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Memorias de Ojeda

Memorias de Ojeda
  • Ciudad Ojeda tiene pasajes humanos, deportivos, educativos y empresariales que todavía no se han contado a plenitud porque la llamada “historia menor” se cultiva poco en Venezuela, también porque a setentitrés años de su fundación no ha habido una sostenida idea de promoción de cultura para el enriquecimiento de la vida local.

 

  • Estas memorias descubren apenas una imagen de su ambiente inicial, pero podría haber tantas miradas como precursores residenciales hubo en esta comunidad que quiere recuperar el dinamismo de sus mejores días.

 

 

El primer recuerdo que tenemos de Ciudad Ojeda es interior. Allí nacimos en 1949 y por tal motivo esta impresión que se ha escrito es preliminarmente una memoria íntima.

Por lo tanto, inevitablemente, cuando evocamos al poblado, nuestro pensamiento recorre la que fuera nuestra casa y sus alrededores, y luego se va a la calle.

Así vienen entonces a nuestra mente atardeceres de sol de los venados que penetraba con sus rayos rojizos a través de las altas ventanas del oeste del comedor de aquella vivienda de techo de dos aguas.

Ventanas que a modo de claraboya permitían el ingreso de la luz natural antes de que anocheciera en un tiempo cuando frecuentemente oscurecía del todo porque era usual que por esas horas se fuera por largos periodos el servicio eléctrico.

Percibíamos aquella luz crepuscular como una invitación para recrear un horizonte imaginario, puesto que el pueblo no disponía de un ángulo panorámico.

La imposibilidad de ver en la lejanía obedecía a lo plano del terreno y a que la pared de una selva próxima lo rodeaba todo, y para hallar lontananza había que acercarse a la playa que de muchachos nunca paseamos por allí mismo, sino mucho más arriba donde podía mirarse el marullo lacustre arrullando la ribera contigua a la carretera culebreante entre las localidades de Punta Gorda y Cabimas.

La voz de nuestro hermano mayor -de 75 años- da fe de la existencia entonces en Ciudad Ojeda de sobrevivientes e inmensos árboles que demostraban que allí había habido montaña. Y en constancia visible de que se le deforestó, se mantuvo en funcionamiento hasta final de los años sesenta del siglo pasado el llamado “Aserradero Petrolero”. Estaba en un amplio terreno de la esquina noroeste del cruce entre la avenida Bolívar con la carretera Nacional, y era propiedad de Adán y Bruno Sánchez.  

Comprobación hermosa de la presencia de aquel perdido paisaje boscoso lo constituyó el simbólico araguaney al que solitario se le encontró erguido en el patio frontal de la casa donde crecimos. Ese árbol acostumbraba coronarse de oro por el mes de mayo dando una tonalidad diferente a un jardín perfumado por el aroma de las flores de un arbusto de malabar o gardenia. Lo recordamos como un jardín de acogedor colorido que le era aportado por las hojas de dos hileras de variadas especies de croto que escoltaban el breve camino de acceso a la puerta de la casa y fueron sembrados por la madre nuestra.

 

La primera época

 

Al salir del escenario hogareño la añoranza se concentra en una red de relaciones, amistades y personajes que hicieron amable la atmósfera del vecindario: Sisoes Prieto, albañil y plomero; las hermanas Carmencita, Irene y Luz María Espinales, una viuda y dos solteras, quienes vendían polos congelados en cubeta y servidos a la muchachada en vasos de cartón encerado. “Tonino” Lambo, un muchacho travieso y servicial; Rosa Colmenares, nativa de El Dividive, Trujillo, quien podía dar sobas intensas que aliviaban aporreos musculares, y Zenobia Faría, la primera enfermera del dispensario donde regentaba el doctor Euro Romero, uno de los primeros médicos sanitaristas.

Igualmente, Margot Chávez, proveedora de ropa para damas que algunas veces traía ella misma desde la ciudad de New York; Zorena Briceño, recordada como la más bonita flor en botón de la vecindad; Carmen Barbera, fina modista de oficio y amiga eterna; Celmira de Tineo, compitiendo con su boutique de ropa femenina en el modestísimo mercado local de la moda; Benedicta Méndez, de las primeras muchachas que allí mismo en Ojeda se realizó; Antonio Pérez, obeso fotógrafo itinerante; Pío Maldonado, practicante a la mano de todos; Roberto Omaña, empírico dental; el doctor Gualberto Fermín, el primer odontólogo titulado; la señora Eulalia Cardozo, la partera más conocida, y una señora visitante esporádica, afectiva amiga de nuestra madre y de nombre Áncora. Ella era de pulida piel canela, madura y aparentemente soltera, de atractivos rasgos criollos y de quien no supimos más.

Escribimos sobre Ciudad Ojeda la primigenia, la que existió y existe en cuatro calles originales y redondas que forman la figura de una telaraña en torno de una redoma de intención parisina en cuyo centro, en lugar del Arco del Triunfo, estuvo un elevado tanque para el almacenaje del agua del que se surtían sus pobladores. Desde hace muchos años al tanque lo sustituye en el mismo punto el busto del navegante Alonso de Ojeda, en honor de quien se le puso nombre al pueblo.  

Se sabe que hubo jóvenes que lograban hallar la ausente panorámica que se mencionó, subiendo a escondidas a una planchada circular que con su baranda les servía de mirador y bordeaba en lo más alto la base de ese tanque desde donde se presume veían, al oeste, la metálica llanura de agua del lago de Maracaibo y, al este, el parejo verde extendido de la floresta que se perdía de vista en los confines serranos del Zulia con los estados Falcón y Lara.

Otro recuerdo vívido son los aguaceros torrenciales que se precipitaban sobre la población, y su sonido pedregoso repicando el techo de cinc de nuestra casa, ubicada en la avenida Bolívar. Fue esa otra de las viviendas rurales construidas después del tercer incendio de Lagunillas de Agua para cobijar damnificados que no quedaron satisfechos con el alojo cuya construcción la decretó el 19 de enero de 1937 el General Eleazar López Contreras.

Se debió la insatisfacción a que por un periodo el poblado careció de servicios bien montados. Fue tanto así que al principio sus primeros habitantes acarreaban el agua de consumo en latas transportadas sobre carretillas desde el pie del tanque de agua hasta sus casas, como lo aseguró la damnificada Emilia Cornieles en conversación que tuvo con el redactor. Cornieles fue una de las primerísimas vecinas del poblado y fue vivo testigo del último incendio de Lagunillas de Agua ocurrido en 1939.

Procurarse el agua en algún momento dejó de ser difícil en Ciudad Ojeda, pues antes de la creación del Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) y de la construcción del embalse de Burro Negro, existieron simultáneamente cuatro acueductos: el municipal constituido por un pozo que se perforó en la granja “Buena Fe” de Cayetano Mata y por el tanque de almacenaje que se ha nombrado; el “Morton”, del norteamericano Joe Dick Morton; “El Agrícola”, que surtía unas granjas de las que más adelante se dará detalle, y el que se bautizó “Los Méndez”, propiedad de los hermanos Waldo y José Chiquinquirá “Checame” Méndez, ubicado en La Tropicana, un sector donde, por cierto, hubo una edificación que se quiso constituir en centro de diversión y tuvo piscina pública de corta vida. Allí, en uno de sus locales de fondo, estaba el taller Benson Sign Shop del norteamericano Samuel Benson, quien pintó sobre latón los primeros letreros de publicidad exterior que se conocieron en Ojeda antes de que en el ramo surgieran competidores tenaces como el criollo Alermo Castillo.

Del ámbito callejero de Ojeda -como coloquialmente se le llama hoy al antiguo caserío-, de ese su mundo exterior que describimos, invariablemente nos llega música cuando pensamos en la aldea que fue y donde residimos por nueve años hasta cuando nos mudamos a la urbanización Tamare.

Son canciones de amor de Los Panchos, rancheras mexicanas, música cubana puesta de nuevo hoy en sintonía por Buena Vista Social Club; Mata Siguaraya, de Benny Moré, danzones de Barbarito Díez, piezas de la orquesta Casino de La Playa o el hermoso sonar de guitarras del Trío Matamoros en melodías como la titulada “Son de la loma”; boleros inolvidables interpretados por el portoriqueño José Luis Moneró y el cubano Panchito Riset; felicidad plena hecha canción, piezas jocosas afro-cubanas como “Burundanga” y el son “Bururú Barará” que están y continuarán en el recuerdo de toda Latinoamérica y las asociamos con Ojeda porque fue de las placenteras primeras conexiones con el sabor a rumba de una vida pública que estaba más distante de lo que imaginábamos, pues suponíamos que eran venezolanos todos esos intérpretes y grupos de música romántica y guapachosa.

Los chimbángles no habían llegado plenamente a los surcos del acetato en una realidad casi similar a la actual a principios del tercer milenio, y su música era una singular presencia temporal que retumbante nos animaba cada año en una mezcla de deseo y rechazo, pues alegres en demasía por el espirituoso licor que bebían los romeros, llegaron alguna vez a penetrar la sala de nuestra casa mientras bailaban a San Benito de Palermo, el Santo Negro, al golpe de los tambores y de una contrastante flauta de artificio que acompañaba al ronquido de los cueros. Así, cuando en la distancia veíamos venir a los danzantes, deseábamos que se fueran, pero cuando se alejaban queríamos descifrar esos toques ancestrales, como el denominado “chimbanglero vaya”.

Después se nos metió en el cuerpo la costumbre y ese ritmo africano lo llevamos dentro de nuestra alma nacional y en nuestros oídos como fanfarria que anuncia juerga o jolgorio, aunque cada vez que vemos el revoloteo de buenos ejecutantes que avanzan por cualquier sitio rodeados por el entusiasmo festivo de los peregrinos, de los curiosos y de algunos borrachitos que beben ron, nos limitamos a participar movilizándonos al margen como oyentes y observadores de ese folklore zuliano y andino. Un rito religioso que en Ojeda profundizó su culto por estímulo de la Sociedad de San Benito, cuyo principal promotor fue el maestro lagunillero Nolberto Lizardo.

La música latinoamericana que antes reseñamos -todavía no se sabía del “Pájaro Chogüí” y Néstor Zavarce, ni de “Ansiedad” y Chelique Sarabia- provenía de la rocola de una cantina ubicada en una de las esquinas próximas a nuestra casa. Y esa barra junto con varias bodegas eran simultáneo centro de encuentro y abastecimiento de las gentes de un caserío que, como se contó, estaba en medio de una selva tropical y no disponía de buena comunicación terrestre ni lacustre, por lo que al comienzo y para surtirse de huevos, leche y de algunos vegetales y verduras cultivadas en barbacoas, contó en su borde noroeste con trece granjas creadas a tal fin expresamente.

La cantina y las bodegas (los dueños de las últimas fueron Emiliano Caridad, Luis Marcano -su bodega se llamaba “La Iluminada”-, Basilio Tenías, Luis Caridad, Santiaga Velásquez, Tobías Cruz, Juan Bustos, Venancio Sosa, David “El Negro” París, Juan Chirinos y otros dos amos apellidados Parra Piña y Molina) eran una hendija complementaria para enterarse del devenir vecinal.

Algunos habitantes dispusieron de una añadida ventana para el encuentro por medio de una piscina, canchas deportivas y salón de fiestas en alguno de los clubes de los campamentos petroleros ubicados en Lagunillas y Tía Juana, pero en Ojeda, cerquita de nuestra casa, desde la rocola de aquella cantina propiedad de Andrés Rivero, fue de donde provinieron las notas que provocaron la identificación afectiva con Latinoamérica, sus costumbres y sonidos, puesto que las letras musicales nos cuentan formas de vida, sentimientos y tristezas del alma Caribe, sus esperanzas, amores, paisajes, flora y fauna.

 

Perfume de gardenias / tiene tu boca / bellísimos destellos de luz en tu mirar. / Tu risa es una rima de alegres notas / se mueven tus cabellos / cual ondas en la mar. / Tu cuerpo es una copia / de Venus de Citeres /que envidian las mujeres /cuando te ven pasar.

 

Mas debe decirse que hubo también desde casi el inicio, en la misma cuadra donde estaba nuestra casa y al doblar una de las esquinas, un cine que igualmente nos enlazó con el mundo que estaba más allá de aquel punto geográfico del entonces Zulia profundo. Se llamaba “Cine Ojeda” y todavía hoy conserva levantada su estructura, aunque ahora el local no aloja ninguna sala cinematográfica.

“El Ojeda” -como en síntesis se le identificaba- era propiedad de un señor de nombre Blanco y apellido igual. Es decir, que Blanco Blanco era su  nombre de pila y su cine congregó a adultos, jóvenes y niños en la búsqueda de la diversión que la maravillosa pantalla grande representó.

Para entonces predominaban en esa pantalla las vaqueras americanas, pero llegaban insistentes México y Argentina con sus películas, mariachis y tangos. Jhonny Weissmüller, Tarzán  -primero- y Audie Murphy -varios años después-, fueron dos de las estrellas de moda. Así mismo, Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Mario Moreno, “Cantinflas”, Arturo de Córdova, Jorge Negrete, Germán Valdés, mejor conocido como “Tin Tan”; Pedro Vargas y muchos nombres más que dejaron en todos una influencia cinematográfica que debió crear idiosincrasia entre nosotros e incluía, aunque usted no lo crea, deliciosas cintas musicales donde actuaba la actriz y nadadora olímpica Esther Williams.

 

Influencia italiana y norteamericana

 

Ojeda era un activo caserío de calles de tierra empetrolada, de zanjas poco profundas a modo de acequias paralelas con las calles y por donde drenaba el agua de lluvia. Se embarrialaba con la lluvia porque no tenía aceras, pero sí una faja de tierra de unos cinco metros de ancho entre la baranda de las casas y el borde de las calles sin brocal, y era alumbrado por bombillos de frágil luz amarilla en lo alto de postes de madera creosotada para preservarlos de la putrefacción e impedir que los penetrara el comején.

Fue un pueblo planificado o que contuvo una intención de orden físico y social en un proyecto que no tuvo continuidad y provocó que fuese un desconcierto la explosiva expansión que experimentó al poco de su creación y donde, aún ocho años después de fundado, el precio del metro cuadrado de terreno continuó a una “locha”, doce céntimos y medio -12½ céntimos de bolívar-.

A mediados de los años 50 inició su despegue comercial coincidente con la inmigración italiana y tomaron cuerpo y espacio otras realidades, como la plaza Bolívar, la cual desplazó el núcleo que con anterioridad lo constituyó la plaza Alonso de Ojeda, donde se hallaba el tanque remedo del parisino Arco del Triunfo que se refirió, y además haciéndole rueda estaban  el centro comunal, presidido por años por la señora Graciela de Rincón; la primera sede del colegio público Andrés Bello -después recinto de la comandancia de policía-, la oficina de la empresa eléctrica local, la sede única del Banco de Maracaibo, así mismo la del banco Francés e Italiano, una comisaría de la antigua Digepol, y la oficina-terminal de la línea privada nacional de transporte de pasajeros, Aerobuses de Venezuela.

La plaza Bolívar era por su parte un humanizado rectángulo engramado y arborizado adonde se asistía para intercambiar con los amigos sin correr riesgo de ningún tipo, y era allí natural escuchar a los italianos parlando indetenibles en su idioma. Por las noches allí se citaban compañeros, amigos, familias, estudiantes y parejas que compartían sin temor no obstante que, más allá de los noctámbulos serenos de las áreas residenciales, la vigilancia era inexistente.

Con los italianos se instalaron la vulcanizadora de Alfonso Lambo, la óptica Giolito, foto estudio Girone, las fuentes de soda Elisa y Dolomiti -entre otras- expendedoras del llamado café de máquina. Esas fuentes de soda eran además heladerías y tenían como novedad cajas de juego de pinball a las que acostumbraban llamar “maquinitas”; las pastelerías Mutzy y Bambi -de la última sus dueños fueron dos hermanos suizos-, el hotel Europeo, luego el Astoria y los cines Nuevo -posteriormente el Canaima- e Iris, y bastante después las dos torres del hotel América, de Pascuale Taddei.

Igualmente, la Panadería Internacional; el Gigi Bar, de Gigi Da Prato, una aire acondicionada boite donde se podía comer una rica pizza y bailar en una pequeña pista al ritmo de música internacional que interpretaba un conjunto invitado permanente, así como restaurantes de sabor y buena mesa, como La Araña de Oro -quizá el comedero itálico inaugural- y los más arraigados Da Vasco -de Lina Luti y sus hijos Ivano, Roberto y Vasco- y el “OK”, el primero de pastas y el segundo de comida internacional, especialmente carnes, y el cual atendían los hermanos Boscarolo.

La presencia italiana legó dos nombres y empresarios inseparables de la historia del poblado: Mauro Lepore y Ezio Rinaldi. Y el hecho no fue una casualidad sino consecuencia de la presencia inmigrante masiva, pues en algún momento de su devenir demográfico Ciudad Ojeda fue la localidad venezolana que comparativamente tuvo el mayor número de habitantes paisanos de Giuseppe Garibaldi, según precisión que hace Gabriel García Márquez en uno de los reportajes del libro “Cuando era feliz e indocumentado”.

Por la influencia de los norteamericanos y se supone que imitando a la exitosa cadena “Todos” de Nelson Rockfeller, surgió la fuente de soda Tasty Freeze que estuvo de moda por mucho tiempo porque expendía helados que tenían la novedad de ser un fluido concéntrico y suave el que se vertía en la barquilla, y hamburguesas y perros calientes que nada desmerecían comparados con los del creolero Tía Juana Country Club.

Por la misma huella norteña, la práctica del boliche levantó un templo en el contorno de la plaza Bolívar, y la tienda por departamentos Sears se asentó en el lugar. Toda esta convergencia étnica que andaba en la búsqueda de un camino, cada una con sus características y objetivos de lucro, concedió a Ojeda un leve aire cosmopolita que en la región la destacó como centro poblacional de alguna modernidad.

La plaza Bolívar se consolidó como eje, porque además de algunos de los hitos constructivos y comerciales que se nombraron, estuvieron en su contorno Radio Petrolera, dirigida por mucho tiempo por Harold Zabala; una fina joyería que era atendida por sus dueños, primero un griego de apellido Panagioti y, posteriormente, Giovanni Oliva; la Galería Europa y la concurrida farmacia de Oswaldo Pulido -quien fuera el segundo presidente que tuvo la Asociación de Comerciantes e Industriales del Municipio Lagunillas (ACIL)-, la Librería Ojeda, de Waldo Berni, un cercano supermercado de origen local creado por los hermanos Apruzezze y, finalmente, la sede principal de la Alcaldía del Municipio Lagunillas y la iglesia de Santa Lucía, las edificaciones más emblemáticas del lugar y que allí se mantienen en pie.

 

Expansión y futuro

 

La expansión de Ojeda impulsó la ampliación comercial en las márgenes de la antigua carretera Nacional, hoy avenida intercomunal Cabimas-Lagunillas, donde Jesús Canelón y Toribio  García abrieron dos de las primeras agencias automotrices, Ismael Fermín había instalado una granzonera, Rafael Alaña su bloquera y Salvador Velásquez un taller automotriz que estaba en la unión de las carreteras Nacional y la “N”. El estiramiento que experimentó la unió al sector Las Morochas, contiguo a la playa.

Así mismo, el crecimiento trajo la apertura en 1954 de un buen colegio católico privado, el San Agustín, y la fundación en 1959 del primer liceo público, el Dr. Raúl Cuenca, ambas instituciones educativas ubicadas actualmente sobre la carretera “N”. Del mismo modo, propició la creación de ACIL (1965) y el establecimiento de la zona industrial (1967) impulsada por esa asociación de comerciantes cuando la presidía Ezio Rinaldi. Fue así y dentro de ese proceso como la población de Ojeda que en 1950 era de 4 mil 400 habitantes, en 1961 alcanzó los 53 mil 700. Se incrementó doce veces en once años.

Después del auge económico que se ha narrado y que fue principalmente resultado de la dinámica industrial a la que dio lugar la actividad operacional petrolera que estaba concentrada entonces en las compañías Creole, Shell y Mene Grande, y de la instalación de contratistas metalmecánicas y del ramo (De-Ko, Halliburton, Dowell, Atlántida, Camco, Zaramella & Pavan -Z & P-, TECA -Transformadores Eléctricos C.A.-, propiedad de Arturo Gómez; Schlumberger, Terminales Maracaibo, United Instrumental Services, Ven-Line, de Gerry Engler; Gee Mee Supply, Tormaca y varias otras) y de las que la bonanza de la región ha dependido en altísima medida, Ojeda atraviesa dificultades en su concertación urbana, en la eficiencia de los servicios y el desarrollo social y cultural como consecuencia de un crecimiento anárquico que ahora es complejo controlar, que trastornó su organizado origen y le escamotea un futuro mejor.

Por ese proceso de deterioro, el sociólogo Luis González Oquendo afirma en un ensayo relativamente reciente que tituló Lagunillas y Ciudad Ojeda continuidad histórica de un espacio social, que ante tal realidad, sus dirigentes de todos los sectores deben darse a la tarea de promover para la ciudad una visión compartida de futuro de tal forma que se conjuguen los esfuerzos para avanzar con orden y procurar rescatar su desarrollo armónico.  

Cuando rememoramos Ojeda no se nos vienen al pensamiento las imágenes actuales sino las de la que conocimos siendo niños y hemos contado.

Luego nos llegan visiones que de jóvenes captamos cuando caminábamos al mediodía siguiendo una ruta-atajo para paliar el solazo, recorriendo el trayecto de aproximadamente ochocientos metros entre las cuatro reverberantes calles que se seguían para ir desde la plaza Alonso de Ojeda -donde bajábamos de “la jaulita”- hasta el liceo Dr. Raúl Cuenca.

Entonces en el ambiente ya era palpable la pérdida de su trazado urbanístico fundacional, pero todavía se le veían rasgos para un futuro promisor que ahora urge recuperar para que retome su camino de progreso.

Puede parecer iluso…, mas por esperanzada percepción consideramos con optimismo cuánto podría hacer la generosidad colectiva por la recuperación de Ojeda, por el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes y para la satisfacción de sus nativos.

 

 

Manuel Bermúdez Romero

 

 

 

FUENTES TESTIMONIALES

 

Para escribir estas memorias se requirieron precisiones sobre los nombres de algunas personas, instituciones y escenarios que fueron hechas por las señoras Aurora Cubillán, Graciela Fuentes de Salazar -adeca y cantora aficionada que se acompañaba con su guitarra en actos culturales- y Emilia Cornieles. También por parte de José Luis “Cheché” Marcano, Adelmo Villasmil, Víctor Piña, Antonio “Tonino” Lambo, Ramón Chávez Pérez, Esther Bermúdez de Krijt, Elsa Bermúdez de Carezis, y Armando, Antonio y Jesús Bermúdez Romero, todos ellos habitantes de Ojeda adonde arribaron entre finales de los años 40 y principios de los 50 del siglo XX. Algunos de los testigos de esta historia continúan viviendo allí, en la que se recuerda como la primera población planificada que tuvo Venezuela.

 

 

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43 comentarios

Bill Watson -

I am Bill Watson. We lived in Las Morochas, Venezuela from 1960 til 1968 in the Otis camp across from Barrio Libertad. I attended Escuela San Agustín, EPA and Roberts school before we moved back to the States for 1 year.

We returned to Venezuela and lived in Maracaibo until my father retired and family returned to hometown Texas. I attended Escuela Bella Vista until the 10th grade. I never lived full-time in Venezuela after 1973 when I went off to Baylor School for Boys in Tennessee. I have not returned to Venezuela since 1979 and likely will not again. This is a short homage to my father HBWatson.

Viví en un campo petrolero juntito al Barrio Libertad en Las Morochas durante los años 60. Como ya habrán visto en mi escrito anterior, mi padre era encargado de una empresa de servicios a la industria petrolera (Otis Engineering).

En estos días se le llamaría imperialista, pero pocos conocen la hombría y el honor de este “imperialista” ya vuelto a su Padre en el cielo.

Durante su estadía, él hizo que se cambiaran las leyes de Venezuela en cuanto al pago de empleados (entonces se requería pagar en efectivo cada dos semanas). El dinero se gastaba en una semana y los obreros y sus familias no tenían con que progresar.

Él se dio cuenta de que los obreros carecían de disciplina porque nunca se les había enseñado lo que es usar un banco ni cómo hacer un presupuesto para mejorar sus vidas familiares.

Mi papá negoció con el Gobernador del Zulia para que los obreros se pagasen 25% en efectivo y que lo restante se depositara en una cuenta bancaria propia. Se hicieron talleres para la enseñanza del manejo financiero y era requisito asistir.

A los pocos años se veía que los empleados de mi padre empezaban a tener casas mejoradas, que sus mujeres e hijos vestían debidamente y que muchos ya compraban camionetas propias. Cuando había reporte (se necesitaban empleados), la gente acudía. Se sabía que los trabajaban con mi padre salían adelante. Antes no era así para los obreros comunes en la petrolera.

Por otro lado, él enfrentó la más larga huelga (sindicato de hidrocarburos) en la historia de Venezuela y tras ganar contra del sindicato, recompensó a los fieles y echó a los oportunistas. Poco después, él estableció un programa para mandar a EEUU a los trabajadores más hábiles a entrenarlos a ser “operadores” (wireline operator). Éstos volvían a Venezuela a trabajar en puestos de responsabilidad y llegaron a ser altamente respetados dentro de la industria y sus comunidades.

Mi papá no fue responsable del éxito de estos hombres y de sus familias, él simplemente veía el potencial de su prójimo y proporcionó oportunidades que ellos realizaron.

Recuerdo con nostalgia mi niñez vagando por los barrios. Recuerdo también a Pan Blanco, a Pancho, al Sr. Luís y a Garna, entre otros. También recuerdo las lágrimas y los abrazos y los regalos con los cuales se despidieron de mi padre y de mi familia cuando volvimos a vivir acá.

Era otra época.

Bill Watson

Bill Watson -

Que gusto da leer este recuerdo. Permítanme comparti otro.
Yo soy estadounidense y viví en Venezuela de los 60 hasta los 80. Era entonces un país encantador; gocé de una niñez idílica. Ya sé que, siendo gringo cuyo padre era encargado de una empresa petrolera, mi experiencia era algo excepcional. Sin embargo, el recordar mis años en Maracaibo y en Las Morochas me llena de nostalgia.
Recuerdo lo que era la pobreza del barrio, pero también la virtud y el honor (como se oye en el himno nacional) que se sentía. Muchos tenían poco, pero lo compartían y siempre que había fiesta, comíamos, cantábamos y bailábamos. Las ferias de la Chinita y la de San Benito figuran entre mis mejores recuerdos.
Lo que leo en estos días me entristece. Siento que “mi” Venezuela se ha ido. La echo de menos y bien sé que no volverá. Lo único que me atrevo a esperar es que no caiga del todo en la fosa del engaño.

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Lilia, me agrada que por vía de este blog y artículo puedas hacer contacto con tus amigos de Ciudad Ojeda donde ellos estén. Recibe un abrazo.

Manuel Bermúdez Romero -

Sr. Morton:

Imagino que su padre es Joe. Sería de mi agrado que le dejara leer esta crónica. El fue amigo de mis hermanas y, sus abuelos, Joe Richard "Dick" y Ana, amigos de mis padres Antonio y Eufrosina.

Lilia Alvarez -

Un saludo grande para ti Manuel! Y quiero enviarle un saludo con mucho cariño a la flia. Candelori, pues los conocí cuando llegaron a Ciudad Ojeda, vivían al lado de nosotros, Lilia Modas, y cuando nació Orestes, el hijo mayor, lo cargue mucho, también para la Sra. Esther su mama, tan amable y cariñosa, a Mike no lo conocí, se fueron todos? Mi correo: Lilia.lizarazo66@hotmail.com, gracias Manuel, por la oportunidad de contactar tanta gente bonita! un beso grande lilia

Joel Hendrix Morton -

Cuantos recuerdos gratos. Al leer este artículo me transporte a la Ciudad Ojeda donde crecí. Muchas gracias por su trabajo. Se lo voy a enviar a mis padres y hermanos. Estoy seguro que lo van a disfrutar.

Manuel Bermúdez Romero -

Señor Candelori, agradezco su referencia y precisión en relación con la zapatería, y celebro que su padre aún permanezca con vida. Teniendo el señor Candelori tan buen recuerdo sobre Ciudad Ojeda, seguramente le gustará leer esta crónica. Quedo agradecido por su lectura y comentario, dele al señor Carlo cordiales saludos de parte de los hijos y familia de Antonio Bermúdez, fallecido en el año 1972.

Mike Candelori -

Escribo a Manuel Bermúdez Romero.
La Zapatería Orinoco dejó de existir, aunque aún es nuestra propiedad. Mi padre Carlo Candelori la compró al Señor Bermudez, y fundó ahí lo que fué la primera Zapatería de la ciudad. Mi padre tiene ya 90 años, y aunque ahora está en Italia, recuerda y extraña siempre a la ciudad que lo acogió y lo trató como antes se trataba a los inmigrantes en cualquier parte del mundo: Dándole calor y amistad !

manuelbermudezro@gmail.com -

Amigo Iván José Salazar Zaid:

Agradecido por el reconocimiento. Creo que poca gente en la región conoce de la existencia de estos reportajes y crónicas sobre la Costa Oriental de Lago.

Concretamente sobre el aporte que me pides, debo decirte que no tengo mucho dato sobre fechas de acontecimientos y personajes. Ciudad Ojeda creció siendo yo un niño.

Lo que sí me comprometo es a pasarte una lista de los reportajes y crónicas que puedes encontrar en esta bitácora sobre la COL, de modo que sirvan como aporte para el enriquecimiento de la historia que escribes sobre el municipio Lagunillas.

Igualmente gracias por el dato sobre tu libro.

Cordiales saludos.

Anónimo -

Amigo Iván José Salazar Zaid, quedo muy agradecido por el reconocimiento. En verdad creo que poca gente en la región conoce la existencia de estos reportajes y crónicas sobre la Costa Oriental del Lago.

Concretamente en relación con la solicitud de fechas de acontecimientos y fundaciones, no dispongo de información precisa. La mayoría de esas construcciones y hechos acontecieron siendo yo un niño.

Lo que sí creo que puede ser útil es que te pase la lista de los trabajos periodísticos que sobre la COL y algunos de sus personajes he insertado en esta bitácora. Pienso que es la mejor manera con de la que dispongo para aportar información a la historia del municipio Lagunillas que estás escribiendo.

Igualmente gracias por el dato sobre tu libro.

Cordiales saludos.

Iván José Salazar Zaíd -

Estimado Manuel Bermúdez Romero, me he deleitado con su crónica de la cual me atrevo a decir es la más completa que he podido leer de Ciudad Ojeda. Tu aporte es muy importante para poder desarrollar en los nuevos habitantes de esa populosa ciudad un sentido de pertenecia de ella y se preocupen por el rescate de sus raíces y valores los cuales se están perdiendo y sin ellos no se puede seguir construyendo una sociedad con su propia identidad. Actualmente, estoy escribiendo la historia del municipio Lagunillas en fechas. O sea una cronología, pero para ello necesito fechas precisas de los hechos, es por eso que te agradecería grandemente que me ayudaras en la consecución de las fechas en que se construyeron grandes obras o en las que sucedieron los hechos más importantes. Las fechas como fundación y creación del municipio, etc., ya las tengo. Me interesan específicamente las fechas de inauguración o construcción de cines, empresas, centros comerciales, fechas de nacimiento o muerte de grandes personalidades de la región, etc.
Sabré reconocer tu aporte en la obra.
En espera de tus buenos oficios. se suscribe.
atentamente,
Lcdo. Iván José Salazar Zaíd
Miembro de Número de la Academia de Historia del Estado Zulia y del Directorio de la Cátedra de Historia del Zulia de UNIOJEDA.
P.D. Por si te interesa, Uniojeda publicó un libro de mi autoría titulado: Síntesis Histórica de Lagunillas.

Manuel Bermudez Romero -

Me contenta, Lilia. Y aprovecho para comentarte que los aportes son libres. Por lo mismo digo al comenzar que esta es una memoria personal mía. Cada quien puede tener la suya y aportarla para nutrir esta. Saludos.

lilia de alvarez -

me quede sin palabras, al leer todo sobre mi ojeda querida! creo que tienes que escribir otra, son demasiadas vivencias muy alegres, la historia nos pertenece y no podemos olvidarla, te felicito un beso grandeeeee....

Manuel Bermúdez Romero -

Saludos Gustavo y gracias por tu comentario.

Me propuse escribir esa crónica con la idea de dejar memoria de nuestro pueblo. Yo sí nací allí, en la avenida Bolívar, en la casa donde estuvo y probablemente todavía se halla, la Zapatería Orinoco.

Habitualmente las crónicas de nuestras ciudades y pueblos sólo mencionan los nombres de sus fundadores y de sus habitantes más conocidos, me he propuesto contar lo que llaman pequeña historia, esa que nadie cuenta porque no parece importante.

La que he contado sobre Ciudad Ojeda, es la que yo conozco, puesto que como digo en la crónica, cada quien tener su propio recuerdo y vivió en el sitio desde su experiencia.

Imagino que estoy escribiéndole a Gustavo Ramírez, el líder del equipo de de voleybol del Liceo Cuenca entre 1968-69, el hermano de Mireya y Nelson.

Si estoy en lo cierto, te invito entonces a buscar en esta misma bitácora http://contextos.blogia.com, un reportaje titulado: Liceo Raúl Cuenca, 50 años. Allí te menciono a ti, como a muchos otros de los compañerosde aquella época.

Me contenta saber que estás bien y deseo que Dios igualmente a ti a te depare salud y bienestar.

Cordiales saludos.

GUSTAVO A. RAMIREZ NAVA -

Apreciado Manuel:
Muy bueno tu escrito sobre nuestra querida Ciudad Ojeda.Si te digo la verdad me llene de mucha nostalgia al leerlo. Es como retroceder en el tiempo, como pasar nuevamente la película.
A pesar de que nací en Bachaquero desde muy corta edad nos mudamos a Ciudad Ojeda y allí vivi hasta terminar el Bachillerato en Liceo Dr.Raúl Cuenca, sin embargo mis padres,hermanas y demas familiares aún viven allí.
Frecuentemente los visito y puedo sentir el calor de esa tierra que me vió crecer.
Gracias por tu preocupación e interés de hacer conocer el origen y desarrolo de nuestra ciudad madre.
Muchos saludos y que Dios te de fuerzas para seguir escribiendo.

Manuel Bermúdez Romero -

Señor Terán, le agrego como comentario que cuando yo era niño se hablaba de OJEDEÑO, término que se corresponde más con la explicación que usted ofrece apoyado en las explicaciones del profesor Casado.

Cordiales saludos.

Manuel Bermúdez Romero -

Señor Wilfredo Terán:

Usted debe tener la razón junto con el profesor Jesús Casado. Igualmente yo me niego a declararme citojense y preferiría ver una aclaración lingüistica sobre la materia para asumir una denomiación equis o zeta.

Desde hace tiempo decidí sólo decir que nací en Ciudad Ojeda. Es posible que Omar Bracho, cronista de la población, sepa explicar dónde se originó citojense.

Son nombres repentinos que uno no sabe de dónde surgen y quién los impone. No sé que edad tiene usted y si lo sabe, pero le puedo decir que la Costa Oriental del Lago (COL) se llamó mucho antes La Otra Banda, posteriormente se le llamó Zona Petrolera. La expresión Campo Costanero Bolívar, menos usada, fue un término creado por las petroleras, proveniente de Bolívar Coastal Field. Sin embargo, todos eso nombres son aceptablesl, pero citojense la verdad que es que "no suena" bien.

Del mismo modo, al Sur del Lago, siendo yo un niño, se le llamaba Zulia, y de allá eran los zulieros.

Hay alguien que impone nombres y uno no sabe quién.

Cordiales saludos.

Wilfredo Terán -

Saludos a todos, quisiera participar en este blog para expresar mi opinión y hacerlos participes de una campaña que particularmente he hecho desde hace unos cuantos años atrás desde los medios de comunicación , ya que durante 8 años mantuve en una televisora local un programa de corte informativo y de conversación con personajes de nuestra comunidad allí estuvieron como invitados Ezio Rinaldi, Pascuale Taddei entre los italianos constructores no solo en lo físico sino en lo afectivo de nuestra ciudad y otros tantos que por espacio debo excluir ahora, esto me dio para comenzar a tratar de esclarecer el gentilicio de los habitantes de Ciudad Ojeda, en una ocasión intercambiando opiniones con JESUS HERMENEGILDO CASADO ESCRIBANO (nacido en España) , conocido por haber sido profesor de Castellano y Literatura en el colegio San Agustín y una de los mas connotados lingüistas que este humilde servidor haya conocido, el indicaba que no debería utilizarse citojense para identificar a los habitantes de esta urbe , en ese instante nació esa curiosidad y al tratar de separar la composición de la palabra en cuestión nos encontramos que cito no tiene nada que ver con ciudad , lo más parecido es citadino que alguien alguna vez creyó que significaba habitante de una ciudad , pero su significado no aparece en el diccionario de La Real Academia Española, tomando literalmente la palabra cito el mismo diccionario la define de la siguiente forma:1. Interj. p. us. U. para llamar a los perros. También como (Del gr. κύτος, célula).1. elem. Compos. Biol. Significa 'célula'. Leucocito. Citología, citoplasma. esto en primer lugar , luego está la palabra ojense que debería definir a los habitantes de una ciudad nombrada oje, porque los de Ojeda deberían ser Ojedaenses u ojedenses y buscando en ese mismo diccionario lo único encontrado que guarde alguna similitud con lo investigado es una población llamada Ciudad Real cuyo gentilicio es Ciudadrealeño o ciudad realense por ese motivo en cada ocasión que estoy en el medio comunicacional y cuando al hablar de gentilicio se trata me identifico como Ciudad Ojedaense, si el español es para comunicarse de una manera clara en los países de habla hispana si se menciona citojense dirán en otro país de acuerdo a su composición que usted o es una célula nueva, un estudio celular innovador o un can humanizado de algún Oje, saludos a todos , Yo soy CIUDAD OJEDAENSE ¿ y usted?

Manuel Bermudez Romero -

Estimado Dixon, agradezco mucho todos esos recuerdos que dejas escritos, porque son parte de esa historia menuda que debe resguardarse.

Te voy comentando. También yo estudié en el San Agustín, pero un solo año: Kinder, mientras otro de mis hermanos estaba en sexto grado. Sería interesante escribir la historia de ese colegio. Es cuestión de recopilar los datos y yo me comprometo a escribirla.

De Joniper me acuerdo del nombre y tengo la idea de que en algún momento estuvo a la orilla de la vieja Carretera Nacional en el sector La Tropicana, cerca de la entrada a la carretera "N".

Tienes razón, allí donde lo señalas estuvo Vandiesel y Sears. De lo que no me acuerdo es del restaurante King House.

Del señor Flores me acuerdo igualmente. En efecto de su guasacaca y de la preparación que hacía de la carne con yuca. Creo que él se movió por varios sitios en Ciudad Ojeda. El que yo recuerdo es el local de la Intercomunal a mitad de las entradas por la Bolívar y la Alonso de Ojeda. Es más, él creo que venía de servir en los restaurantes de Shell en Lagunillas. Creo que de allí lo conocía mi papá.

Bueno, ya debiste ver la mención que hago de la señora Lutti, de Roberto y sus hermanos. Yo en verdad a la señora no la recuerdo, pero sí a Vasco y el restaurante.

Lo de los plátanos y las cantidades es de contar, porque por allí se puede dar una idea gráfica de lo que significa la inflación y de lo duro que pega en el bolsillo y empieza a pegar en el estómago. Yo en Tamare, en el Victoria, llegué a comprarlos a 30 y 25 plátanos por bolívar. Pero para transportarlos había que ir en un carro, puesto ¿te imaginas cargar con 25 plátanos en una bolsa a lo largo de cinco, seis cuadras? Mi casa no quedaba cerca del supermercado. Demasiado peso.

Bien, quiero decirte que este espacio está a tu orden. Por lo demás, como tú sábes, aquí en estos medios digitales no hay límites de espacio.

Recibe mi afectuoso saludo.

Manuel

Dixon Arellano -

Manuel, a pesar de que hasta el año 1995 cuando me mudé y empezé a vivir en Ciudad Ojeda, desde 1955 fecha en la que llegamos a Lagunillas provenientes de Casigua el Cubo, siempre estuvimos relacionados con Ciudad Ojeda. La primaria la hice en el Colegio San Agustín, cuando era un colegio de varones solamente y en el año 1963 cuando sali de sexto grado, me fui al Instituto Escuela en Lagunillas. Posteriormente, en el año 1968 fuimos la segunda promoción de bachilleres del Instituto Escuela. Volviendo a Ciudad Ojeda, puedo decirte que mi primer Flux me lo compraron en JONIPER que ya existía en los años 50 en el mismo local que hoy se encuentra. Al lado de la Farmacia Europa, en ese local grande, estuvo primero una tienda de nombre VAN DIESEL (perdonen si me equivoco deletreándola) y posteriormente, por varios años funcionó alli, SEARS, que desapareció después del control de cambio establecido por Luis Herrera Campins. Recuerdo mucho siendo que alla por los años 50, habían unos locales situados al lado de lo que hoy en día es el King House (el famoso restaurant de los chinos, como se le conocía), y en uno de esos locales había un pequeño restaurant que lo manejaba una familia de apellido Flores. Su especialidad era la carne asada, pero sobre todo, una guasacaca para la carne, que fue muy famosa y te puedo decir que cuando cerraron el restaurant, jamás volví a probar una igual. Cada vez que la Shell tenía una celebración, alli estban los Flores con su especialidad. Recuerdo también el restaurant DA VASCO, por los años 60, de Roberto Lutti y su mamá (La Mamma) era quien cocinaba esa rica comida italiana. Cuantos recuerdos de una Ciudad Ojeda pujante, llena de gente, de bancos, de curiosidades, de gente conocida, orgullosa, que sentíamos que vivíamos en una de las mejores ciudades de nuestro país... recuerdo que el supermercado Victoria, que estaba en los años 50 en el mismo sitio, los viernes solíamos venir a comprar 50 plátanos por 1 Bs., el kilo de carne a 2,50 Bs., y paremos de contar...
Para mi ha sido un verdadero orgullo, haber crecido en tre Lagunillas y Ciudad Ojeda... haber vivido en ambas y tener un pasado con tantos recueros, como los tengo, evoco y disfruto... gracias por haberme permitido escribir esta líneas, que para mi representan una parte importante de mi vida...
Dixon Arellano

Manuel Bermudez Romero -

Por fuera del blog Agustín Alfonzo escribió:

Manuel, felicitaciones por haberme traido a la mente memorias que la distancia y el tiempo las habian alejado de mi memoria.
Gracias a Dios q' tenemos personas como tu para deleitarnos en nuestra vejez.
Un abrazote y saludos a la familia.

Agustin
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Manuel Bermudez Romero -

A través de un mensaje enviado a mi correo electrónico, el amigo y colega Luis Moreno Gómez, escribió lo que sigue:

GRACIAS,MANUEL, APROVECHE PARA REVISAR OTRAS CONTRIBUCIONES DE TU BLOG, CONVERTIDO HOY PRACTICAMENTE EN UN LIBRO DE INTERESANTISIMAS CRONICAS. OJALA CONSIGUIERAS FINANCIAMIENTO PARA DARLE ESE FORMATO Y PONERLO A LA VENTA. UN ABRAZO, LUIS.

Manuel Bermudez Romero -

Por fuera del blog Mayela Bermúdez de Pocaterra escribió:

Hola Manuel, como ya te habia dicho el dia que hablamos, no he podido lograr que entre mi comentario sobre Ojeda.

Tus remembranzas me transportaron de inmediato a los brazos de nuestro querido padre saliendo del cine Nuevo despues de ver una de vaqueros con Audie Murphy,
preferida por él y nosotros también.

De alli nos llevaban a comer "PASTICAS" en el Bambi, donde ese extranjero que nombras en tu relato siempre me daba una pequena palmadita en la mejilla despues de entregarme mi dulce.

Tambien me fui a la casa de la Tropicana, donde recuerdo con claridad cuando se aproximaba San Benito por el sonido de los tambores, al igual que ustedes corria a esconderme. El problema no era San Benito sino los Sambeniteros!
San Benito cayo/en la puerta mayor/se rompio la cabeza con un plato de arroz/
San Benito lo que quiere es que le baile la mujer.
Sin embargo, a pesar de mi terror, disfrutaba mucho ver bailar y cantar a los Sanbeniteros, eso si, BIEN LEJOS!
Tantos recuerdos lindos de nuestra infancia y adolescencia.
Saludos,
Mayela.

Italo Serra -

Excelente remembranza de Ciudad Ojeda, sobre todo para los que de u otra forma vivimos lejos.... felicitaciones

Manuel Bermudez Romero -

Señor Luis Loreto:

Primero gracias por la lectura de mi crónica. No soy el locutor, pero sí sabía de ese homónimo que trabajaba en Radio Suave (creo) en Caracas.

Mi nombre completo es Manuel Trinidad Bermúdez Romero, pero también hubo un pintor llamado Manuel Trinidad, creo que Trinidad era su apellido. Luego existió el bien conocido profesor, escritor y periodista Manuel Bermúdez, fallecido recientemente. Siendo yo periodista y concimiento de que mi nombre se repetía varias veces, decidí agregarle a mi firma mi apellido materno.

Pero bien, volviendo a la crónica sobre Ojeda, le comento que pienso que es cierto lo que usted dice, hay que estimular que se escriba más la historia menuda o la pequeña historia de los pueblos, y de las ciudades también.

Qué bueno sería tener pequeñas obras que contasen cómo era la vida en Caracas en los años 20 del siglo pasado, por escoger una fecha.

Esa historia pequeña que habla de personas que no fueron importantes, pero que llevaron una existencia que también cuenta, que puede ser interesante y deja el recuerdo de la vida real de las personas alejadas del poder o de la gloria.

Leeré el texto suyo al que me está remitiendo.

Cordiales saludos.

Luis Loreto -

Estimado Manuel Bermúdez Romero (¿El locutor?): En la entrada http://luisloreto.blogspot.com/2008/05/piln-coma-albndigas.html de mi blog, muy olvidado últimamente,hay una referencia corta a Ciudad Ojeda. Que bueno que se esté escribiendo la pequeña historia de los pueblos que no por pequeños dejan de ser importantes.
Luis Loreto
luisloreto@gmail.com

Freddy Josè Martiìnez Mendez -

Recordado Manuel,que mas puedo agregar a esta excelente remenbranza. Aunque vivìa en Lagunillas (fuimos fundadores del Instituto Escuela Lagunillas cuando se iniciò en aquel viejo Hospital de la Shell en el campo Bella Vista), pasè mucho tiempo de mi niñez y juventud en Ciudad Ojeda por lo que conocì a muchos de esos personajes y sitios por tì recordados. Volveron a mì memoria experiencias vividas de esa juventud disfrutada al màximo, pero de una manera muy sana.
El señor gordo a quien se refiere Arnaldo fue efectivamente Orfelio Bortolussi (qepd) quien laboraba y Z&P al igual que el Sr. Breda, el personaje a quien se refiere Luis Paiva fue Don Pedro Colina, hombre de grata recordaciòn en los cìrculos gaiteros. Manuel no me queda màs que felicitarte y que el Todopoderoso cotinùe iluminandote a fin de que podamos disfrutar de periodismo de altura. Un abrazo,Freddy Martinez.

Esther -

Hola Manuel,

¿Que más puedo agregar yo si ya todo está dicho? Muy buena tu crónica sobre Ciudad Ojeda, sobre todo llena de gratos recuerdos de tanta gente con quien compartimos una infancia feliz, sin peligros ni temores. Además de la infancia pasamos nuestra juventud en la zona petrolera...son muchos los recuerdos y el cariño que le tenemos a la zona. Imagínate...si hasta nuestra cuñada caraqueña se adaptó de maravilla a la zona. Estoy segura que muchos disfrutarán esta crónica.

Creo que la persona de la Z&P a quien Arnaldo se refiere es al Sr. Bortolucci (no recuerdo su primer nombre).

Felicitaciones y hasta la próxima.

Manuel Bermúdez Romero -

Amigo Carlos, efectivamente hubo un aporte de todos y una mezcla racial conveniente.

Saludos.

Carlos Caceres Guerrero -

Gratas remembranzas de su parte y lo que mas me agrada es que a nombrada a muchas familias de la ojeda vieja, de todos esos citojenses que también dejaron su huella plasmada en esta ciudad; porque la historia de ojeda no solo se escribe desde la llegada de los extranjeros, a los cuales como no le debemos el desarrollo industrial y urbano de esta ciudad no se puede negar; pero acá hubo un pueblo maravilloso de venezolanos emprendedores de buenos modales de buenas costumbres que cautivo y sigue cautivando a muchos y aunado a esto nuestra gran riqueza mineral que es lo que nos ha permitido albergar en nuestra pequeña ciudad un mosaico de diferentes culturas. De allí el porque de tanta mujer hermosa. Que agradable amigo Manuel Gratos saludos

Elsa Bermúdez de Carezis -

Hola Manuel,
De más está decirte todos los recuerdos que vinieron a mi mente después de leer tu crónica. Recuerdo el día en que Tonino y su familia llegaron a la casa de la esquina, cuando él nos enseñó a montar bicicleta, el "robo" que hacíamos de las frutas del Sr. Bruno (tío de Dianorah y Fanny Barbera), las arepas de la Sra. Rosa Colmenares, mis escapadas a casa de tío Elio, para que mamá no me alcanzara con su paleta, las caminatas de Jesús y mías hacia la escuelita de la maestra Capa, en fín toda mi niñez y juventud. Además, el Gigi era el sitio donde Pierre me llevaba a comer.
Aída habla del cine Iris y mi recuerdo más grato de este y de Aída era que ella me hacía lucir mayor (cuando pasaba días con ella y Armando), para que yo pudiese pasar a la función de las 9:00 p.m.
Tal como todos han dicho, eran años de paz y tranquilidad, cero angustias para la mayoría.
Te felicito de verdad, estoy segura de que muchos serán los comentarios que recibirás.
Un abrazo.

Manuel Bermudez Romero -

Por fuera del blog Beatriz de Matos nos hizo llegar el siguiente mensaje:

Hola Manuel! con sumo placer y nostalgia he leído tu crónica...vinieron a mí, recuerdos de infancia, adolescencia y de historias vividas por Toño (Antonio) que a través de él conocí. Un discurso descriptivo, narrativo y argumentativo que hacen de esta crónica un poema en prosa...Un merecido homenaje a esta tierra que nos vió crecer...amar y soñar en grande! y nadie nos lo arrancará del corazón. Felicitaciones!!! Qué memoria tan prodigiosa y con que sabor la expresas! ...con muchos amigos la he compartido! Un abrazo,

Beatriz y Antonio

Manuel Bermudez Romero -

Por fuera de la bitácora Arnaldo Salazar Raffalli hizo este comentario:

BUENISIMO MANUEL
LLEGUE A TRABAJAR EN TIA JUANA EN ABRIL DE 1968 TRANSFERIDO DE QUIRIQUIRE Y NOS ALOJARON EN TAMARE, CALLE 20 # 10
POR SUPUESTO TUVIMOS MUCHISIMO CONTACTO CON OJEDA Y MUCHOS DE LOS NOMBRES QUE MENCIONAS, TE FALTARON ALGUNOS COMO EL ITALO QUE PRESIDIA Z Y P , NO RECUERDO SU NOMBRE, ERA UN HOMBRE GRANDE Y GORDO.
PRESENCIE EL COMIENZO DE SEARS Y DEL BOWLING QUE QUEDABA AL LADO Y FUI A CASI TODOS LOS RESTAURANTES QUE MENCIONAS, HABIA UNO DE CHINOS TAMBIEN ,,,,,,,,,,,,,,,,,QUE RECUERDOS, TODAVIA TENGO UN RELOJ QUE MI ESPOSA ME COMPRO EN LA JOYERIA OJEDA EN 1979.
GUARDARE TU NOTA COMO TESTIMONIO DE ESA MUY BELLA

EPOCA, PARA MI HASTA FINES DE 1980 cuando volvi a Oriente.
ARNALDO SALAZAR

Aida Bermudez -

Hola Manuel,
Me encanto tu articulo de Ciudad Ojeda. Gratos recuerdos de los primeros a#os de recien casada. Ya de antemano conocia todas esas historias, siendo novios, Armando me las referia. No se si con la idea de que me fuera acostumbrando a su
terru#o, para cuando nos tocara
vivir en la zona Petrolera. .La verdad es que fui a muchos de esos lugares mencionados por ti.Tambien
me acuerdo del "Cine Iris' pero me imagino que este era mas nuevo.Se que este articulo le traera a muchos muy gratos recuerdos. Yo aprendi a querer la zona.Tal vez por estar en compa#ia de mi cara mitad.
Los Restaurantes no tenian nada que envidiar a muchos de la ciudad.Buen
menu y atencion de personas conocidas.
Pensar que han pasado 53 desde ese
a#o 57 cuando pise por primera vez
suelo Zuliano.
Un abrazo cu#ado y gracias por todos esas evocaciones de Ojeda.

Rakelota -

Qué belleza de relato aunque no tengo el privilegio de conocer esta hermosa ciudad su relato me dejó inmensas ganas de conocerla. Gracias una vez más Don Manuel por ese rol que cumple ante la sociedad de informar a nuestro pueblo, me deleitó mucho su crónica. Saludos

Luis F. Paiva -

Gratos recuerdos Manuel. Me remonto a los primeros dias, cuando ya prestos a comenzar las clases, haciamos el viaje obligado a Las Morochas a comprar los aperos escolares en el Almacen La Linda, medias "talla única", zapatos "Pepito", "gomas Keds" para el deporte, en ese momento conoci a Ciudad Ojeda, luego la vivo de nuevo cuando tuve que pintarme la RC en la frente como dice Rodolfo Ojeda, porque me toco "reparar" en el Cuenca materias "raspadas". En una época tocando en uno de esos conjuntos "roqueros" de nuestra adolescencia llegamos a amenizar unos carnavales que se celebraban en el "Baby Kart" en la misma calle del Cuenca y que era regentado por un locutor de apellido Colina. Muchos recuerdos, lagrimas al hacerlos presentes, pero de felicidad "carritos por puesto", "jaulas", calor, Base ball, profesores, amigos y amigas, canciones........Buena esa.

Pascual -

Don Manuel, lo felicito por estas lineas emotivas y nostalgicas sobre su pueblo y su gente. Esperare la proxima entrega con gran expectativa.

Raiza López Henríquez -

Saludos y mis felicitaciones por plasmar tan hermosos recuerdos de Ciudad Ojeda. Lo felicito, me hizo recordar bellos momentos vividos en mi adolescencia, entre ellos el transporte que contrataron mis padres junto con los Canelón (de la automotriz) para llevar a los 15 hijos a la escuela en Lagunillas; las caminatas desde mi casa en la calle San Antonio acompañadas por los amigos que nos daban serenata, recogiendo a las chicas, para ir a las misas de aguinaldos, en el Colegio San Agustín. Y cuando la LUZ estuvo cerrada un grupo de amigos, en las tardes, nos reuníamos en Bambi para compartir con los vecinos y disfrutar de sus postres.
Amigo, Que tiempos aquellos, nosotros los jóvenes todos felices, sanos en cuerpo y alma y lo mas importante era compartir, hacer amigos, y pasarla bien en un poblado donde todo era paz, tranquilidad y amor.

Rodolfo Ojeda Guanipa -

Excelente: Dos anécdotas una de mi papá y otra mía. Cuenta mi viejo que en aquellos días del año 49, cuando aterrizo en Maracaibo y por primera vez ya que iba a trabajar con ESSO, tomo el Ferry a la Rita, mientras esperaba fue atraída su atención hacia un señor que gritaba, Cabimas, OJEDA, Lagunillas. Mi papa se le paro en frente y le dijo mucho gusto EDMUNDO OJEDA para servirle. Queda a la imaginación de ustedes toda la aclaratoria que hubo de parte y parte.
Edmundo Ojeda fue el primer Ingeniero de Petroleo Venezolano con Master, que fue contratado para trabajar en el lago, me acuerdo que fue uno de los fundadores de FE y Alegría en la zona y supervisó la construcción del liceo Fe y Alegría que queda en Barrio Libertad las Morochas.
La otra me compete a mi; cuando estudiaba en el Instituto Escuela año 1969, Lagunillas y el Profesor de química DICKSON Pirela, con C y con K(así se presentaba el personaje) me recrimino por alguna travesura o mala respuesta, con una voz chillona y algo nasal con mucho acento maracucho, - Ayyy OJEDA vos como que tenéis la RC de Raul Cuenca en la frente.-(el Liceo Raul Cuenca que quedaba en Ciudad Ojeda era donde se reparaban las materias raspadas) No se de donde me salio pero de inmediato respondí, remedando la voz del profesor, -El que tiene la RC es usted pero de Carro Rayaooo.-
Me botaron de clases por tres días y por supuesto me rasparon química. Tiempos aquellos de mucha paz alegría y amor.

Nilda Berroteran -

Excelente! su escrito sobre la Historia de Ciudad Ojeda. Muy importante para quienes nacimos luego y que aun transitamos por esas calles. Saludos.

Manuel Bermudez Romero -

Por fuera de la bitácora Jorge Zajía escribió:

Manuel,

Un intento muy válido y creo que es lo mejor que se ha escrito de tu natal Ciudad Ojeda, un pueblo como todos, olvidados en la memoria de la gente.

Un abrazo,

Jorge Zajia

Gustavo Quintini -

Hola Manuel: la lectura de tu emotivo y sabroso escrito sobre Ciudad Ojeda, me trajo gratos recuerdos de mi inicio profesional y de hombre casado allá por octubre de 1960, cuando llegué a estrenarme como médico general en las Clínicas Creole de Tía Juana. Sin duda encontramos mi mujer y yo en Ojeda una pequeña ciudad, acojedora y con todos los recursos que podías requerir para complementar la calidad de ambiente de que disfrutabas en los campamentos petroleros. Incluso debo decirte que podías obtener muchos productos y satisfacer gustos gastronómicos que no encontrabas ni en Maracaibo (mucho menos en Cabimas). Todos esos establecimientos comerciales y los restaurantes que mencionas en tu crónica los recorrimos mi esposa y yo innumerables veces entre los años 60 y 66. Guardo especial recuerdo del Gigi donde comíamos la mejor pizza que jamás hemos vuelto a encontrar, ni en Italia. Recuerdo que mi cuñado, una vez que la probó por invitación nuestra, hacía viajes expresos desde Maracaibo para degustarla. Fué una lástima que su dueño (o el maestro pizzero, no estoy seguro) falleciera en el terrible accidente del avión de Viasa en Maracaibo. En fin, que he disfrutado mucho, a exactamente medio siglo de haber vivido plenamente esos primeros años de vida profesional, leyendo tu crónica. Un abrazo para ti y que sigas escribiendo con tan buena prosa y de temas tan gratos. Un saludo también para tu hermano Armando, mi compañero de colegio en Mérida y luego en Creole-Lagoven.

Nancy Ramirez -

Saludos amigo, excelente remembraza de aquellos tiempos de juventud. Me vi con mi uniforme azuL con falda de tachones y un peto en el pecho con un muchacho de largas piernas y excelente conversación a mi lado, recorriendo esos ochocientos metros de atajo entre el Liceo y la plaza Alonso para volver a casa. Que tiempos aquellos Manuel. Un abraZo amigo
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