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La Carolina venezolana

La Carolina venezolana

 

En la ruta a occidente desde Caracas uno de los pocos comederos no citadinos en el que el viajero gustaba llegar por algo más que para saciar el hambre, se llama La Carolina y está ubicado en el estado Yaracuy.

La Carolina es simultáneamente una hacienda de Diego Arria, ex gobernador de Caracas, donde -se imagina uno- hace tiempo él decidió montar un restaurancito campestre al que dio alojo en las aparentes ruinas recuperadas de una casa colonial ubicada dentro de los linderos de la parcela y colindante con la vía de tránsito nacional. Lo concibió quizá para darse otra fuente de ingresos o como recurso para obtener rendimiento productivo adicional de su propiedad rural.

Era La Carolina una tienda de comestibles y restaurante -acaba de ser expropiado con la finca-, y gratísimo rincón bien surtido de granjería criolla, paledonias, besitos de coco, miel de abeja y otros productos como café molido y en granos, nata, suero, queso aliñado y de mano, panelas y diversidad de exquisiteces criollas que conforman la gama de sabores que dan gusto al paladar venezolano.

Ese sector de la hacienda, abierto a todo quien quisiera visitarlo, era amable no solamente por la tienda y el restaurant, sino por la atmósfera nacional del sitio, aparte de que se mantenía aseado, cuidado, bastante bien atendido, con baños vetustos, pero aceptablemente limpios, y cuyo comedor estaba bajo una enramada techada de tejas y protegida por la sombra de un bosquecillo de árboles frondosos por donde sopla brisa cariñosa que allí se arremolina cuando baja de las ondulaciones plácidas de las colinas del contorno.

Particularmente, pocas veces dejábamos de hacer escala en La Carolina de viaje a Caracas o Maracaibo, porque sentíamos que nos reencontrábamos con el país hermoso que desearíamos que se hiciera eterno.

Nos acercábamos por allí no sólo por la comida y la dulcería apetecibles, sino por el aroma a tradición de esa casa antigua, por la sensación de que había en La Carolina un pedacito de la tierra de nuestros ancestros; porque nutría el espíritu la vista del paisaje verde hacia el interior de la hacienda, también por la siembra de peces en una laguna cercana, el ganado vacuno paciendo en lontananza y, principalmente, porque en el ambiente era obvio el empeño por elevarse por sobre el caos que vivimos.

Quizá queden otros sitios no iguales, pero parecidos en la ruta. Están en Carora adentro y en Curarigua, pero para llegar al pueblo donde nació Don Pío Alvarado, hay que desviarse de la ruta, al igual que para penetrar la capital del larense Distrito Torres.

La Carolina era, por el contrario, un pedacito de la Venezuela buena que estaba allí mismo, tentadoramente a un paso, a un lado del camino.

También nos lo han arrebatado. Lo decimos así porque cuando lo disfrutábamos lo sentíamos nuestro.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

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11 comentarios

Manuel Bermúdez Romero -

Raquel, ciertamente concuerdo con usted.

No tengo mucho que agregar, porque es evidente lo que usted afirma.

Adicionalmente quiero comentarle que igual que usted pienso que Yaracuy es paisajísticamente uno de nuestros estados más hermosos.

Y fíjese, qué bueno, que es un estado completamente agrícola o agropecuario. Su capital y todas sus poblaciones son campesinas.

Y advierto que ello es una suerte en un mundo que va hacia la urbanización.

Saludos y quedo agradecido por su lectura.

Manuel

Raquel V. -

Frustración da saber q todo lo q hacen es para destruir con el odio y la envidia q los arropa. Lamento no haber conocido tan bello lugar ya q soy hija de un Yaracuyano y muchas veces he visitado esa linda tierra.

Manuel Bermúdez Romero -

Agradecido por su comentario, Maximiliano.

Por lo declarado por Diego Arria, me entero de que lo que se puede ver desde la bodeguita de La Carolina, es apenas un detalle de la hacienda. Y caigo en cuenta de que algunos de los productos que en la bodeguita se vendían probablemente provenían de la finca, como el café y la miel de abeja, entre otros.

Maximiliano -

Excelente articulo, bastante rico en vocabulario, y de verdad que da tristeza que los que como yo no conocimos "La Carolina" oues nos perdamos ahora la oportunidad de pasar un rato agradable al estilo de nuestra Venezuela Colonial, y como tu mismo lo dices en el Aritculo ese pedazito de país que quisieramos tener...

Manuel Bermúdez Romero -

En orden inverso, es decir, de abajo hacia arriba, voy a responder a las lectoras:

El empeño en destruir los describe, Beatriz. Es la conducta conocida de quien no teniendo nada que aportar, quiere destruir lo existente para igualar con él a quien ha creado y ha aportado. Nadie debe desmayar, por el contrario bregar por la victoria electoral del 26 de septiembre y continuar en el esfuerzo por la recuperación del país.

Exacatmente Eunice, seguir luchando. Mi respuesta para ti está contenida en la que le ofrezco a Beatriz de Matos.
Pienso que debemos tener propósitos de resistencia y lucha mucho más allá de las elecciones, el país necesita ser reconstruido. Cordiales saludos.

Mariela, es natural la tristeza que sentimos, pero tenemos que superarla. Nadie nos va a aislar ni arrinconar mientras tengamos mente positiva para elevarnos por sobre los golpes recibidos. No hay resignación ni entrega posible, mientras estemos vivos y dispuestos a luchar desde los puestos que cada quien ocupe. Un abrazo.

Hola Aida, imagino que conociste la hacienda completa. Yo sólo conozco la parte que describo en mi crónica de viajero. Esa bodeguita de La Carolina, que entiendo es el nombre oficial, imagino que es una pequeñísima parte de la hacienda de Arria. Pero sólo ese rincón te puede permitir imaginar el esfuerzo que debió haber sido hecho para levantarla, y lo hermosa que debe ser interiormente esa propiedad escamoteada a sus legítimos dueños, que según leí les pertenece desde 1880.

Agradezco a todas ustedes sus comentarios.

Manuel
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Beatriz de Matos -

Ira y desconsuelo es lo que nos está acobijando cuando vemos ambientes bucólicos como los de La Carolina y los de los padres de Valentina Quintero son, unos, expropiados y, otros, desvastados...ese empeño de destruír,atemorizar y castigar es lo que produce absoluto placer a estos resentidos del "proceso"...Pero no desmayemos! El 26 de septiembre tenemos la gran oportunidad de girar el rumbo! Excelente artículo, Manuel. Tu descripción exhaustiva nos hace estar presente en La Carolina. Saludos, Beatriz

Eunice Gome -

Manuel: No conoci tan hermoso lugar, pero por la descripcion que haces me lo imagino. Aunque ya sepamos que todo lo que tocan lo arruinan no podemos resignarnos a vivir bajo su codigo de destruccion y miseria, asi que todos unidos debemos votar en septiembre por ese cambio tan vital en nuestra Venezuela.

Mariela Díaz Romero -

Querido Manuel: lamento no haber conocido a La Carolina de tu artículo, pero lo que sí conozco es este sentimiento de desconcierto, de aislamiento y de arrinconamiento que llevamos todos los venezolanos que no estamos de acuerdo con Chávez. Es una sensación que se repite, al menos así lo siento yo, cuando voy a los museos de Caracas, cuando paso por el antiguo edificio del Ateneo de Caracas, ahí, en la plaza Morelos; cuando paso por el teatro Teresa Carreño; o algo más mundano: me gustaba mucho ir al lounge del hotel Hilton de Parque Central, era un reducto de paz en el centro de Caracas, adonde uno podía ir a tomarse una cerveza o un té. Ahora sospecho que nada será igual... y es también este sentir "que todo está perdido" al que no quisiera resignarme ni entregarme.

Aida Bermudez -

Manuel, me causa tristeza lo que comentas acerca de 'La Carolina'. Yo conoci a Diego en la escuela Militar de Augusta,Va. en donde Pedro Cesar (mi hermano) estudio. Y me parece tan injusto que sucedan estas cosas. Pero nada debe ya sorprendernos con las locuras que vive nuestro pais. Le envie a Beatriz (la viuda de P.C) tu
articulo.

Manuel Bermúdez Romero -

En esa ruta Caracas-Maracaibo no había otro comedero campestre tan agradable como ése.

Hay una declaración ayer de D. Arria en TalCual que debes leer.

Él dice que es la finca con más alta producción de leche en el país, aparte de que cultivaban naranjas y café, entre otros rubros agrícolas.

Lo más grave de lo que está pasando es que esa conducta no es socialista ni comunista, sino la locura de un grupo de personas en el poder para los que no se consigue clasificación, pues son de una conducta sin nombre.

Saludos

Esther -

Asi es Manuel...nos lo han arrebatado. Era el lugar por excelencia donde parar en el camino en la vía hacía occidente. Recuerdo que la primera vez que lo hicimos, no sólo comimos, descansamos y admiramos el paisaje, sino que aproveché a comprar gran parte de mis regalos navidenos en la bodeguita. ¡Todos quedaron fascinados con tan especiales regalos! Es realmente lamentable.
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