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ARQUITECTURA PETROLERA

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Mucho más que una añoranza

 

Cuando pienso en edificaciones y residencias de los campos petroleros, suele venirme al pensamiento el recuerdo de la primera sede del Instituto Escuela Lagunillas establecido en lo que había sido el hospital de Shell en campo Bella Vista, construido de madera y montado sobre columnas de concreto que lo elevaban unos dos metros por sobre el nivel del terreno. También borrosa rememoro desde esa geografía, la idea de lo que fue el viejo club Carabobo, igualmente hecho de madera y propiedad de Shell.

Habiendo sido edificaciones símbolo de la presencia petrolera en Lagunillas, estado Zulia, propicio es recordar que el local del Instituto Escuela tenía amplios pasillos internos. Más que pasillos se trababa de galerías interiores. Era una edificación de cielo raso que ocultaba la techumbre hecha de cinc y vigas de madera y, mediando entre ambos elementos, un espacio grande concebido como cámara de aire amortiguante del calor originado por el fortísimo sol del trópico.

Estambre o tela metálica recubría los ventanales que eran tan vastos -altos y anchos- y continuos como la galería que encabezaba la instalación. La madera del piso estaba recubierta por un linóleo veteado de verde a dos tonos.

Era la madera un material de construcción delator, pues al resonar descubría el paso sigiloso de alumnos que a escondidas querían ver por morbo el ajustado ducto por donde antes, cuando hospital, los cadáveres de las personas que fallecían los traspasaban desde el único piso elevado del local hasta el espacio que había sido la morgue y estaba ubicado sobre el terreno.

            Es más lejano, lo dije, el recuerdo de la primera sede del club Carabobo, hecho de madera revestida con pintura de aceite verde intenso. Estaba el club emplazado en el lugar donde hoy, contiguo al edificio principal, se encuentra un parque infantil.

            El Carabobo original fue un centro social diseñado de un modo similar al de las casas altas que sobreviven en el campo homónimo. El hall estaba dispuesto en un solo ambiente con sofás en su rededor y en el centro había un bar familiar frecuentado por parejas de piel blanca, cabellos rubios y ojos claros.

Hombres y mujeres a quienes se les recuerda largos, delgados, ágiles y conversadores, dedicados durante el ocio del fin de semana al juego de fútbol, al squash, al tenis y al wáter polo, especialidad deportiva que se practica con manos y brazos dentro de una piscina y que por lo mismo exige ser buen nadador.

            El ambiente interior del viejo club Carabobo era -es lo que puedo evocar- un decorado inglés, digamos que devaluado. Dotado de alfombras individuales desgastadas, sillones, de ventanales verticales acortinados, de alguna lamparita dorada adosada a la pared para iluminar un cuadro que reproducía una escena de cacería en la campiña británica. Es esa una de las imágenes que en mi mente persisten de ese club, y que la traigo desde la niñez temprana.

 

Valor e historia

 

            Muchos venezolanos de más de cincuenta años deben tener recuerdos similares de edificaciones y tipologías humanas semejantes contempladas en campamentos residenciales establecidos en Bachaquero, Mene Grande, Lagunillas, Tía Juana, Cabimas -club La Rosa-, La Concepción, Maracaibo -clubes Bella Vista y Lago-, Casigua-El Cubo, Mene de Mauroa, Punta Cardón, Judibana -club Bahía-, San Tomé, Anaco, Pariaguán, Caripito, Quiriquire, Jusepín, Morichal, Pedernales, poblaciones de Zulia, Falcón, Anzoátegui, Monagas y Delta Amacuro. Pero son recuerdos que se esfuman como trastos.

Sin embargo, se les quiere evocar y rescatar después de sostener una entrevista con el arquitecto Pedro Romero[1], precisamente lagunillero del Zulia y consustanciado desde esos mismos tiempos y de un modo vivencial con ese estilo constructivo, siendo un manoseo, un saber hecho rutina que obtuvo como habitante de la región y lego sobre el tema, pero que mediante estudio lo transformó en materia útil de su conocimiento especializado posterior.

De la conversación con Romero se obtuvo una explicación sobre la razón de ser de esas construcciones que pasaron desapercibidas para la mayoría de nosotros como elemento de interés arquitectónico, no obstante que se residió en esas edificaciones, se disfrutó de sus ventajas o se convivió con éstas pues fueron, y todavía constituyen, parte de un entorno urbano presente en Lagunillas, en el campo Carabobo que fue de Shell, y en Zulima, que fuera propiedad de Creole, y también en Cabimas y Maracaibo en los antiguos campamentos -en la capital zuliana los llamaban colonias- de esas dos empresas, pero con lamentable afectación de sus correspondientes diseños. Tan dominante fue en un tiempo esa presencia foránea que “La Lago”, sector noreste de la ciudad, por uso y costumbre tomó su nombre de Lago Petroleum Company, transnacional que tuvo en esos terrenos, campamento, hospital (el Coromoto) y su sede principal que fue luego recinto del Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP) y hoy, en pie, aloja al Unicentro Viriginia.

¿Por qué aquellas construcciones semielevadas?, por qué el uso de estambres, de cielo raso, de maderas, por qué aquellos locales flanqueados por pasillos interiores o exteriores según el caso;  elevados y dotados de escaleras que carecían del primer escalón y de ventanillas triangulares de romanilla en lo alto de los frontis, de espacios interiores amplios y sin muchos elementos de separación; ¿por qué los aleros extendidos bastante más que los conocidos en la arquitectura de la antigua Maracaibo?

La verdad es que poca gente se hizo y se hace con formalidad esas preguntas.

Estaban y están allí -unas en pie y bien restauradas, otras abandonadas y buena parte desaparecidas- las edificaciones petroleras, y la explicación sobre su origen indica que se trataba de construcciones de importación que llegaron con las compañías angloholandesas y norteamericanas, como igualmente lo son el otrora renombrado Hospital Coromoto, y el Centro Médico de Occidente, originalmente administrados por Creole y Shell respectivamente, y establecidos en Maracaibo para proporcionar servicios de salud a sus trabajadores, y abiertos posteriormente a la comunidad en asociación arrendataria como hospitales privados que proporcionaron buen servicio de salud.

 

Adaptación al ambiente

 

            Pedro Romero, que ha sido un estudioso tenaz de esa arquitectura, explica esos por qué con la pausa propia de su temperamento, y asienta:

            La importancia de la arquitectura petrolera se puede resumir en sus aspectos históricos y de adecuación a las condiciones ambientales locales. Tiene relevancia histórica porque es la expresión físico-espacial del hecho más importante de la Venezuela del siglo veinte y del destino de la Venezuela del presente, como lo ha sido el acontecimiento petrolero. Y esa arquitectura, afirma, es un reflejo en forma y espacio de ese trascendente suceso.

            El segundo aspecto o la segunda valoración positiva es, como ya lo he dicho, el hecho de que se trata de una tipología arquitectónica que se adecuó perfectamente a las realidades locales y dio una respuesta muy adaptada a las condiciones del trópico, del clima, del suelo, del ambiente natural.

            Se le indica que, sin embargo, en muchos casos sus rasgos y elementos fueron trasladados de las colonias inglesas del África y de las viviendas norteamericanas establecidas en el canal de Panamá, según él mismo otras veces ha informado.

            Exactamente, comenta, no se trata de que sea una arquitectura pensada exclusivamente para el caso venezolano, sino para las zonas tropicales. Al venir a Venezuela esa tipología se importa y se consiguen acá ejemplos donde simplemente se armaban los componentes y se levantaban las edificaciones.

            Pero evidentemente, aclara, se hizo la adaptación a situaciones locales, como por ejemplo de materiales, sobre todo en las zonas adentradas en el territorio, como lo es el caso de Casigua-El Cubo, en el Sur del Lago, lo cual propició que los primeros modelos de viviendas y edificaciones se hicieran con materia prima que se hallaba a la mano y siguiendo los patrones constructivos importados.

            En relación con la adaptación a las condiciones ambientales de la región y de Venezuela, Romero es más específico, tanto más porque al margen recordó que ambiente es clima, tipo de suelo y biota[2].

            Para cada uno de esos aspectos, asegura, hubo en el momento respuestas concretas. Y es que por la condición climática era necesario protegerse de la alta temperatura y del asolamiento directo, entonces se produce una arquitectura de aleros muy prolongados que tratan de proteger el edificio con el consecuente mejoramiento de la temperatura para comodidad del inquilino. El mismo hecho hace que se rodee de vegetación a la edificación. Y es una solución distinta a la tradicional que le precedía, la del casco central de Maracaibo, donde es al contrario: el patio se desarrolla en el interior de la vivienda.

            Por otro lado, la necesidad de uso de materiales de características aislantes, provoca que en su primera etapa la industria petrolera recurra mucho al uso de la madera por su alta capacidad de aislamiento térmico, así como también a elementos de diseño como la incorporación de un cielo raso que crea una cámara de aire en la zona superior y mitiga el ingreso de calor. Es además una construcción muy transparente en el sentido de que por sus espacios interiores puede correr la brisa porque no tiene muchas divisiones internas que impidan la ventilación cruzada de modo que, al soplar, circule el viento y refresque todo el espacio interno.

            También como adaptación ambiental, prosigue, en las zonas costeras donde hay problemas de drenaje con riesgo de inundación por cuanto son áreas fácilmente anegadizas -tal es el caso de Lagunillas- se repita el esquema palafítico que usaron los aborígenes. Es decir, se suspende del cielo la vivienda mediante la construcción de una tarima soportada por pequeños pilotes que suministran protección ante este tipo de riesgos.

Al mismo tiempo, apunta, cuando se eleva la tarima es más fácil protegerse de elementos agresivos del entorno, como lo fue el riesgo que para la época constituían las serpientes, los alacranes y la plaga.

            Hay en este tipo de arquitectura conceptos globales y también detalles, observa Romero, como por ejemplo la inexistencia del peldaño más bajo de las escaleras el cual, muy a propósito y por diseño, se deja de construir con la intención de que la escalinata no tenga continuidad y dificulte el ingreso de arañas, alacranes y otros animales. Del mismo modo, en cada uno de los pilares se dispone de trampas de protección para que no asciendan los insectos.

            La tela metálica en ventanas y puertas, el estambre, como se dice en el Zulia, es otro elemento de adaptación al ambiente. Su uso y ventaja son obvios: dejar pasar la brisa, pero  sin permitir la penetración de los zancudos a la vivienda.

 

Arquitectura portátil

 

            Pero además, subraya, la arquitectura petrolera es liviana, flexible, modulada, estandarizada, puesto que se puede producir en serie e, incluso, es mudable. Basta recordar que la industria petrolera se instala en zonas del país donde no existía una base urbana para recibir a toda la población que su actividad demandaba. Entonces la construcción rápida de oficinas y viviendas no podía hacerse por métodos convencionales. Existían en los países de origen estos sistemas prefabricados, estandarizados, cuyos componentes se traían y acá se ensamblaban y se hacían con mano de obra local de poca calificación. Es decir, que el sistema era lo suficientemente sencillo como para asumirlo sin grandes problemas.

            La característica flexible de esa arquitectura permite que pueda mutar, que pueda crecer; añadir un espacio más, otra habitación o cambiarle un componente dañado o, si se quiere, trasladar la edificación a otro lugar, si fuera necesario.

No obstante toda esa variedad de ventajas que la arquitectura petrolera ofrece, hay una tendencia pública, advierte Romero, dirigida a su no conservación, y se debe principalmente a que quedó limitada al hecho del campamento petrolero.

            Vale decir que ese tipo de vivienda no se repitió más, no fue asumida por la comunidad. Salvo algunos planteamientos, como puede ser el emplazamiento de la vivienda en el centro de la parcela y la posesión de amplios patios a su alrededor, característica que se repite en las focalizaciones futuras y aún actuales en Maracaibo, desechando la casa pegada una al lado de la otra de construcción tradicional en el centro de la ciudad.

 

 Patrimonio conservable

 

            Plantea que hay dos aspectos que se deben conservar de la arquitectura petrolera. Uno es el patrimonio en sí, que es lo común y lo correcto hacer con cualquier tipo de manifestación arquitectónica valiosa. Hay que conservar lo construido, sobre todo lo de más valor arquitectónico.

            El segundo aspecto lo explica cuando se le pregunta ¿cómo debe trascender esa arquitectura?, y dice:

            No debe hacerlo repitiendo los mismos modelos e idéntica tipología, sino asumiendo las premisas y valores que esbocé. Es decir, una arquitectura que se adapte a las condiciones ambientales, sea ésta -la arquitectura- tipológicamente o no como la que hemos definido, pero que ante cualquier planteamiento guarde la característica de adaptación a un trópico húmedo como el nuestro.

            Advierte que no debe desconocerse que estamos hablando de un patrimonio de primer orden. Y es en tal sentido que el tema debe abordarse y debe aclararse que la situación y el cuidado de ese bien depende del organismo al cual corresponde la tenencia de la edificación petrolera.

            Al concluir la conversación queda el convencimiento de que el mantenimiento de estas edificaciones patrimoniales es una de las maneras de contribuir con la preservación de la historia. De la historia del acontecimiento petrolero venezolano y de su arquitectura. Vale decir, de parte de nuestra historia del siglo veinte. Y, aún más, de nuestra historia de más allá en el tiempo. Naturalmente, si es que aprendemos a apreciar sus ventajas y las aplicamos en el presente.

Igualmente queda, a los nativos de Venezuela y más específicamente del Zulia, el contento de saber que hay al menos un vigilante instruido del valor que posee la arquitectura petrolera: Pedro Romero.

Él, por suerte y en su condición de docente y hacedor, está dejando escuela y obra visible que perdurará pasando de una a otra generación de especialistas y podría ser garantía de que en adelante se preservará lo existente y se promoverán sus ventajas ambientales y constructivas.

 

Manuel Bermúdez Romero

 

Leyenda. En la foto superior, un ángulo del edificio Las Laras, sede principal antaño y hogaño de Shell en el Zulia.



[1] Pedro Alejandrino Romero Ramos es arquitecto y licenciado en filosofía. Nació en Alegría, campo residencial ubicado en Lagunillas y que fuera propiedad de Mene Grande Oil Company. Bachiller del Liceo Dr. Raúl Cuenca, obtuvo su título de arquitecto en La Universidad del Zulia (LUZ) en 1975 y ha sido director de la Escuela de Arquitectura de esa universidad, miembro principal de la Subcomisión de Rescate del Acervo Arquitectónico del Estado Zulia, representante de LUZ ante la Junta de Patrimonio Histórico y Artístico de la Ciudad de Maracaibo, expresidente del Centro Rafael Urdaneta (CRU), y directivo del Consejo Nacional de la Vivienda. Romero Ramos posee un currículum vítae que lo destaca como profesional estudioso, activista gremial y metódico investigador de su especialidad.

 

 

[2] Biota es  el conjunto de los seres vivos de un país, región o localidad cualquiera que comprende los animales y las plantas del área.

 

Domingo, 02 de Diciembre de 2012 19:58 Manuel Bermúdez Romero #. sin tema

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gravatar.comAutor: Ernesto H. Marín

Extraordinario trabajo que indudablemente traerá imborrables recuerdos a quienes vivieron en los campos petroleros y en ellos vieron crecer sus familias. A los que no lo hicimos, nos llena el vacío que nos dejaron nuestras fugaces visitas a esos campos.
Recibe un abrazo y mis más sinceras felicitaciones.

Fecha: 02/12/2012 21:00.


gravatar.comAutor: Manuel Bermudez Romero

Por fuera de la bitácora, Gustavo Coronel comentó:

Muy bueno y completo, Manuel. Sobre este tema te recomiendo un libro llamado "Venezuela Petrolera: el Asentamiento en el Oriente, 1938-1958", de Sebatián Navarro Rodríguez, joven historiador venezolano quien se encuentra hoy en OU, Norman, Oklahoma. Creo que se consigue en Amazon books.
Por cierto, me decía Leopoldo García Maldonado, tio mio, sanitarista, ya fallecido, que la elevación de los edificios tenía como primordial objetivo romper el ciclo larva-mosquito que tanta malaria causó en nuestro país. Lo hicieron ellos en el Zulia, Enrique Tejera Guevara y mi tío, entre otros, quienes trabajaban al lado de estos pioneros petroleros desde la década de los 20.
Algo de eso puse en mi novela "El petróleo viene de la Luna".
Saludos,
Gustavo

Fecha: 03/12/2012 07:01.


gravatar.comAutor: Manuel Bermúdez Romero

Sebastián -se corrige- es el nombre del historiador Navarro Rodríguez que menciona G. Coronel.

Fecha: 03/12/2012 07:13.


gravatar.comAutor: Lilia

Muy querido manuel: en verdad imborrables los recuerdos de los campos petroleros, sus casas, los parques, sus gentes.... Cuando leo lo que escribes, con tanto cariño, imposible olvidarnos de la niñez, adolescencia que tanto disfrutamos, gracias ! Por no olvidar!..... Abrazos. Lilia

Fecha: 03/12/2012 09:59.


gravatar.comAutor: Manuel Bermúdez Romero

Gustavo Quintini hizo el siguiente comentario:

Hola Manuel: habiendo crecido, desde los 5 años, en los campos petroleros (Bachaquero, Lagunillas, Cabimas y también Tierra Negra, en Maracaibo) ya que mi padre, José Quintini, también médico, trabajó desde 1942 hasta 1956 en las petroleras, primero en la Shell y luego en Creole, habiendo yo debutado y desarrollado como profesional médico en Tia Juana, tu artículo sobre la arquitectura petrolera me trajo gratos recuerdos. Como datos curiosos te señalo que la Creole tenía en el campo "staff" de Lagunillas unas edificaciones de madera sobre pilotes de concreto de grandes dimensionaes, que albergaban 4 amplias casas en 2 pisos. Me tocó vivir en una de ellas en los años 40 y pico con mis padres y otras 3 familias de médicos (los doctores Mario Andrade, José R. Apitz Rhode y otro que en este momento no recuerdo). El otro dato, del cual no tengo confirmación, pero lo oí de varias fuentes, es que las casas individuales sobre altos pilotes existentes en Tía Juana y en Cabimas (Campo Holliwood) fueron traídas desde Panamá, donde habían sido utilizadas durante la construcción del canal. Yo mismo vi, en grandes gandolas, mover de un campó a otro esas casas allá por los años 50. Recién graduado y recién casado (Octubre de 1960) me tocó vivir en una de ellas en la Avenida 3 de Campo Verde, Tía Juana. Gracias Manuel por esas notas que traen a la memoria tiempos de gran felicidad. Un abrazo
Gustavo

Fecha: 03/12/2012 10:43.


gravatar.comAutor: Stanley Bermudez

Disfrute lo leido. Creo que no hay que pasar de los cincuenta para recordar muchas de estas edificaciones. Yo y Reinaldo estudiamos en le viejo colegio Gonzaga en la avenida el Milagro y recuerdo las casas de madera sobre pilares estilo palafito, cada casa era un grado (primaria), la vieja gran casa donde vivían las monjas toda de madera y probablemente con fantasmas . Los mas pequeños nos escondíamos de los macalambrunos debajo de las casas y evitábamos llenarnos de la brea que había en los pilares. Secundaria tenia tres grandes edificios del cual solo queda uno, si es que ya no lo tumbaron, me fascinaban y los encontraba misteriosos, Armando hizo parte de su secundaria en ello y tendrá mejores recuerdos.

Recuerdo con tristeza cuando observaba desde nuestro balcón en Residencias Virginia cuando cada una de las casas de mi viejo colegio fueron derrumbadas y nos quedamos sin colegio, y ahora se encuentra el Lago Mall. Nuestro nuevo colegio después del Gonzaga fue el antiguo Instituto Venezolano Alemán en frente de la Iglesia el Rosario. Eran dos edificios de la vieja industria petrolera de dos pisos, creo que deben haber sido residencias o apartamentos cerca del IVP y quizás parte del mismo complejo o colonia. También recuerdo muchas de las casa de la vieja industria al rededor del Lago Maracaibo Club o el Creole, también el Club Bella Vista, el hospital Coromoto donde nació Rey, y muchas otras edificaciones mas. Gracias por tan buen reportaje.

Stanley Bermudez

Fecha: 03/12/2012 19:05.


gravatar.comAutor: Manuel Bermúdez Romero

Stanley, tienes razón no hay que tener más de cincuenta años para conocer las edificaciones petroleras. Cuando lo escribí estaba pensando en el viejo club Carabobo y en el antigo hospital Shell en Lagunillas, que estoy seguro no conociste. Muchas gracias por añadir tus percepciones y recuerdos.

Fecha: 03/12/2012 21:29.


gravatar.comAutor: Manuel Bermúdez Romero

Roberto Muñoz hizo el siguiente comentario:

Manuel muy interesante todo. De esas construcciones las que he utilizado más y sigo utilizando, son el Coromoto y el Centro Médico de Occidente. También adoré por años en la Christ Church, el templo construido por Shell en 1927, porque los presbiterianos hemos alquilado esas instalaciones desde los sesenta. Allí tiene su sede la Segunda Iglesia Presbiteriana de Maracaibo. Ese templo es patrimonio arquitectónico de la ciudad. Felicitaciones por el trabajo. Abrazos, Roberto.

Fecha: 03/12/2012 21:36.


gravatar.comAutor: Manuel Bermúdez Romero

COMENTARIO PARA STANLEY

Te refiero que entiendo que el edficio principal de lo que fue el Gonzaga y antes, según creo, oficinas de la Mene Grande, fue restaurado.

Qué funciona allí, no sé. Pero al igual que Las Laras, imagino que tiene actividad. Espero no estar equivocado, pues en algún momento vi planos dirigidos a la restauración de ese edificio. ¡Claro! un plano no es prueba de que esté en pie. Aparentemente Lago Mall no ocupa toda la extensión del terreno. La familia residente en Maracaibo nos lo podría aclarar.

Fecha: 03/12/2012 22:16.


gravatar.comAutor: ANTONIO BERMUDEZ ROMEO

Manuel: el viejo edificio central de la menegrande en maracaibo, fue restaurado a su forma original y alli funcionan las oficinas de Carbozulia, empresa del estado que tu conoces. saludos.

Fecha: 05/12/2012 19:16.


gravatar.comAutor: Manuel Bermúdez Romero

Gracias Antonio por el dato. Confirma lo que presumía, pues en algúna parte vi unos perfiles de ese edificio como parte de un proyecto de restauración. Creo que fue Pedro Romero quien lo ejecutó. Saludos.

Fecha: 05/12/2012 20:20.


gravatar.comAutor: eustoquio Garcia

Manuel, muchas gracias por este interesante artículo que, sin duda, me hace recordar pasajes de mi niñez. La arquitectura es una forma de adaptación al ecosistema: en Lagunillas, por ejemplo, las casas aledañas al Lago y próximas al muro de contención, fueron diseñadas como palafitos para facilitar el escape de sus habitantes en caso de una inundación incontrolada por la ruptura del muro. Hay muchas cosas que debemos rememorar de nuestros "campos petroleros" pero la verdad es que no hemos prestado suficiente atención e interés al legado de esa fase tan importante de nuestra industria petrolera. Un gran saludo,

Eustoquio R. García

Fecha: 09/12/2012 13:53.


gravatar.comAutor: Manuel Bermudez Romero

Eustoquio:

Al menos en Maracaibo se han restaurado varias de esas edificaciones, aunque la mayoría ha sido derribada. Se conservan en pie edificios como el Club Bella Vista, el que fue Hospital de Shell, Las Laras, sede principal de Shell en Maracaibo, el Hospital Coromoto, que fuera de Creole. También la sede principal de Mene Grande en la avenida El Milagro, cerca de la Plaza del Buen Maestro. Y hay algunas casas de la colonia Shell aún en pie, tanto hacia La Lago, como por los alrededores de lo que fue la oficina principal y el laboratorio. Igualmente, está en pie y bien conservado el templo prebisteriano que menciona Roberto Muñoz en su comentario y que -él precisa- fue levantando en 1927 por Shell. Totalmente modificado en su estructura y fachada, existe todavía la que fuera la sede de Lago Petroleum Company, hoy conocido como Unicentro Virginia.

Saludos.

Fecha: 09/12/2012 19:55.


gravatar.comAutor: Nerio Romero Sanchez

Manuel hago uso de este espacio para saludarte en lugar de enviarte un comentario, por los momentos mi objetivo es saludarte y desearte feliz navidad y bendiciones para ti y tu familia.
leo tu blog y cada lectura me genera buenos recuerdo, tipo saudades porque cada lectura es un pedacito,narrado con maestria, de nuestras vidas y mejores vivencias.
Aun recuerdo el dia que me visito un periodista y me reto manifestando que lagoven no hacia nada por el ambiente, y yo cai en su juego periodistico y le dije todos los planes ambientales de lagoven todo el dinero programado y de Caracas reclamo pdvsa diciendo que yo no estaba autorizado para dar es tipo de informacion , yo me asombre y te manifeste mi preocupacion y tu me explicaste y me calmastes dicienbdome ¨es que tu no dijistes nada malo ni mentiras calmate`.esos son celos Caraqueños Eso fue para mi una enseñanza de tu parte a partir de ese momento siempre les preguntaba a ustedes (tu, Carmencita;Andreas, etc:puedo decir esto ....o aquello?.aun la recuerdo

Fecha: 26/12/2012 21:16.


gravatar.comAutor: América Ratto-Ciarlo

Bella e instructiva remembranza..! Pernocté en pocas ocasiones en esos "campos"; aún así su cuidado paisajismo y arquitectura (especialmente esas casa sobre pilotes, que había en Falcón)siempre serán de grato recordatorio... Gracias

Fecha: 06/04/2013 18:35.


gravatar.comAutor: Marianny Mata

Señor Manuel!!! Excelente artículo, gracias por compartirlo. Hace ver que antes todo era más bonito, tradicional, funcional y tenia una identidad bien marcada... Ahora todo es mas superficial y banal. La solución al intenso calor del Zulia han sido los aires acondicionados y se han olvidado de integrar a la naturaleza, del aire puro y la vida que dan los árboles. Soy estudiante de Arquitectura en LUZ y estoy diseñando para mi proyecto final un restaurante cultural basado en la arquitectura petrolera y este artículo me ha sido bastante inspirador. Nací en Ciudad Ojeda y mi familia vivió en Lagunillas y siempre escucho los cuentos de como eran los campos petroleros, toda la vida que tenían y que ahora sean solo recuerdos me parece increíble. Ojala se logre rescatar la esencia de esos memorables lugares. Nuevamente gracias! sería buenísimo poder conocer a personas tan sabias como usted y el señor Pedro Romero.

Fecha: 04/10/2013 21:21.


gravatar.comAutor: Manuel Bermudez Romero

Joven Marianny Mata, sus afirmaciones se corresponden con la realidad, y me es grato que este reportaje y entrevista a Pedro Romero le haya inspirado.

Siendo usted estudiante de arquitectura de LUZ y estando interesada en el tema arquitectónico petrolero, le sugiero la lectura del libro Imagen del paisaje petrolero venezolano, escrito precisamente por el profesor Pedro Romero y editado por Shell. Imagino que la obra puede hallarse en la biblioteca de la Escuela de Arquitectura de LUZ.

Le aclaro que no soy sabio, solamente intento rescatar la memoria de realidades, logros y personajes que han nutrido nuestra vida, y aprovecho para comentarle que somos paisanos, pues también nací en Ciudad Ojeda, en 1949, obviamente una buena cantidad de años antes que usted.

Reciba mi saludo

Fecha: 07/10/2013 05:44.


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