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¿Qué pasó con Iván Hernández?

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Una de los primeros comentarios que recibí cuando trabajé en Amuay, fue que Iván Hernández era hechura profesional de esa refinería.

Me contaron que había comenzado como limpiador de oficinas, que sólo tenía sexto grado o bachillerato incompleto -ahora no lo sé precisar-, que allí mismo en Amuay con los norteamericanos de Creole había aprendido a hablar inglés, que por sus méritos había ido escalando la pirámide laboral hasta llegar a la gerencia de Mantenimiento de la refinería, y que se apostaba luego que de ese cargo no pasaría, pero pasó. Superó el techo que algunos le ponían.

Iván llegó a ser subgerente y luego gerente general de la Refinería de Amuay.

Él fue mi jefe en las dos oportunidades en que estuve trabajando por corto tiempo en Amuay, que, como ahora toda Venezuela sabe, es una de las refinerías más grandes del mundo.

Y debo decir que me resultó un hombre correcto, trabajador, pendiente de sus obligaciones, accesible, de buen trato y buenas maneras. No me interesé en indagar sobre lo que de él escuchaba decir porque no venía al caso, no me había trazado como propósito escribir su biografía.

Sin embargo, me di cuenta de que Amuay y Judibana respiraban admiración por el paraguanero Hernández y, fortuitamente, comprobé que lo que se me contaba no era leyenda urbana. Era una realidad comprobable, pues en una conversación de trabajo que tuve con un veterano artesano en el área industrial adentro en la refinería, ese compañero espontáneamente extrajo de su escritorio una vieja fotografía blanco y negro donde, con un grupo de limpieza de oficinas, efectivamente aparecía Iván. Se veía mucho más delgado, pero era el mismo hombre, mestizo, criollo y quien casi cuarenta años después estaba a la cabeza de la Refinería de Amuay.

Se contaba también por ese tiempo de mi trabajo en Punto Fijo que el conocimiento que Hernández tenía -y debe tener- de Amuay y sus procesos era único y consecuencia de que el crecimiento profesional de toda su vida se había desarrollado allí mismo.

Más todavía, se aseguraba que su saber sobre los procesos del refino era de tal amplitud y profundidad que a veces viajaba a instalaciones en el exterior desde donde lo solicitaban para que les resolviera trabazones operativas. Si esta información fuese cierta, imagino que se trataba de refinerías propiedad de PDVSA en el extranjero.

Contada esta historia, debo precisar que decidí escribirla porque en Twitter -donde suelen encontrarse comentarios infundados- alguien escribió con intención despectiva y a propósito de la explosión reciente, que el asesor de Chávez en materia de refinación es un limpiador de oficinas. Y si bien inquieta que todavía Hernández apoye a Hugo Chávez, esa fue una afirmación mal intencionada que intenta desacreditarlo.

Muy difícilmente en Amuay, formándose entre estadounidenses de Creole e ingenieros químicos y de otras especialidades al servicio de la venezolana Lagoven, se puede creer que Iván Hernández haya sido “el diente roto” del cuento de Pedro Emilio Coll.

Si sólo pensamos en que sus competidores eran ingenieros, es claro que Hernández ha tenido que bregar para llegar por mérito a su último cargo de gerente general de la Refinería de Amuay y a todos sus puestos de ascenso. Al igual que como creció Alberto Quirós Corradi desde la posición de office boy hasta la presidencia de Shell de Venezuela.

No obstante, la última imagen de Hernández al lado del Comandante Presidente Chávez sugiriendo que el persistente olor a gas puede ser normal en una refinería, personalmente me inquietó. ¿Será posible?, me pregunté.

Se sabe que no es la primera vez que Hernández se coloca al lado del actual régimen, y en la primera oportunidad pudo tener una obvia explicación a sabiendas de que él se siente doliente de la refinería y fue -y a nadie le importó- uno de los marginados de la mal llamada Transformación de PDVSA que al integrar las filiales lo que logró, está a la vista, fue abrirla a la más brutal intervención partidista e ideológica que se conozca de la casa matriz petrolera.  Es por lo mismo que el hecho de que Hernández se mantenga aún con el otro bando, solicita una explicación que seguramente sus admiradores quisieran escuchar y se merecen.

E insisto, declarar desde un escondite que Iván Hernández es un limpiador de oficinas, resulta un desahogo rencoroso y además una cobardía de quien no se atreve a decírselo dándole la cara. Aparte de que, quien haya sido, esta asumiendo el comportamiento agresivo que criticamos al chavecismo; la malevolencia, el encono, el odio, el desquite, el “pase de factura” que no nos deja avanzar como sociedad que debería estar orientada al progreso y que por el contrario destruye a su paso todo lo que ha sido construido.

Iván Hernández, ponderado como lo conocí, debe tener sus motivos válidos para apoyar al régimen. Motivos que muchos expetroleros quisiéramos ver explicados por escrito. Y no es porque él esté obligado a hacerlo o porque se pretenda seguirle juicio dado que está del otro lado de la baranda, sino porque él debe tener razonables argumentos que convendría conocer.

El infinito espacio de esta bitácora está a su orden si por aquí desea hacer su exposición.

 

Manuel Bermúdez Romero

bermudez.ro@gmail.com

Domingo, 02 de Septiembre de 2012 21:36 Manuel Bermúdez Romero #. sin tema

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gravatar.comAutor: Jorge Zajia

Manuel,
Cuanta nobleza y madurez en tu escrito sobre Iván Hernández, el cual comparto plenamente; sobre todo por la enseñanza que encierra del llamado grande a ser magnánimos por sobre todas las cosas, característica sobresaliente de la personalidad nuestro padre Libertador Simón Bolívar.
Como dice aquella expresión: "Hay que amarrar a los locos".
Amiguísimo,
Jorge Zajia

Fecha: 02/09/2012 23:53.


gravatar.comAutor: Luis Loreto

Manuel:
Si caemos en el mismo plano de quienes se han constituido en nuestros adversarios, nos estamos igualando a ellos. Como antiguo trabajador petrolero, precisamente en Amuay, sé de mucha gente que surgió de los estratos más bajos, ya que el único límite era la inteligencia de las personas y no su posición política.

Fecha: 03/09/2012 08:07.


gravatar.comAutor: Pascual

Mezquinos y rencorosos hay en todas partes, no conozco al Sr. Hernandez, pero seguro tiene sus meritos para haber alcanzado las posiciones que desempeño, supongo que con mucho exito, el hecho que apoye al regimen no invalida sus meritos, como quien dice "nadie le quita lo bailao".

Fecha: 03/09/2012 10:12.


gravatar.comAutor: Marisol Castillo O'Brien

Manuel: estoy de acuerdo con lo que expresas. Recuerdo perfectamente que lo que yo escuchaba de fuentes confiables era precisamente que no siendo un profesional formado académicamente, el Sr. Hernández era descrito por algunos como uno de los "grandes liga" en materia de refinación en Venezuela. Y al César lo que es del César.Debe tener sus motivos válidos para apoyar al régimen de manera pública y notoria. Mi punto: ¿Cuántos de los que en privado atacan al régimen, de manera pública lo apoya? Todos los casos que conozco convergen en la misma respuesta: están haciendo negocios con el gobierno y ganando mucho dinero. No quiero decir con esto que sea esa la motivación del Sr. Iván Hernández. Es posible que su apoyo al Sr. Chávez sea por convicción, igual que ocurre con muchos venezolanos, independientemente de su condición socioeconómica. Y si nosotros pensamos diferente y exigimos respeto a nuestras ideas, debemos practicar con el ejemplo que, en este caso particular, es no descalificar los méritos de un adversario político. Muy bueno este artículo. Un abrazo

Fecha: 03/09/2012 12:46.


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