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Quirófanos como cadalsos

Quirófanos como cadalsos

 

Fue un día hacia finales del recién ido año 2009. El paciente se presenta a la hora dispuesta -seis y treinta de la mañana- en la clínica donde se le va a extraer un cálculo renal mediante cirugía no invasiva.

Una hora y quince minutos después -a las siete y cuarenticinco- todavía no lo han llamado. Se levanta, va al mostrador del vestíbulo, indica a las señoras el retraso que llevan, les da su nombre y se inicia un diálogo:

 

—Usted no está en la lista de los que serán operados hoy. ¿Con quién habló?

—Con el anestesiólogo y el cirujano.

—Bien. Nosotras vamos a averiguar. Por favor espere en la antesala.

Después de unos minutos viene una enfermera y en voz alta lo llama dando un nombre equivocado.

Él se levanta va hacia ella y le dice: mi nombre es Fulano de Tal.

—Ahh… Está bien, pase.

Lo lleva hasta un vestidor donde hay un locker.

—Desvístase completo y con la abertura hacia atrás póngase esas ropas de paciente

Hace lo que le pide la enfermera y sale. A la puerta del vestidor, ésta aguarda y tabla de anotaciones en mano, inicia un interrogatorio.

—¿Cómo se llama usted?

Le da de nuevo el nombre completo.

—¿Y qué le van a hacer?

—Señora, ustedes deberían saber de qué me van a operar.

—Son unas ondas de choque, dice la enfermera en tono neutro, entre afirmación y pregunta.

—Noooo, le responde enfático, a mí me van a hacer es… Es un nombre muy largo, añade.

El hombre busca en los papeles de ingreso que todavía tiene en sus manos y le precisa con énfasis:

—A mí lo que me van a hacer es una pielografía retrógrada, dilatación ureteral, ureterolitotomía endoscópica más colocación de catéter doble jota derecho.

—¡No me vayan a operar del corazón!, por favor, le agrega el señor entre atemorizado y molesto.

—No, aquí no operamos del corazón, lo tranquiliza la obediente enfermera que no es responsable de la confusión causada por otros.

Y sigue el interrogatorio ¿implantes, lentes de contacto, alergias, asma, resultados de la evaluación cardiológica, operaciones anteriores? Información que el paciente había suministrado la semana anterior.

—Bueno venga conmigo, le pide la enfermera, una negra robusta con cara de buena gente y seguramente de Barlovento.

Dolor y temor

El paciente le sigue los pasos. Ingresa a un cubículo donde hay una cama hospitalaria y allí lo invita a que se acueste. Entonces, como está en ayunas desde las diez de la noche del día anterior, le anuncia que le van a colocar un suero. Llama a una colega que se dispone a buscarle la vena. Cuando está introduciendo la aguja, le ruega a la negra:

—Pero Fulana ven a ayudarme que yo soy nueva aquí.

Piensa el paciente…, ¿y qué relación tiene el cambio de escenario con la pericia que ha de tenerse para tomarle la vena?  Bueeeno...  le inyecta el suero. Y al ratico empieza a formársele una pelota.

—¡Señora, se me está haciendo una bola en el brazo!, le da el alerta en la primera oportunidad en que transcurre por frente a su cubículo de paso en la tarea de atención a otros recluidos.

—Ay sí, dice, debe ser que inyecté por fuera de la vena  -queda en evidencia la impericia de la profesional y el convencimiento de que inicialmente estaba pidiendo auxilio para que la ayudaran a efectuar un procedimiento que se presume ABC de la enfermería hospitalaria. En su vida es la primera vez que no le consiguen a aquel hombre una vena al primer intento.

Bien, tres enfermeras lo puyaron en el brazo derecho cinco veces hasta encontrarla, pasando por el antebrazo y la mano. La enfermera jefa, después de fallar una vez y decir qué no sabía qué pasaba pues tenía buenas venas, se la halló finalmente en la mano.

 

El país en fuga

 

Aproximadamente una hora después lo trasladan a otro espacio limitado por cortinas corredizas que es antesala del quirófano. Allí, más que atemorizado, el paciente pensando en lo oportunas que han sido las gotas de Flores de Bach que ha venido ingiriendo para serenarse y en las horas que lleva han impedido que se pegue a la carrera para abandonar la clínica, ve llegar a un médico que se detiene al lado de su cama. Se queda mirándolo, pero como no le comenta nada, le pregunta:

 

—¿Y usted quién es?

—El anestesiólogo.

—Pero usted no es el anestesiólogo con el que yo hablé.

—No, es que Perico no viene.

Entonces vuelta a las preguntas pre operatorias que una semana antes había suministrado; que si es con anestesia peridural o general, etcétera. Con el otro anestesiólogo había acordado que iba a ser general. El asunto es que el  que tiene al lado le anuncia en el último momento:

—Yo te voy a aplicar la peridural porque -fue lo adecuado- así controlo mejor el dolor. De seguidas le suministró dos dosis del sedante y luego le inyectó el anestésico.

Al ratote -transcurrió tanto tiempo que en la leve borrachera inducida por el sedante hizo conversación con una linda enfermerita joven de quirófano, casada, con un hijo que le contó que no aguanta más las calamidades que se viven y se va al Canadá con su esposo- lo pasan a quirófano. Allí todavía está consciente. El cirujano al empezar a manipularle debió notar alguna contracción en la humanidad del intervenido, y le pregunta:

—¿Le duele algo?

Estuvo a punto de responderle de un modo grueso, pero solamente le dijo con voz apagada:

—Sí, me están doliendo mucho los testículos.

El cirujano debió hacerle alguna seña al anestesiólogo, porque éste comentó:

—Es que lo anestesié hace rato…

Vale decir: usted no llegaba y el efecto de la anestesia está pasando. Y zuas, lo volvieron a inyectar por lo que llaman “una vía” que le habían dejado en la espalda a la altura del hombro derecho y entonces se durmió. Al despertar, instintivamente se tanteó  los testículos para verificar si permanecían en su lugar.

 

Y si no lo cree…

 

Póngale pues oído. Esta descuidada atención médico-quirúrgica no tuvo lugar en un hospital público de la desasistida provincia, sino en una clínica privada de Caracas, “La Sucursal del Cielo”. No se da nombres de médicos ni de dependencias para que no se piense que se mal usa la ventanita de una bitácora para desprestigiar imágenes y nombres.

¡Qué usted no cree en esta historia! ¿Le parece una invención y no sabe a qué intenciones obedece? Es demasiado...

¡Créala! Me ocurrió a mí. Yo era el paciente y tengo una testigo de las escenas preliminares que he narrado.

Dejando constancia de que generalmente la calidad de la medicina en Venezuela es indiscutible y un elevado porcentaje de sus médicos es competente, lo cuento no para alarmar, sino para alertar y se esté atento, pues pareciera que el trastorno social que nos afecta rebasa todos los ambientes.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

 

 

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4 comentarios

Manuel Bermúdez Romero -

Amablemente le digo: ¿Y quién es Mafalda.Libertad?

Yo firmo con mi nombre de pila y estoy identificado en este blog en la sección Acerca de.

Cordiales saludos.

MAFALDA -

Por favor dime en què clinica fue para estar informados y prevenidos. Si hubiera sido un CDI tambièn lo debieras decir.
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Manuel Bermúdez Romero -

Como digo en la reseña creo que no lo hice porque desde hacía varios días venía tomando gotas de Flores de Bach. Saludos.

Aniela -

Tio,
¡que barbaridad!
que valiente, yo hubiera salido corriendo.
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