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La de Valencia no es una olla

La de Valencia no es una olla

Ahora todo es una "olla". El chavecismo, y también parte de la oposición, se han cogido para sí la palabra olla y la mal usan.

Según el diccionario de estos políticos, olla es sinónimo de truculencia, de brollo, cuando “montar una olla” lo que realmente en periodismo significa es repetir desde otro ángulo una información que antes se ha dado a conocer.

Montar ollas es un recurso que, siendo de validez discutible, se usa con no poca frecuencia en las salas de redacción para continuar una serie informativa de algún hecho noticioso al que se le debe hacer seguimiento, pero que durante el transcurso del día no se le ha conseguido un nuevo elemento que evite su desvanecimiento.

En situaciones extremas de escasez de noticias se suele “montar ollas”, pero en tiempos de un gobierno descalabrado presidido por un puñado de fósiles ideológicos y un país en medio de una crisis múltiple, no hace falta montarlas, hay noticias por “pillote”.

La noticia ambientalista actual más relevante es sobre una olla, pero hidrográfica. Es el serio daño que a lo largo de muchos años se le ha causado a la hoya del lago de Valencia y… ¡pum…! Reventó. Y ha sido en muy mala hora electoral.

El daño causado a esa cuenca tiene tantas aristas y responsables que podría dar para una serie de reportajes que aborde el tema profundamente.

Es decir, aspectos que nunca se han tratado o que si han sido cubiertos ocurrió hace tanto tiempo que ni en el diarismo carabobeño y aragüeño lo recuerdan, y es preciso reafirmarlo para orientar la opinión pública.

La responsabilidad en el deterioro del lago de Valencia y de su cuenca, incluidos sus ríos tributarios y la laguna de Taiguaiguay, con las consecuencias para los embalses de Guataparo y Pao-Cachinche es de diverso y viejo origen y exige que gobiernos, opositores, cámaras de industriales y de comercio -sin echarse la culpa los unos a los otros-, informen a los medios de comunicación la verdad en toda su extensión para contribuir a evitar el caos de salud pública que se cierne sobre esa vital región.

Debería estar claro que tratar las aguas trasvasadas del lago de Valencia y Taiguaiguay a las represas es una solución si acaso de emergencia, puesto que el líquido en volúmenes superiores a la capacidad del lago hay que disponerlo de algún modo para que no continúe la inundación sobre urbanismos ribereños que -se ha dicho muchas veces- no debieron construirse en esos terrenos.

La solución integral y de fondo, aparte de poner límite al crecimiento poblacional en la región, tiene que prever la recuperación ecológica y ambiental de toda la cuenca y el tratamiento de las aguas servidas e industriales antes  de verterlas en el lago y antes de que se les dé uso en el regadío planificado de grandes extensiones de terreno cultivable en los valles y campos de Carabobo, Aragua y Cojedes, usados hoy en alguna medida e indebidamente en desarrollos fabriles.

 

Manuel Bermúdez Romero

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3 comentarios

Manuel Bermúdez Romero -

Por fuera de la bitácora Armando Bermúdez Moros, comentó:

Como dices, esas situaciones son recuperables si existe voluntad y sentido común. Venezuela (todavía) tiene dinero para invertir en un plan de recuperación ambiental en las dos cuencas más importantes: la del Lago de Maracaibo y la del Lago de Valencia, así como otras menores. No veo que a corto plazo eso se logre ya que el gobierno de turno tiene otras prioridades. De ganar la oposición eso sería un logro. Hasta un buen tema de campaña política sería! Esto calaría en los votantes si los mismos tuviesen conciencia ambientalista, cosa que no se ha cultivado en la educación general del venezolano y lamentablemente las nuevas generaciones no tienen visión sobre el problema.

Por ejemplo Aldona, que ha sido educada en un sistema que le da mucha importancia al ambiente, desde los 9 años de edad me critica y corrige cuando ve que yo mismo uso los recursos como el agua más allá de lo normal, o me corrige en la selección y clasificación de la basura. Esa educación es algo que perdurará en ella de por vida. Si muchos o muchas como ella regresasen a vivir en Venezuela, eso sería daría gran esperanza. Cuando le pregunto a Aldona si querría regresar, duda ... y es muy natural. Después de experimentar el primer mundo, las personas (me incluyo) dudan sobre reducir la calidad de vida y sobretodo de volver a experimentar la escasez de recursos (agua y electricidad por ejemplo) que por estos lados no se ve. Eso sin contar otros problemas como la inseguridad.

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Manuel Bermúdez Romero -

Esa misma es la idea, Carlos. Ejerzo el periodismo modestamente desde este pequeño medio de comunicación digital.

Si fuera posible, te agradezco circular el artículo entre quienes consideres puedan estar interesados en el tema.

Cordiales saludos.

Carlos morrell -

excelente enfoque periodistico,grandes verdades publicas.
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