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Diplomacia británica

Diplomacia británica

 

Ahora que el gobierno norteamericano reprende a British Petroleum (BP) por su responsabilidad en el gigantesco derrame de petróleo ocurrido en el Golfo de México -The New York Times de hoy 1° de mayo-, se comenta abiertamente que nuestra corta experiencia en materia ambiental con esa empresa en Venezuela, nos condujo puertas adentro de Lagoven. a cuestionarla informalmente.

En asociación entonces con la operadora líder de PDVSA, British Petroleum exploraba en 1997 en el delta del  río Orinoco, y el reparo inicial que se les hizo consistió en que cuando la inglesa difundía información operacional sobre su presencia y gestión en el delta, no mencionaba que era una alianza convenida con Lagoven.

No obstante que se le observó el punto desde el primer momento al gerente de Relaciones Públicas, BP rutinariamente continuó informando sin hacer mención de la socia venezolana. Ello llevó a revisar por nuestra cuenta el contrato para ver si había alguna forma de obligarlos a citar a Lagoven, pero en éste no había consideraciones de carácter comunicacional público.

Mas un día, frente a un incidente ambiental en el delta orinoquense, repicó nuestro teléfono para una consulta. Se les comentó que Lagoven no escurría sus responsabilidades ambientales, y que cuando se le presentaba algún percance que por su extensión o profundidad resultase de obligatoria divulgación por el derecho a la información que la ciudadanía tiene, lo hacía sin dilaciones.

Para nuestro asombro no manifiesto, el interlocutor de la británica afamada por su supuesto extremo cuidado por la conservación ambiental de los territorios donde opera -de hecho sus colores distintivos son el verde y amarillo naturaleza-, cortésmente pretendía que Lagoven en su nombre informara sobre ese acontecimiento específico. Con la misma cortesía se le dio la respuesta que es obvia.

No sólo BP procuraba esconder del juicio público el daño ambiental que causaba, había otras petroleras que disimulaban. Pero de British impresionaba el estilo “elegante” con el que se desentendía de su directa responsabilidad divulgativa cuando el tema que se iba a tratar no era positivo.

                El daño incalculable causado al medio natural en Golfo de México debe hacer que los ejecutivos de las transnacionales del petróleo, incluidos los funcionarios de alto nivel en PDVSA, de una buena vez tomen conciencia de que producir petróleo y gas a como dé lugar es una conducta que los convierte en activos depredadores por el deterioro que causan a la ecología del globo.

No hay prueba venezolana más flagrante de ese daño que la contaminación del Lago de Maracaibo, severamente enfermo fundamentalmente por causa de las aguas negras, residuos industriales, basura, y desechos químicos y agroquímicos que se le vierten desde su cuenca, pero también por la cuota de derrames petroleros que recibe.

Y allí languidece mientras apenas algunos se conduelen, siendo otro tema que debería entrar en discusión en la próxima agenda política.

 

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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