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Vólibol potente

Vólibol potente

Este deporte ha cambiado. Y tanto ha sido que después de verlo por estos días nos queda el convencimiento de que en algún momento habrá que reducir las canchas o incrementar el número de jugadores.

El cambio no está relacionado con sus reglas, sino con el estilo y nivel de juego. Queremos decir: la técnica y la capacidad de ofensiva y defensiva han avanzado mucho.

De hecho el espacio exterior a la cancha se ha ampliado. Y tiene que ser así, porque ahora hay jugadores que, más que matear, perforan.

Y entonces por la fuerza que trae el envío, el balón -al rechazarlo- puede irse muy afuera de la cancha, y para allá habrá que correr veloz y en despejado para mantenerlo al aire, colocarlo como sea posible y defender el punto.

Mas los cambios no vienen sólo por la fuerza con que se matea, sino por la capacidad defensiva de muchos zagueros. Impresiona ver cómo esos tiros calientes son limpiamente detenidos por volibolistas ojo de águila que además de parar la pelota y amortiguar el golpe con elegante solvencia (los brasileños son especialistas), la elevan bonita poniéndola a la altura exacta para comérsela de un manotazo que va por el desquite.

Por otro lado, aunque el contramateo no requiere de mayor habilidad que la que permite la estatura equiparable, no deja de impresionar cómo haciendo buena pared de conjunto se le disuelve el ímpetu a mateadores diestros y de tal fuerza que de seguro el actual adiestramiento volibolístico obliga al fortalecimiento físico de los dedos para armar bloqueos consistentes.

Debe ser esa la razón por la que ahora protegen los dedos con vendas que no habíamos visto antes, y los brazos se resguardan con una especie de guante de tela que ajustándose a la piel sale de casi el hombro y llega hasta la muñeca. La misma protección se está usando en otros deportes.

El asunto es que el estilo del juego, la forma de jugarlo, la disposición de los contendientes han cambiado porque la potencia con la que se juega -en femenino y masculino- se ha incrementado sobremanera. Ello obliga a que ahora los delanteros aguarden por el tiro a la media cancha, mientras que los zagueros se colocan al borde de la raya final. Tradicionalmente los primeros estaban cerca de la malla y los segundos, a mitad de la cancha.

Anteriormente los balones eran blancos, ahora son de tres o dos vivos colores arremolinados. Imaginamos que el colorido permite avistar mejor las bolas de fuego que parten del lado contrario. El ojo morado que vimos en una jugadora, da constancia a lo que presumimos, aunque en deportes menos intensos también se están usando pelotas de colores.

Igualmente, la forma como se ejecuta el saque ha variado. Y si bien no es nuevo hacerlo por arriba del hombro ni venirse corriendo hasta la raya y disparar, se han agregando recursos. Ahora se viene corriendo desde más lejos que antes e incluso se puede saltar para ejecutarlo. Y bueno…, también antes se podía hacer el servicio saltando, pero la técnica se ha perfeccionado y hoy se le ve al sacador la pericia ofensiva por alcanzar inmediatamente un punto por propia mano. Y, definitivamente, el servicio por debajo quedó para los muy principiantes. Hay hábiles jugadores que el saque lo han convertido en un mate situado a fondo en la otra mitad de cancha.

Conclusión: entre jugadores de alto nivel no se presenta ni un solo saque que resulte una bola blanda colocada para hacer juego. ¡No! Lo que viene desde el mismo momento de servir es un cañonazo abre hueco que para detenerlo, además de estar concentrado en la trayectoria del balón, se requiere agilidad defensiva, musculatura para retener el meteorito con los antebrazos, e incluso piernas para sostenerse en pie.

Las olimpíadas de Londres han sido el escenario ideal para calibrar este avance, y a quien conozca profundamente de vólibol, lo invitamos para que amplíe sobre el tema y su desarrollo

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Manuel Bermúdez Romero

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