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Más periodismo, menos discurso

Más periodismo, menos discurso

 

 

De los hechos menos percibidos de la crisis venezolana, uno es la carencia de periodismo de investigación. Lo pone de bulto que un anunciado acontecimiento desgarrador para la economía del país, como la corrupción estructural del gobierno, pareciera no estar resuelto informativamente para presentarlo íntegramente a la opinión pública.

Está claro que la inmoralidad gubernamental que se manifiesta a través de la Chaveburguesía no es, a estas alturas, tema para un cúmulo de informaciones sin un eje orgánico, sino para un gran reportaje -o una serie- de cuatro a seis páginas que desnude y deje prueba, como pareciera haber, de la supuesta complicidad de la Presidencia de la República en el caso Ricardo Fernández Barrueco y compañía, al igual que de la responsabilidad del gobierno en cantidad de desaciertos como el saqueo monetario de PDVSA y su desmantelamiento financiero y físico, la debacle de las empresas de Guayana, la carencia de agua y electricidad por imprevisión y corrupción, y la fallida exportación de la revolución chavecista que ha despalillado al fisco nacional al serle sustraído por el Ejecutivo dinero propiedad de la Nación y así de la ciudadanía.

Ciertamente es evidente que esos temas han sido tratados por la prensa escrita y audiovisual, pero ha sido como un rosario de sucesos aislados desgranados en declaraciones e informaciones desconectadas, muchas veces sin continuidad en lo que se refiere a una intención divulgativa panorámica, y promovidos más por los declarantes que por el propósito concienzudo de los medios de comunicación de extraer la verdad e ilustrar al lector para que tome conciencia.

Se ha afirmado persistentemente que los medios de comunicación venezolanos han asumido el papel de los políticos frente a la carencia de un liderazgo opositor armónico, mas el caudal informativo de origen declarativo en el periodismo venezolano -sobre todo en TV- es abismal versus la gestión periodística investigativa y autónoma soportada en el reportaje de profundidad como práctica de ejercicio permanente.

En esta hora crítica nacional el periodismo está extremadamente volcado en la opinión y menos en la indagación constante de muchas de las afirmaciones y señalamientos que hacen voceros gubernamentales, políticos, estudiosos, profesores, columnistas, estudiantes y opinantes de oficio añadidos a las apreciaciones que sobre temas y realidades -objetivas o teñidas de un color u otro- son expresadas por los periodistas que tienen acceso a la gran prensa.  

De ningún modo la intención de este punto de vista es sugerir que la opinión libre deba ser vetada o que no tenga peso, sino insistir en que el parecer de cada quien en el mejor de los casos se limita en la circunstancia actual a servir de desahogo colectivo, puesto que no tiene la contundencia esclarecedora de los hechos que se comprueben durante una buena investigación periodística de equipo que exponga la verdad a la luz pública.

El planteamiento se resume recordando que la indagación, verificación, la elaboración de cuestionarios para ejecutar entrevistas acuciosas, la corroboración de los datos y de los hechos que se informen, vale decir el reporterismo fundado en fuentes confiables, más la adición de mucha búsqueda de archivo y biblioteca, debe superar al proliferante reporterismo instantáneo de BlackBerry y micrófono, para entonces -asumiendo su compromiso social- estar en capacidad de informar con la demoledora fuerza de convocatoria que tiene la verdad irrefutable.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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