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Contextos

Arte de la pintura publicitaria

De Benson a Castillo

 

Se le observaba cotidianamente haciendo a lápiz sobre un latón enmarcado en madera, los trazos de las letras para ordenar los elementos y pintar los avisos que se le encargaban.

             La escena ocurría en su taller-vivienda de La Tropicana, en un local ubicado en la parte posterior del edificio comercial que aún existe en ese sector en Ciudad Ojeda.

             A Samuel Benson aparentemente no le molestaba la presencia de personas mientras trazaba sus líneas y bocetos, y por eso muchas veces se le observó con largueza trabajar. Fue hasta el momento en que su labor de pintor publicitario fue rutina y no interesó más a los curiosos.         

            Era norteamericano y, según se cree, lo trajeron por los años 40 las petroleras para que les escribiera a pincel y esmalte anuncios de identificación de instalaciones y mensajes de seguridad industrial, pues no había en la región quien los hiciera con calidad.

                Se puede asegurar que él dibujó los inaugurales anuncios comerciales de los "gatos" -bodegas- y de los primeros negocios que se establecieron en Ciudad Ojeda. Era una tarea de la que dejaba prueba al estampar al extremo derecho de cada marco la firma de su nombre, ladeado y con letra cursiva: SBenson.

            Aunque no dejó escuela, pues cuentan que era muy celoso de los secretos de su trabajo, sí se le hurtó conocimiento, puesto que entre los mirones que se acercaban por su taller se filtraba un joven novicio en el oficio que quería aprender la técnica que Benson utilizaba. Era una técnica en la que resaltaba el contraste logrado a través de una armoniosa combinación de colores que plasmaba con aparente facilidad.

            Adelmo Castillo, impresor de publicidad exterior, quien se inició como pintor autodidacta de avisos, refiere que el norteamericano debió tener estudios formales en la especialidad, pues acababa muy bien sus pinturas.

            –A mí me gustaba mucho su trabajo. Él tenía muy buenos colores y lograba excelente perspectiva que era precisamente lo que me interesaba aprender. Yo no sabía combinar colores y él lo conseguía creando atracción por contraste, además de que mediante la combinación producía un aviso más agradable a la vista.

         –Por eso fue que iniciado en el oficio, traté de visitarlo como observador, pero no me aceptó. Incluso una vez me echó de su taller. Probablemente y por razones obvias, veía con reserva mi presencia. Nunca me habló de su técnica porque cuando me aceptó ya él estaba en las últimas... Estaba enfermo.

            –¿Cómo lo conociste?

            –A Benson lo conocía todo el mundo porque era el único pintor profesional de carteles publicitarios que había, y Ciudad Ojeda era un pueblo pequeño. Benson Sing Shop se llamaba su negocio.

            –¿Lo recuerdas físicamente?

            Castillo tomó un lápiz y trazó un perfil de Benson. Dibujó a un hombre de nariz larga entre aplastada y aguileña, cabello escaso y rostro decaído y afilado.

            –Cuando él llegó aquí ya era un hombre mayor, de algunos 55 años. Era muy alto, de unos dos metros, flaco, catire, de pelo lacio y amarillo.

            El periodista también lo recuerda, puesto que el taller estaba diagonal a su casa. Era un señor silencioso, de caminar tortuoso, de aspecto magro y ajado, de barba rojiza y rala casi siempre mal rasurada; desgarbado, usualmente vestido de pintorreado pantalón caqui y franela blanca. Permanentemente llevaba un cigarrillo rubio sin filtro calzado en sus labios fisurados y con las comisuras blancas de resequedad.

         Llevaba una estopa guindando de uno de sus bolsillos traseros. Guindaba siempre allí y parecía que estaba cosida de la ropa. Era un ser agotado más allá del natural deterioro que a sus años la edad podría haberle causado. Se debió probablemente a los excesos alcohólicos que se le conocían y a la mala vida que llevaba. Pero alguna vez se vieron en él deseos por integrarse socialmente, por extender lazos de amistad entre los vecinos con su muy limitado español.

           Adelmo Castillo confirmó la apreciación y comentó:

            –Él era un hombre bueno que llevaba una vida muy difícil y no se le conoció familia. Eso seguramente lo amargaba.

            Siguiendo la ruta profesional que presumió había tomado Benson, pero que el rotulista norteamericano no le dejó conocer, Adelmo Castillo hizo estudios de dibujo publicitario por correspondencia que complementaron lo que había aprendido como autodidacta. Esos estudios formales le hicieron “figurista” y le permitieron -bajo el seudónimo "Chupulum"- colaborar durante cuatro años con las revistas humorísticas capitalinas El Gallo Pelón y Lengualarga.

           Por esa misma época la revolución cubana le trajo la suerte de que aventó a la Costa Oriental del Lago a un comerciante habanero de apellido Barceló que llegó a su vecindad frente a la plaza Bolívar de Ciudad Ojeda y, al hacerse su amigo, le regaló el libro traducido al español y titulado Screen Printing. Esa obra le enseñó a manejar la serigrafía, una artesanal técnica de impresión que desde entonces utiliza y que, apoyada en la producción en serie, le abrió una visión más artística, técnica y comercial  del oficio.

            Prosiguiendo en la búsqueda de la ruta que se había trazado, Castillo marchó en 1968 a la ciudad de Nueva York y se radicó en el Distrito de Queens, en Long Island. Eran tiempos del dólar a 4,30 bolívares. Reunió 800 dólares y se fue con la intención de seguir un curso de inglés en Queens College que le costó 424 dólares y pagó por adelantado con la idea de continuar luego estudios de diseño gráfico en la academia de arte Phoenix School of Desing.  Ese era su plan original.

            –Concluí en seis meses el curso de inglés y cuando quise iniciar los estudios de diseño se me habían acabado los cobres. Pero fue una experiencia. Al regresar estaba espiritualmente destrozado, porque no había conseguido lo que buscaba. Viendo mi estado de ánimo, el doctor Oswaldo Pulido me aconsejó que trabajara como debía ser, es decir, montando una oficina en forma. Y así lo hice. Pero, además, como al partir tenía el conocimiento que había adquirido de la lectura y aplicación del contenido del libro Screen Printing, a todo el que me preguntaba le metía la embuste de que en los Estados Unidos había concluido estudios de serigrafía aplicada al diseño publicitario.

            –Las puertas se me abrieron a partir de entonces sin que fuera del todo mentira lo que contaba sobre los estudios que realicé.

            Con más disciplina y sin limitaciones humanas como las que Benson seguramente padeció y nadie supo, y sabiéndose carente de mucho del conocimiento requerido para tener éxito como pintor de avisos, Castillo siguió la ruta que sus realidades le indicaron. Lo hizo al punto de que para refinar sus inclinaciones pictóricas tomó estudios de pintura artística en La Mesa de Esnujaque, estado Trujillo, con el profesor húngaro en retiro, Laszlo Lenyel, pintor que Castillo considera muy buen espatulista.

            Un día Samuel Benson fue conducido postrado a los Estados Unidos aparentemente por funcionarios de la Embajada Americana. Se lo llevaron para recluirlo en un centro de atención para indigentes donde murió.

              De allá había venido Castillo con la experiencia de haber vivido en una ciudad cosmopolita y con el aire de innovación requerido para continuar en una labor que aplica arte a la elaboración de avisos y se denomina publicidad exterior en términos del oficio.

              Fue una labor en la que Benson se constituyó en pionero y Castillo, sin ser su alumno, tomó su lugar porque sentía admiración por la maestría que halló en el gringo. En Ciudad Ojeda ambos marcaron la historia inicial de la pintura publicitaria.

 

 

Manuel Bermúdez Romero

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14 comentarios

Beatriz Suárez de matos -

Manuel, olvidé decirte que Adelmo igualmente te envía un fuerte abrazo, muchos saludos y que sigas usando esa rica pluma de donde emanan interesantes historias. Sin duda, le haré llegar tu mensaje.

Nuestro abrazo,
Antonio y Beatriz

Manuel Bermudez Romero -

Gustavo, muchas gracias por tus comentarios y por los datos que suministras. Imagino que habiendo sido tu papá carpintero,seguramente el también tenía relación con Benson. Sé bien que ustedes vivíeron mucho tiempo en La Tropicana. Me contenta que te haya gustado la crónica. Dale a tu mamá cordiales saludos de mi parte.

Manuel Bermudez Romero -

Gracias Beatriz por tu gestión. Inmediatamente voy a hacer la correción. Dale a Adelmo saludos de mi parte y exprésale mi deseo que continúe aplicado fructíferamente a la pintura artística. Cordiales saludos.

Manuel

Beatriz Suárez de Matos -

Hola, Manuel!
Hoy, gratamente, hablé telefónicamente con Adelmo. Su nombre es Jesús Adelmo Castillo.Le hablé de tí y de tu trabajo. Muy complacido y alegre por lo que escribiste sobre Benson y él. Me contó eventos que tú plasmaste. Hasta recordó el cuadro que te obsequió.Acordamos vernos en mi casa para que lea la crónica. Así es que Alermo es Adelmo ("Castillito").El ya expone en colectivas a nivel nacional y hoy está participando en una subasta en Caracas.

Nuestro abrazo,
Antonio y Beatriz

Gustavo Ramírez -

Apreciado Manuel, muy acertado tu artículo sobre S.Benson. Yo personalmente fui gran amigo de el. Yo tenia como 11 años y ya tocaba el cuatro. Muchas veces el me pedia que le tocara alguna canción y el a pesar de ser muy serio se sonreia y me acompañaba silbando.Recuerda que nosotros vivimos en la Tropicana y muchas veces mi mamá le enviaba alimentos ya que el se preocupaba mas por el alcohol que por la misma comida. Lo último que supe de el fue que estaba muy enfermo recluido en un hospital en USA y mediante un aviso aparecido en el Panorama el pedia a sus amigos que le enviaran cartas. Posteriormente supe que habia fallecido. Mi apreciado amigo S.Benson RIP.
Manuel para ti un gran abrazo y que Dios mantenga esa pluma siempre vigente y dispuesta a escribir hermosas histórias de nuestra querida Ciudad Ojeda.

Beatriz Suárez de Matos -

Hola Manuel!
Con mucho gusto confirmaré el nombre y te informaré. Creo que es la misma persona. Nosotros también disfrutamos de una obra de Adelmo que compramos en una de sus exposiciones.

Un gran abrazo nuestro,
Beatriz y Antonio Matos

Manuel Bermúdez Romero -

Hola Beatriz, gracias por tus comentarios siempre oportunos.

Te agradezco mucho verifiques por favor el nombre de Castillo. Debe ser el mismo. Te lo pido porque recuerdo que cuando lo entrevisté, hace bastante ya, el nombre Alermo me pareció muy raro y creo que él me enfatizó que era así: Alermo.

Es posible que precisamente por lo raro, haya derivado en Adelmo, pero te agradezco la precisión del dato para hacer la corrección si fuera necesaria. Eso es fundamental, no cambiarle el nombre a las personas. Por lo demás me contenta que A. Castillo haya tenido éxito como pintor artístico. Cuando hablé con el sobre este tema de la pintura publicitaria, andaba en esos afanes pictoricistas. De hecho tengo una pintura que me regaló.

Sobre Benson sí, presumo que tú no lo conociste, pero seguro que Antonio sí supo de él. Porque, como me dijo A. Castillo, en Ojeda todo el mundo lo conocía.

Muchos saludos.
Manuel
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Beatriz Suárez de Matos -

Hola Manuel! Lamentablemente, no supe nunca de la existencia del personaje Benson,en Ojeda. Una vez más, te felicito por esa viva pluma que tienes para retratar épocas y seres que forman parte de la historia de este pueblo. Cuando destacas a Alermo Castillo, te refieres a Adelmo Castillo (Castillito)? Si es él, aún vive en Ojeda, muy amigo nuestro. Hoy es un pintor reconocido que ha participado en muchas exposiciones individuales y colectivas.
Saludos
Beatriz

Manuel Bermudez Romero -

Hola Lilia:

Alermo hizo el esfuerzo, se desarrolló en ese ramo y lo hizo su medio de vida. Él permanecía en Ciudad Ojeda y no sé si continúa allí.

Tenía su taller por la calle, no me acuerdo de su nombre, que pasab por detrás del edificio donde estaba Sears, frente a la plaza Bolívar, y atravesaba la Bolívar hasta desmbocar en la Alonso de Ojeda. Vivía en una casa al lado de su taller con su esposa y familia.

Abrazos.

lilia -

Pues si, mucha alegria al recordar, tantas personas que dieron sus conocimientos,alermo lo recuerdo mucho ademas es muy amigo de mi hermano guillermo castellanos, como me gustaria verlo, y todo gracias a ti! ABRAZOS

Manuel Bermudez Romero -

Hola Esther, lo conocí bien, porque aparte de que él no trabajaba encerrado sino bajo un techo abierto que tenía frente a su taller, cuando descubrí lo que hacía me instalaba a verlo pintar, hasta que me cansé de ver cómo lo hacía.

Te digo como a Elsa, envíale el artículo a la gente que creas que lo conoció, por ejemplo, Aura Villacinda.

Saludos.

Esther -

Hola Manuel,
Disfruté mucho leer este artículo tuyo. Recuerdo muy bien al Sr. Benson, pero si tu no lo mencionas no lo hubiera recordado. Que bueno que tu traes estos personajes de una época a nuestra memoria. Era tal cual lo describes: un hombre alto, rubio, su piel quemada por el sol. Un hombre serio y posiblemente solitario. Me alegro que hayas contado su historia ya que estoy segura que muchos residentes de Ciudad Ojeda lo recuerdan. Como tantos extranjeros, hizo su vida en este pueblo por muchos años. Con el tiempo me enteré que fue llevado a los Estados Unidos donde murió, pero su trabajo marcó una época en Ciudad Ojeda.

Manuel Bermudez Romero -

Hola Elsa, la labor de esas personas hay que rescatarlas para que quede memoria de ellos y cómo fue el pueblo. Benson murió por una diabetes. Hubo incluso que amputarle las dos piernas, lamentablemente.

Te agradezco distribuyas la crónica entre quienes tengas en tu lista que creas lo recuerden. Gente como Tonino Lambo, por ejemplo. Saludos.

Elsa -

Hola Manuel,
Recuerdo muy bien a Benson. Era tal cual lo describes. A mi regreso de Saint Cyril, no lo volví a ver más puesto que ya nos habíamos mudado a otra casa, pero sí me enteré de su regreso a Estados Unidos.

Muy bueno que tu lo recuerdes y lo pongas por escrito, estoy segura de que la mayoría de los citojenses o los que vivieron en la zona durante esa época, lo conocieron.
Saludos.
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