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Agitadores enmascarados

Agitadores enmascarados

 

Manuel Bermúdez Romero

               

Habitual entre nosotros es la alabanza de los valores sociales de la venezolanidad, y la verdad es que después de quince años de incitación a delinquir, hoy por hoy son rasgos muy disminuidos y a punto de una fraudulencia que diluye la nacionalidad. Son valores tan vacíos como el amor por el pueblo que el chavecismo se atribuye.

            La característica común a muchos compatriotas es, por el contrario y entre otras, la doble moral. Y por ello es corriente observar personas que sabiéndose rechazadas por su mal proceder, simulan náuseas por la pésima conducta y las malas mañas de los otros.

El actual modelo supremo de esa hipocresía es el teniente Diosdado Cabello, pues en él se concentran posturas públicas que aparentan probidad, mas es grotesca máscara que se coloca para esconder el abultado historial de denuncias que lo señalan como malversador de los dineros públicos y corrupto nunca investigado.

Lamentablemente en el interior de muchos compatriotas lo que por imitación se aloja es eso: un devastador, un bocón, un cínico, una sierpe, un codicioso que poseyendo poder, recursos, dinero, comodidad, empleo aceptablemente remunerado, quiere continuar acumulando para “llenarse” y de ese modo, si se le da la oportunidad, cometer el exceso de robarse un televisor para llevarlo a una casa adonde ya hay cuatro más. La meta que los mueve es obtener beneficios o ventajas de la forma que sea, pero nunca con esfuerzo productivo o trabajo tesonero.

¿Cómo es que han aprendido esa conducta nuestros connacionales además de en el ejemplo de los “robolucionarios”? ¿A qué obedece, dónde se origina esa maldición que deshace la patria que tanto dicen querer?

Se trata de un tema para dejarlo al estudio de sociólogos, psicólogos y legisladores que implanten urgentes remedios que nos devuelvan al aprendizaje de la moral y cívica, pero se manifiesta en un abanico de actos que se inician en pequeñas y permanentes formas de mal comportamiento ciudadano que han llegado al saqueo estimulado por un Presidente de la República que en lugar de inclinarse al sosiego y la conciliación como corresponde a su investidura usurpada, promueve casi diariamente agresividad, atropello, desorden y ha convocado al desbordamiento, al abuso, puesto que si hubiera comerciantes especuladores, habría que sancionarlos administrativamente sin someterlos innecesariamente a la arbitrariedad de bajar a la machimberra los precios de sus productos o a la irracionalidad de propiciar un asalto como el que ha ocurrido en Daka en Naguanagua y en otros sitios, y que pudiera dar lugar a devastadora imitación en cadena.

En las imágenes que se han visto del saqueo realizado a la tienda carabobeña, está plasmado visualmente el deterioro moral de nuestros compatriotas, especialmente -en aparente mayoría- jóvenes de clase media alta y baja, hombres y mujeres que son vergonzante representación de un poco menos de la mitad de nuestros nacionales de todas las clases sociales.

Gente de tan pocos principios que de sólo recibir un empujoncito se dispuso a robar escudada en la insensatez criminal de Nicolás Maduro, la cabeza más visible de un grupo de azotadores en el poder quienes sabiéndose incapaces de formular soluciones frente a una crisis económica que devora los bolsillos de los venezolanos, ni de resolver la profunda corrupción que carcome las cimientes del gobierno, que arruinó a PDVSA y otras varias empresas del Estado, propicia el asalto y la leva y conduce al PSUV a una aplastante derrota electoral el próximo ocho de diciembre.

Por suerte, la voz del venezolano decente se elevó también en Daka Naguanagua y se manifestó reprochando el saqueo.

Aunque fue tímida, esa voz de protesta representa la otra mitad del país hastiada de ignorantes y desalmados adueñados de un poder que sólo saben ejercer para destruir y amenazar.

 

 

 

La foto que ilustra el artículo fue tomada de Google.

 

 

                 

 

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1 comentario

Pascual -

Saludos don Manuel, mi percepcion basada en las opiniones escuchadas en la calle, el mercado, la iglesia, mis vecinos, etc es que la inmensa mayoria del pais no aprueba este comportamiento delincuencial, sin embargo, eso no ha sido resaltado suficientemente por los medios, lamentable.
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