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También yo estuve en La Habana

También yo estuve en La Habana

En La Habana castrista, quiero decir. Fue hace más de veinte años y la ciudad era ya lo que ahora los comunistas venezolanos de antes cuentan como si estuviera ocurriendo apenas hoy.

Por eso cuando leo sus artículos concluyo en que insinceramente se excusan por lo que apoyaron hasta hace relativamente poco y era malamente obvio a los pocos años del inicio de la revolución: la pésima vida que allí se lleva, más el sometimiento a la voz de un amo tirano.

Ese mal ambiente era tan palpable que mi madre, con cuarto grado de educación primaria y quien visitó La Habana varios años antes que yo, regresó a casa diciendo lo que es obvio para todo quien tenga vista para ver.

¡Aquello es una miseria!

Algo así me dijo como resumen de lo que vio. Pero me apuntó un parecer impactante, dijo que si ella hubiera residido en Cuba y le hubiera tocado esa vida, también hubiera querido echarse al mar para tratar de alcanzar las costas de la Florida, aun a riesgo de que se la comieran los tiburones en el estrecho marítimo entre las dos orillas. Hubiera sido pues, una balsera.

Se lo creí, porque podía ella no tener muchas luces, pero poseía un infalible sentido común y del deber, y una existencia de tenacidad en contra de la pobreza honrada en la que nació y vivió por mucho tiempo.

Sin embargo, fui a cerciorarme y me encontré con las mismas imágenes que llanamente me describió. Imágenes que para el momento en que visitó la isla no aparecían en la prensa latinoamericana. Todavía entonces en la letra de imprenta se nos presentaba a Cuba como un paraíso socialista, donde había educación gratuita de muy alto nivel y un sistema de salud pública envidiable. Dos supuestas columnas vertebrales de la revolución que están deshechas.

Entre 1988-89 fui yo y ya entonces muchas fachadas de bellísimas casonas coloniales de La Habana Vieja estaban apuntaladas para que no se vinieran guarda abajo, aguas cloacales corrían libres por algunas calles, los muchachos mendigaban por chiclet o por un bolígrafo, buses parecidos a una costra rodante transportaban pasajeros guindados como monos de los barrotes de una jaula, y los caminantes -a montones- iban en buena cantidad descamisados o en ropas andrajosas. La poca gente que se veía arreglada de vestimenta, era la mayoría militares uniformados y escolares, aparte de los turistas.

Entré a panaderías sin pan, carnicerías sin carne y ópticas sin anteojos, y vi gente sometidamente paciente en El Vedado haciendo una interminable cola que daba vueltas en los alrededores para tomarse un pobre helado en Coppelia. Paseé La Habana en bicicleta, que es como con pocos días a disposición y a buena marcha, mejor se puede mirar cualquier lugar.

Tuve en mis manos ejemplares del “afamado” diario Granma, tan bien ponderado por el socialismo de café de algún personal docente de La Universidad del Zulia. Granma era en verdad -y debe serlo- un bien escrito pasquín de cuatro o seis páginas donde se puede hallar única y exclusivamente la voz de una revolución fracasada y demoledora de la vida en libertad, uno de cuyos garantes es el G-2 cubano presente en Venezuela.

Me digo pues que perduran entre nosotros algunos acomodaticios políticos de izquierda que sobre la realidad de Cuba intentan “meternos la cabra” de que apenas ayer se dieron cuenta.

 

Manuel Bermúdez Romero

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2 comentarios

Manuel Bermudez Romero -

Hola Raquel:

Así es exactamente como lo dices, trasnochados o acomodados. En todos los tiempos hemos tenido mucho revolucionario acomodado de uno u otro modo. Gracias por la sugerencia sobre Twitter enviada en otra nota.

Feliz Navidad.
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Raquel -

Buen día mi apreciado Don Bermúdez, sólo un comunistra trasnochado o un "comunista" acomodado en las mieles del poder no está consciente de esta realidad que es la q nos espera si no hay un cambio drástico de rumbo. Es bueno escuchar relatos de personas protagonistas de lo que escriben para que no tenga nadie que objetar de su visión, pero si nos damos cuenta poco a poco nos está llegando la ruina al país mostrándose inobjetablemente en el deterioro de calidad de los servicios públicos. Dios quiera y no sea demasiado tarde para que nuestro país no termine en algo peor en manos del mayor destructor del planeta q nos tocó en "suerte". Un abrazo
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