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Cenovia en mi piel

Cenovia en mi piel

El día en que me propuse entrevistarla, me enteré de que había muerto. Me lo informó Aurora Cubillán, contemporánea de ella y quien por años fue una de sus vecinas en la calle Bolívar, Ciudad Ojeda, donde ambas vivieron por largos años.   

            “Hace exactamente quince días la enterraron”, observó la señora Aurora lamentándose.

            Su nombre era Cenovia Faría, y así se le conoció siempre. Fue, al parecer, la primera enfermera que tuvo Ojeda, como popularmente se dice. Ojeda es hoy una pequeña ciudad que en sus primeros años no dispuso de ningún médico con residencia permanente en el vecindario, lo que hizo que la presencia de Cenovia fuese aún más necesaria para suministrar los cuidados básicos de salud para sus habitantes. Era una presencia a ratos domiciliaria, más por sentido de solidaridad particular de ella, que por descripción de trabajo dispuesta por la Dirección de Salud Pública del Estado Zulia.

            A Cenovia nunca la olvidaré, pues un día, convidado por dos de mis hermanos mayores para hacer maromas sobre un travesaño del desmantelado corral de gallinas que había en el patio de nuestra casa, quise dar la vuelta sobre el barrote, pero cuando giraba, visto el mundo de revés, me solté de las manos. Me desprendí y le metí neta la frente al borde del piso del gallinero. El canto de cemento me abrió una apreciable herida.

            Era mediodía, y de carrera y evadiendo el control materno adormecido por el sueño cíclico del meridiano, mis hermanos apreciando la profundidad de la cortadura, me cubrieron la boca, ahogaron el llanto y apresurados me llevaron con la cara ensangrentada a una de las  casas de enfrente donde habitaba Cenovia, quien abandonó su siesta, me tomó de la mano y partió presurosa conmigo y mis hermanos detrás, caminando bajo el solazo por las calles polvorientas hasta la medicatura rural que estaba ubicada en la calle Bermúdez, a tres cuadras curvas de nuestras casas y donde, ante la ausencia del médico Euro Romero, ella misma, sin pérdida de tiempo, tomó aguja e hilo, me cogió tres puntos de sutura y alivió mi dolor y el espanto de la sangre, trayendo reposo a mis hermanos.

Había nacido Cenovia en Borojó, un pueblo fantasmal de áspero suelo que como cuero tieso se extiende en la aridez del occidente falconiano. En Borojó un busto de su abuelo, el general León Faría Pineda[1], ocupa el centro de la única plaza que existe.

Según la historia, León Faría fue un admirado general que podía reunir en poco tiempo y en los contornos un ejército de mil 500 o dos mil hombres, pero en aquel caserío muerto ella tiene sólo ascendencia sin prerrogativa alguna que el parentesco le proporcionase.

Allá dejó su prosapia reivindicadora y se vino a la Costa Oriental del Lago (COL) como una más a empezar la lucha por la vida y a reencontrarse con varios de sus hermanos, siete en total, atraídos desde antes por el dinamismo petrolero. Siguiendo los pasos de su primo Jesús Faría, dirigente del Partido Comunista de Venezuela, todos ellos partieron a la COL.

            Es decir, que "buscando a Dios" ella se fue al Zulia y arribó al caserío Tasajeras para afianzarse en la región con sus hermanos Candelario y Carmen, y al encontrar trabajo como enfermera en el Hospital Municipal de Cabimas, Adolfo D’ Empaire, se instaló en el campo Taparito, en Tía Juana, donde residía otro de sus hermanos, uno que laboraba con Gulf, otra de las compañías petroleras norteamericanas establecidas entonces.

            Haciendo aprendió la enfermería... Inyectando, tomando el pulso y la tensión, aplicando curas, ayudando a sanar enfermos en el hospital Adolfo D’Empaire. Así se hizo una empírica del oficio y cuando se crea la medicatura rural de Ciudad Ojeda y se requiere de una enfermera, es Cenovia la que seleccionan en virtud de que, viviendo en Taparito, era la que residía más cerca de la medicatura ojedeña (como se decía entonces).

Su sueldo inicial en Ojeda fue de 250 bolívares quincenales en un régimen laboral que incluía actividad hasta los sábados al mediodía, brindando apoyo al doctor Manuel López Rivas, quien en situación itinerante fue el primer galeno de la medicatura.

No obstante la poca paga que recibía, tuvo Cenovia Faría satisfacciones desde el principio de su vida laboral, pues le correspondió el honor de recibir en 1948 las llaves de la medicatura de Ciudad Ojeda que le fueron entregadas por el entonces gobernador del estado Zulia, Apolodoro Chirinos.

Encaminada estaba en su labor cuando en uno de sus viajes en bus, entre Taparito y Cabimas, para cumplir con el deber en el Adolfo D’Empaire, se emparamó bajo la lluvia y agarró una gripe que no curó bien y se transformó en un "pasmo" que derivó en el cuadro asmático que la acompañó toda la vida y fue su cruz.

            Sus familiares buscaron muchas formas para aliviarle la dolencia, hasta el punto de que su compañero Leovigildo Montiel se la llevó a vivir a la orilla de la playa en Barrancas, un caserío mucho más al norte en la ribera este del lago, después de La Rita, buscando que el sano aire lacustre le trajese alivio, pero vano fue el esfuerzo: el asma continuó acompañándole por siempre.

            Trigueña, delgada, más bien flaca en el sentido preciso de la palabra; de piel que recuerdo tostada por el sol, resuelta de carácter y de voluntad, de buena disposición por el hacer, la enfermedad no la pudo vencer cotidianamente, no la agotó al punto de obligarla a aplazar propósitos o renunciar a la labor de todos los días para echar adelante con su familia, con sus hijos: niñas y niños.

Su mal respiratorio sólo le imprimió, según mi recuerdo, un rasgo característico: un ligero encorvamiento, quizá un husmeo vital y permanente para capturar del aire el oxígeno que mejora la respiración; el aire esquivo del que los asmáticos se tienen que asir para aferrarse a la vida. ¡La cruz! que de una u otra forma llevamos en el tiovivo de la existencia.

            Fueron el asma, los esteroides para combatirlo y una fortaleza debilitada entonces por la edad, los elementos que se combinaron para dar lugar al paro respiratorio que la llevó finalmente a la tumba, recuerda resignado su hijo, el amigo, Leovigildo Faría, quien suministró buena parte de los datos ofrecidos.

            La medicatura de Ciudad Ojeda fue su sitio de trabajo casi eterno, hasta el momento cuando se pone en funcionamiento el primer hospital de la población. Parte hasta allá con el doctor Euro Romero, el segundo médico que condujo la medicatura rural y el primer director del hospital Pedro García Clara.

            Debe haberse despedido del mundo satisfecha, ya que desde su puesto en la vida proporcionó bienestar público en salud. Cenovia consiguió a Dios y levantó una familia constituida por ocho hijos, hombres y mujeres.

Su esfuerzo quedó en legado de apoyo asistencial no tangible por inmaterial, pero eso sí, apreciado por quien sabe agradecer. De adulto, nunca me acerqué a su casa o trabajo para darle las gracias, pero hasta el final de mis días, al menos yo, llevaré fresco en mi piel el recuerdo de la enfermera Cenovia Faría.

 

 

Manuel Bermúdez Romero

 

 

Esta semblanza se ha madurado unos quince años y se dedica con estima a Mery, Iris, Leovigildo, Harry, Iván, Ibeth, Iseth e Ingrid, hijos de la señora Cenovia Faría y amigos de infancia y juventud de los Bermúdez Romero. La maduración se origina en que forma parte de una colección de crónicas y reportajes sobre la COL que difícilmente vean luz como libro debido a los altos costos editoriales y el obvio desinterés por la cultural popular regional. Por suerte existe Internet y el recuerdo de Cenovia estará en la red de redes a través de esta bitácora Contextos.

 

 



[1] El General León Faría Pineda nació en 1844 en el hato Chaduí, ubicado en la costa falconiana a poca distancia de Zazárida, en el municipio Buchivacoa. Su padre fue el Coronel León Faría, prócer de la Independencia en campañas con su pariente el General Rafael Urdaneta, siendo posteriormente Gobernador del Estado Falcón durante el período 1848-1851. En 1878, durante la presidencia del General Francisco Linares Alcántara, el General León Faría Pineda fue Comandante de Armas en Maracaibo. Igualmente, ocupó el cargo de administrador de las salinas del Estado Zulia. Murió asesinado en una emboscada el 2 de septiembre de 1899 en los valles de Aragua, en el sitio de San Pedro. Desde el año 1903 sus restos están sepultados en la catedral de Coro.

 

 

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40 comentarios

Reinaldo Rincón -

Buenas tardes Manuel. La enfermera Cenobia al igual que la maestra Capa es uno de los personajes emblemáticos de Ciudad Ojeda. Bastante me recuerdo de ella cuando teníamos que ir a vacunarnos y tratarnos enfermedades (generalmente gripes), que sacaba las pastillas de unos grandes frascos que tenía en una aparador detrás de su escritorio y las ponía en un sobrecito y se las daba a mi mamá con las instrucciones. Recuerdos de la Ojeda de los 50. Saludos a los hijos de Senobia, principalmente a Iris que es de la que más me recuerdo. Un abrazo

Manuel Bermudez Romero -

Saludos Julio. Repito lo que he dicho antes. Me satisface haber colocado a Cenovia o Zenobia en el lugar que le corresponde de la historia que recuerda a los hacedores anónimos del ambiente sociosanitario que permitió que los pobladores se asentasen en Ciudad Ojeda. Dale saludos todos tus tíos y otros familiares.

JULIO ALBERTO JIMENEZ FARIA -

MANUEL, NO TENGO PALABRAS PARA AGRADECERLE EL ARTICULO ESCRITO SOBRE MI QUERIDA ABUELA, YO ERA SU NIETO MAYOR Y VIVI TIEMPO CON ELLA.TODOS MIS RECUERDOS DE ELLA ESTAN TAN CLAROS COMO SI HUBIESE PASADO AYER,LE DIO GRACIAS POR HABERNOS CONTADO PARTE DE SU VIDA QUE DE VERDAD NO SABIA .GRACIAS

Manuel Bermudez Romero -

Me contenta que así sea, Víctor. Poco a poco iré publicando otras crónicas sobre la región y sus personajes. Saludos para todos los miembros de la familia

Victor Josué Jiménez Faria -

Ante todo mil gracias por tan excelente articulo en relacion a la vida de mi abuela Zenovia todavia recuerdo experiencias vividas y con este relato me ayudaste a saber un poco mas de su vida por ser una ciudadana ejemplar de este municipio zuliano nuevamente gracias Manuel

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Ivett:

Siendo yo periodista y habiendo sido vecino de ustedes y beneficiario de sistema de salud al que perteneció tu mamá, pues era mí un deber escribir una semblanza sobre la señora Cenovia.

Recibe un abrazo, gracias por desearme la bendición de Dios y van mis saludos para todos tus hermanos.

ivett faria -

gracias y mil gracias Manuel por tener tan excelente recuerdo de mama, no te equivocaste fue muy buena enfermera con ética y de corazón. Para ella no había horario,auxiliaba a todas las personas que la necesitaban en esa pequeña población de ciudad ojeda.
Que dios te bendiga Manuelito!

Manuel Bermudez Romero -

Víctor, esa es tu abuela y conté mi buena experiencia de salud con ella. Fue una buena oportunidad de contar lo que realizó por la salud quienes vivimos en Ojeda durante su tiempo. Saludos.

Victor Raul Jimenez Faria -

Dioooos, que bonitos recuerdos tengo de mi abuela no me van alcanzar las neuronas para recordar tantas cosas! ayyyy mi madre!De verdad Manuel muy agradecido con esto que escribiste sobre la vida de mi abuela! donde sea que este siempre la recuerdo! gracias!

Manuel Bermúdez Romero -

Muchas gracias por el teléfono correspondiente a cada tío. Así habrá forma de comunicarse con ellos. Saludos.

Leimary Zovko Faria -

Una vez mas agradeciendo las palabras tan lindas con las que describio a nuestra Abuela Zenobia.
Nos hizo revivir su recuerdo un poco mas, con algunos detalles que desconociamos de su vida.
Ella siempre fue cariñosa, pero tenia un caracter fuerte, dificil de hacer cambiar de opinion una vez tomada su decision.
aca les envio los telefonos de mis tios. Lei que hay personas interesadas en hacer contacto con ellos.

Mery 0265-6628689
Leovigildo 0416-0673545
Yris 0416-5631565
Harry 0414-6751914
Yvan 0414-6789261
Yveth 0424-6524803
Ysec 0414-6745459
Yngrid 0414-6328290

Manuel Bermudez Romero -

Belkis, te escribí anunciándote el comentario de arriba, pero tu e-mail vino incompleto y el sistema lo rechazó. Saludos.

Manuel Bermudez Romero -

Hola Belkis, la verdad es que debí conocerte, pero no me acuerdo de tu cara y conozco perfectamente a Tatá y Damelis, no obstante que son mayores que yo. A Damelis la vi hace unos cuatro años en el aeropuerto de Maiquetía y estuvimos conversando. De tu mamá también me acuerdo y a tu papá creo que nunca lo conocí, pero sabía que tenía su negocio en lo que llamaban El Mercadito, entre Bella Vista y Rancho Grande, en Lagunillas. Tú debes ser menor que yo y quizá sea esa la razón de que no me acuerdo bien de ti. Yo partí de la calle Bolívar como de seis años de edad, y viví en La Tropicana unos tres a cuatro años. Me fui a vivir en Tamare cuando tenía diez. De modo que debí verte poco. Después ya terminando el bachillerato frecuentaba esa zona donde ustedes vivían, porque era amigo de Rita Julia Rincón Pérez, la sobrina de la señora Aurora Cubillán e hija de Julio Rincón, vecino de ustedes.

No sabía que daba el patio de los Chávez con el de los Faría, aunque si me ubico en la cuadra lo comprendo, pues en esas manzanas de la Ojeda original había unos patios mucho más largos que otros. Por ejemplo, del tío Elio era muchísimo más largo que el nuestro. El de nuestro tío prácticamente atravesaba la cuadra. Llegaba hasta casi el fondo del cine Ojeda, mientras que el patio nuestro lo limitaba creo que el de los Sosa o los Briceño.

Me llena que esta semblanza te traiga añoranzas. A mí, como le digo arriba a una nieta de Cenovia, me satisface porque pagué una deuda de agradecimiento que tenía con ella. Le mandaré tu saludo a Teresa, Teresita de Jesús, que así se llama.

Y va un cordial saludos para todos ustedes.

BELKIS CHAVEZ -

MANUEL FELICITACIONES POR TU ARTICULO, ME TRAJO A MI MENTE NITIDAMENTRE LA IMAGEN DE LA SEÑORA CENOBIA, UN SER UNICO CON UNA CALIDEZ INMENSA, LA RECUERDO GUARNADOME SU FAMOSO CAFE CON LECHE QUE AUN AÑORO Y QUE NUNCA VOLVI A SABOREARLO IGUAL A EL QUE ELLA PREPARABA, TODOS SUS HIJOS SE DEBEN SENTIR ORGULLOSOS DE ELLA, NOS CRIAMOS MAS QUE COMO VECINOS COMO HERMANOS YA QUE DE PATIO A PATIO JUGABAMOS. NO SE SI ME CONOCES SOY LA HERMANA DE TATA, DAMELIS HIJA DE LA SEÑORA MARGOT. RECIBE MIS AFECTOS FRATERNOS. SALUDOS A TERESA A QUIEN LA FAMILIA Y MAMA QUERIA MUCHO

Manuel Bermudez Romero -

Me complace que así lo sienta. Saludos.

Nicole Kay Faria Saavedra -

Estoy orgullosa de mi abuela Cenovia y aunque no la conoci me han contado que fue una gran mujer que ayudo a muchas personas. Y me alegra saber que tantas personas la recuerdan de una manera muy especial y le doy las gracias a todas aquellas personas que de una manera u otra han hecho un homenage y bueno yo en nombre de mis hermanitos mil gracias a todos.

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Lilia, supongo que sí que hay mucho más que contar.

Cada quien debe tener sus propios recuerdos. Y cada persona, según sus vivencias, puede tener otra mirada u otra manera de abordar el tema Ciudad Ojeda. De algún modo lo digo en la crónica sobre Ojeda.

Saludos.

lilia de alvarez -

claro chamo estabas jovencito no bebe, pero yo tengo una memoria prodigiosa, jajaja casi pa escribir un libro, no te quito el puesto el escritor eres tu! PERO QUE LINDOS RECUERDOS! uf! ahora es cuando hay material, recuerdo a Aurora Cubillan y bueno voy a irme un dia a ojeda a recordar que es vivir de nuevo tantas cosas bonitas, ojala mery, iris harry, leo, ivan, iseth, ibeth, ingrid se comuniquen... gracias por todas las cosas que escribes, y nos hace tener nostalgia de la niñez y la adolescencia...100 puntos para ti desde mi corazon! UN ABRAZO

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Lilia, fíjate tú como es la memoria. Yo no me acuerdo de ti de cuando vivían enfrente de nosotros, sino del almacén de la señora Celmira en la Alonso de Ojeda. Entiendo que en el mismo edificio ustedes tenían un apartamento. Recibe un abrazo.

lilia de alvarez -

querido manuelito, si la piel se me crispo, al leer todos los recuerdos, figurate, viviamos al lado de cenovia, y para los bautizos papaito, enrrollaba la tela de alambre del patio para hacer la fiesta y mamasita y el eran los padrinos de algunos de ellos, por supuesto nosotros gozabamos y rocheliabamos como decian entonces, como olvidar cuando jugaba con mery e iris a la cocinita, por los patios y las veladas en el garaje de la casa y por supuesto la dulzura de cenovia, al igul que a tu mama nunca la vi brava, que yo recuerde, la apreciamos muchooooo......excelente tu trabajo y saber que tenemos historias, anecdotas etc...... besos y saludos....lilia
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Manuel Bermudez Romero -

Maribel:

A mi me satisface que sea así, que te haya encantado. Cordiales saludos y divulga la existencia de esta semblanza de Cenovia Faría entre las personas a las que consideras que el tema le interese o les pueda gustar.

Manuel

maribel yojana Perdomo Rincon -

Me encanto esta reseña Hecha para una persona que conoci, madre de mis tios y abuela de mis primos, muy querida y apreciada en Ciudad Ojeda.

Manuel Bermudez Romero -

Hola Nathaly:

Me contena que mi crónica te haya permitido conocer mejor a tu abuela. En lo que a mi respecta, como digo en mi crónica, nunca la olvidaré, pues trajo alivio a mi dolor y al miedo de ese momento. El miedo del olor a sangre y de sentir que tenía la cara ensangrentada.

Mandarme una foto de ella es fácil, lo que tienes es que escanearla si tienes el equipo para hacerlo. Si no lo tienes lo que debes es llevar un disco, disco compacto, para que te lo escaneen. Eso habitualmente lo hacen en Venezuela en los estudios fotográficos. En Ciudad Ojeda hay una tienda de los Vásquez (fotógrafos) que está en la calle Bolívar cerca de la plaza Alonso de Ojeda, ellos pueden venderte el disco y hacer el escaneo. No creo que sea barato, pero el recuerdo de tu abuela merece el gasto.

Después que tengas el disco en tu mano, lo llevas a tu computador, y desde allí mismo me lo puedes pasar, aunque te recomiendo llevarlo primero a tu archivo de fotografías para que tengas la foto en la memoria de tu computador. Para enviarmelo sólo debes anexarlo al mensaje que me mandes, y !listo! yo de allí lo paso a mi bitácora. Si tienes alguna duda, pregúntame. Estoy a la orden para orientarte.

Agradezco mucho tu interés.

Saludos para ti, para Mery y tus familiares Faría y Nava. Conozco también a tu papá y a Raimundo.


Manuel

Nathaly Nava Faria -

Buenas tardes Sr. Manuel soy hija de Mery Faria, le agradezco infinitamente el relato de parte de la historia de mi hermosa abuela Cenovia, era una mujer extremadamente cariñosa y bondadosa y la quise y quiero como a mi propia madre, muchas de las cosas alli descritas eran desconocidas para mi y estoy segura que para mis primos (a quienes ya les envie su relato y se lo hare llegar a mis tios) Y POR ESO LE REITERO MI AGRADECIMIENTO Y APRECIO POR EL TIEMPO QUE SE TOMO EN BUSCAR LA INFORMACION.

YO TENGO UNA FOTO DE MI ABUELA, QUISIERA SABER COMO SE LA HAGO LLEGAR..

SALUDOS DESDE CIUDAD OJEDA Y MIS RESPETOS PARA UD.

Manuel Bermúdez Romero -

Muchísimas gracias por tu estímulo Beatriz.

Desde cada sitio, desde donde cada quien esté, entre desventajas y dificultades, con propósito siempre será posible la obtención de logros de beneficio colectivo. Logros grandes o pequeños, pero que suman en nuestro favor cuando juntemos lo que cada quien haga. Un abrazo.

Beatriz de Matos -

Hola,Manuel!
Se evidencia en el discurso que la nostalgia te acecha y permite aflorar hermosos sentimientos de hermandad, amistad y solidaridad que nos estremece piel y alma. Ciertamente, que la distancia y el tiempo, muchas veces nos acerca más a los recuerdos...a las vivencias gratas y este pueblo nació para ser recordado con dignidad, respeto y aprecio.Aquí nos formamos en valores y tuvimos el privilegio de conocer modelos de rectitud, honorabilidad y nobleza en el campo de la educación, salud,cultura, deporte...y tú los hoy le rindes un sentido homenaje, que ha tiempo se les debía, en rica prosa poética plena de historia, anécdotas y sentimientos.
Saludos y un abrazo.

Manuel Bermudez Romero -

Gracias de nuevo, Beatriz. Si supieras que estando por aquí, alejado de Venezuela, siento más la necesidad de escribir sobre el país y, especialmente, sobre nuestra región. Es una forma aferrarme al terruño. Es una forma de alimentación espiritual para superar las dificultades y tristezas ocasionadas por la vida que estamos llevando tanto allá como por aquí.

Por otra parte, estos recursos de comunicación digital son una bendición, pues nos permiten dejar memoria de temas y personajes que los grandes medios no consideran de interés o importantes, respectivamente.

Espero confiado en que sea posible conseguir la foto de Cenovia.

Recibe un abrazo.

Beatriz de Matos -

Hola, Manuel!
Estos homenajes a protagonistas anónimos de nuestra ciudad nos hace sentir gran orgullo por quien, a lo lejos, aún vive, siente y ama estos lares y su gente. Bravo para Cenovia! Bravo para tí, Manuel!

(Contactaré a Iseth y le solicitaré lo requerido por tí)

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Beatriz, te agradezco mucho que hayas compartido esta entrevista con Iván y Mery.

Me parece que estos servidores públicos merecen ser recordados y somos nosotros quienes podemos hacerlo.

Si tienes oportunidad trata de conseguir con alguno de los Faría una foto de la señora Cenovia para incorporarla a esta entrevista.

Recibe un abrazo y quedo agradecido por tu opinión.

Manuel Bermudez Romero -

Hola Lilia, le voy a pasa tu e-mail a Jesús. Saludos.

Beatriz de Matos -

Hola, Manuel!Compartí esta hermosa pieza con Iván y recién se lo envié a Mery a través del correo de su hija.
Es una crónica histórica-social-familiar, escrita con un profundo amor por la tierra y seres que marcaron la vida infantil y juvenil del narrador protagonista.
Un discurso narrativo y argumentativo, abrazado de un rico sabor poético. Un merecido homenaje para esta noble mujer, dedicada al servicio social.

Manuel Bermúdez Romero -

RESPUESTAS PARA ESTHER Y CARLITAS

Hola Esther:

Ciertamente pude hallar datos adicionales sobre Cenovia Faría que me permitieron darla a conocer mejor sobre su origen familiar. La labor de ella fue callada y, así, valiosa, como suele ocurrir con los servidores públicos.

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Carlitas, el detalle sobre su labor, su esfuerzo, salario, dedicación dejan ver que fue una vida de labor ejemplar la de Cenovia. Si así lo captaste, logré mi objetivo. Cordiales saludos.

Carlitas García -

Manuel definitivamente tienes una escritura llena de sentimientos, no conocí a Cenovia, pero la sentí, como bien dices "en la piel".
Que vida tan hermosa, creo que está ahora en su Plano Sutil y Sublime, cumplió su Misión con amplia sentido del Servicio en Amor y seguro está enviando sus Bendiciones.
Además estará agradecida que tu le hayas dedicado este articulo, en la sencillez de la vida, están las vidas más ejemplares.

Esther -

Manuel,

Excelente reportaje sobre la Sra. Cenovia Faría...te felicito! Que bueno que puedas escribir estas memorias de esta época en Ciudad Ojeda y de personas como ella que dedicaron su vida al bienestar de la comunidad donde residía. En ella cubres detalles, que posiblemente muchos de nosotros no lo sabíamos. Su hija Mery fue mi gran amiga de la infancia pero los recuerdo a todos con mucho cariño.
Un abrazo.

Manuel Bermudez Romero -

Jesús, era entonces un caserío, pero lo recuerdo en su pequeñez mejor orquestado que hoy.

Había un plan urbanístico y arquitectónico que se abandonó. Otra habría hoy su faz si se hubiera extendido el diseño concéntrico a partir de la Plaza Alonso de Ojeda.

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Elsa, me acuerdo bien de Sinecia. Era una señora que se veía bondadosa y servicial. Respetuosa, además. Dicho de otro modo, una señora.

No recuerdo el castigo que les dieron. Imagino que yo estaba concentrado en mi dolor o mi alivio, pero puede ver la impresión de mamá al verme de regreso cosido y en la frente, que se me ha puesto anchota. La cicatriz es hoy más una arruguita.

Jesus Bermudez -

Excelente narracion escrita, muy buena; a parte de que trae, a quienes vivimos esa historia, gratos y hermosos recuerdos de una infancia vivida a plenitud y muy feliz. Te felicito.

Manuel Bermúdez Romero -

Por fuera de la bitácora, Roberto Muñoz, escribió:

Manuel, te felicito, hermoso trabajo; me da la impresión que ha sido uno al que le has dedicado bastante tiempo, corrección, lo noto de mucha calidad. Gente como esa señora hicieron historia. Creo recibirás muchas felicitaciones por este trabajo, me gustaría saber si me equivoqué en este juicio. Abrazos, Roberto.

Elsa -

En el comentario anterior olvidé decir las penurias que la Sra. Cenovia pasaba para lograr que Jesús y yo nos tomaramos la cucharada de aceite de ricino, para purgarnos de parásitos, requisito indispensable para que Sanidad nos otorgase el Certificado de Salud antes de comenzar cada año escolar.

Elsa -

El artículo trae gratos recuerdos a mi mente, pero también el recuerdo del castigo infligido por mamá a Jesús y a mi,luego de traerte con la frente cocida. Con alegría recuerdo a mi amiguita Iris y nuestros ratos de juegos infantiles. Muchos años después, ya casada y con niños, llegó a mi casa para ayudarme con los quehaceres caseros y cuidados de mis hijas, la Sra. Sinecia Faría, quien resultó ser sobrina de Cenovia. Excelente persona Sinecia, estuvo con nosotros 8 años y por supuesto, era parte de la familia. Hasta el día de hoy, todos la extrañamos.
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