvenes igualmente se dicen marica, una a la otra.

Aparte de los medios de comunicación que son reglamentariamente respetuosos del lenguaje, ¿quién se atreve a criticar el habla soez del Presidente de la República? O es que quienes justifican la ordinariez parlante piensan que el habla vulgar es solamente detestable cuando se usa en la jerga chabacanamente irreverente que caracteriza al programa “Aló Presidente”.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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14 comentarios

Manuel Bermúdez Romero -

Poniendo un granito de arena, amigo. Saludos.

JUAN D. HERNANDEZ M. -

Especial..! Felicitaciones Manuel , continua informando..!

Manuel Bermudez Romero -

Comprendo su comentario, advirtiendo que las prostitutas no suelen ser indecentes, sino pobres mujeres esclavizadas.

Seguramente usted lo afirma por el estilacho de los hombres que concurren a los burdeles.

Agradezco su comentario.

Pascual -

Así es amigo, hoy dia impera la chabacanería y peor que eso la procacidad en el lenguaje, las mujeres están resultando peores en esto, especialmente las jovencitas entre 10 y 15 años, da pena ajena escucharles hablar usando frases mas apropiadas para burdeles.

Manuel Bermúdez Romero -

Hay que continuar resistiendo. Saludos Beatriz.

Beatriz de Matos -

Su lenguaje responde fielmente a su condición de ordinario,megalómano y autoritario.La impotencia de no podernos someter durante 11años, lo desasociega y lo lleva a desenfundar su verbo para ofender, amenazar, ordenar y castigar...Saludos Manuel

Manuel Bermudez Romero -

Es así como lo dices y no se trata de que las groserías estén vedadas de un modo absoluto, sino de que es un serio deterioro del habla, que para expresarnos tengamos habitualmente que decir groserías.

La gente no se da cuenta de que son muletillas. Es como decir el "bicho" ese, en lugar del acordeón, etc.

Se está hoy tan acostumbrado al habla insolente, que artículos de este corte suelen resultar "extraños", ridículos, demodé, "old fashion".

Sin embargo, creo que dicho lenguaje en boca del "Grosero Nacional" estará adicionalmente haciendo entender que el habla escatológica refleja, además, cuál es nuestro grado de eso que llaman educación casera, y que resulta una seria desventaja dirigirse a cualquiera en casa, en familia o en cualquier lugar, con vulgaridad. Ojalá y se comprenda el punto.

Saludos
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Aida Bermudez -

Hola Manuel,
Te concedo razon. Mi comentario es es el siguiente. He tenido la gran suerte de haberme casado con el hombre mas decente con respecto a vocabulario.Esta fue una de las cualidades que me atrajo. Hicimos lo posible por sembrar esto en nuestros hijos. Y pesar de los cambios que ha habido en la sociedad, 'no para bien'. con
respecto a 'palabrotas' ellos se han mantenido igual. Yo recuerdo que nuestros padrss peleaban con las personas ajenas que decian malas palabras frente a las hijas o las damas. Por supuesto eso quedo en el pasado.
Ojala y de nuevo volviera la decencia y las buenas expresiones en el vocabulario, sin necesidad de hacer uso de las llamadas 'groserias'Te felicito Manuel. Como siempre has dado en el clavo con tus comentarios.

Manuel Bermúdez Romero -

Así es Aurelio, cierto. Minúsculas sobre el minúsculo para minimizarlo más en el proceso de encogimiento que él mismo se ha venido aplicando. Y valga toda esta expresa redundancia.

Saludos.

Manuel Bermúdez Romero -

Señora Inma:

Está tan extendida la escatología lingüistica, por llamarla así, que el punto que más intento destacar es ese precisamente que probablemente pocos vean criticables las insolencias del presidente de la república, escrito en minúsculas como dice el amigo y colega Aurelio Bertrán.

Saludos.

Manuel Bermúdez Romero -

¡BABIECA!

Lamentablemente tienes razón Luis, pues podría no faltar quien piense que el tema es una intrascendencia, una bobería, una vaguedad, una babiecada, la apreciación de un vejestorio, pura paja pues.

Saludos.

Luis F. Paiva R. -

Hola Manuel, muy acertado y oportuno el comentario. Lo malo de todo esto es que nos estamos acostumbrando a las chabacanerias y al oir a una persona que se exprese bien, con cultura y elegancia, la vemos como "gallina que mira sal". Como padres y abuelos, debemos esforzarnos para que por lo menos en nuestras familias ese lenguaje "de camionero", con el perdon de ellos, no sea el de uso comun.
Saludos....LP

Aurelio -

Manuel: No requiere mayores comentarios... En cuando el jefe del estado (en minúsculas), se le podría aplicar aquello que no se le puede pedir peras al olmo...
Cariños... Aurelio

Inma Cuevas -

Es lamentable como hemos llegado a estos extremos y es que... el pueblo llega a imitar el verbo de los gobernantes y en este caso pareciera que no importa expresar lo primero que se viene a la mente sin analizar sus consecuencias.
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