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LA LUZ DE TADEA

LA LUZ DE TADEA

A cuatrocientos años de El Milagro


Nos referimos a una tradición devocional que ha trascendido cuatro siglos alrededor de la imagen del milagroso Cristo de La Grita, población del Táchira, en Venezuela

Hace cuatrocientos años en la provinciana aldea de Tadea ocurría un milagro. Un fraile franciscano, hombre de oración y devoción, veía ante sus ojos un portento: un ángel terminaba el rostro de la talla que días antes había empezado a esculpir en busca de consuelo ante el terremoto que había acabado con el poblado de La Grita.

Hoy -luego de cuatro siglos- esa misma luz que irradió en el incipiente caserío, sigue iluminando al pueblo de Jáuregui, al Táchira completo y a todos los que van con fe en busca del mismo consuelo, que solicitó Francisco un día de 1610 y halló venido del cielo y de la fuerza creadora de los que a Dios claman con fe.

Por eso hoy seguimos ese camino viejo de Tadea. Volvemos a Tadea, territorio santo y bendecido. Esa aldea cuya misión ha sido, como en Belén, dar de nuevo al hijo de Dios en estas tierras de los andes venezolanos. El Belén del Táchira lo llamamos una vez. Allí volvemos cada vez que la vida y la voluntad nos lo permiten. Regresamos con el corazón de Francisco, persiguiendo esa luz, buscando y hallando a Cristo con su rostro de consuelo. Visitando y venerando al Santo Cristo de La Grita, Patrono y Protector del Táchira.

Los festejos centrales se iniciaron con el traslado de la imagen desde su santuario hasta el altar mayor de la Basílica Menor del Espíritu Santo, el pasado domingo 25 de julio en La Grita, cuando Monseñor Mario Moronta, obispo de la Diócesis de San Cristóbal, presidió el tradicional rito eclesial junto a miembros del presbiterio tachirense, cofrades y laicos comprometidos de distintos grupos católicos gritenses.

La solemne eucaristía se realizó a las diez de la mañana y contó con la participación de la agrupación coral del Banco Sofitasa. El acto congregó a cientos de devotos venidos de distintos lugares del Táchira y estados vecinos.

Como es costumbre, hacia la última semana de julio, la imagen es sacada de la capilla donde permanece el resto del año, hoy llamado Santuario, para ubicarla en el altar mayor del templo, hecho que marca el inicio oficial los festejos religiosos en su honor.

El traslado está a cargo de miembros de la Cofradía del Santo Cristo, quienes usan guantes blancos para poder cargar la talla durante el paso del santuario al altar, donde finalmente es colocado dentro de un camerín de madera previamente adornado con abundantes ramilletes de flores.

Los cuatrocientos años de la aparición se celebran exactamente pasado mañana viernes 6 de agosto con una misa que se oficiará en el estadio de la capital jaureguina.


Ligia Parra Pérez 

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