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Jugando a la guerra

Jugando a la guerra

                   

Un estimado amigo comentaba recientemente que ante la inminencia de una guerra nuclear, temía por la seguridad de parte de su familia residenciada en los Estados Unidos.         

Pensé pero no llegué a decírselo, que había que temer por la sobrevivencia de todos los habitantes de la Tierra dondequiera que nos hallemos, pues de nosotros no quedará ni el polvo después de varios bombazos atómicos.  

Los dos anteriores párrafos no son un ejercicio de intimidación y menos de “amarillismo” periodístico, sino una fundada preocupación común si nos atenemos a lo que se informa en los medios de comunicación sobre el uranio que supuestamente Venezuela suministra a Irán, de acuerdo con versiones provenientes de fuentes nacionales e internacionales. Inquieta también la situación por las amenazas que parten tanto de Washington como de Irán en relación con el tema.         

Debemos, sin embargo, asumir estas informaciones con reserva, pues en el ambiente se movilizan intereses que juegan alegremente a la guerra, como es el caso del presunto consultor criminalístico financiero, Kenneth Rijock, quien está denunciando por medio de Internet la supuesta presencia en Venezuela de misiles suministrados por Corea del Norte, pero de quien una organización norteamericana de ambientalismo contra la guerra asegura a su vez que Rijock es un antiguo lavador de dinero que en la década de los 80 estuvo preso dos años en Miami pagando su delito, y quien ahora trabaja con el Departamento de Justicia Norteamericano.         

Sobre el tema de la guerra hay voceros más dignos de crédito, como Helmut Schmidt, ex canciller de la República Federal Alemana, quien el pasado 29 de abril escribió un artículo en el diario español La Vanguardia en el cual concluye:         

“En el caso de Irán, el OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica) ha recurrido al Consejo de Seguridad de la ONU, que exige a Teherán que suspenda el enriquecimiento de uranio, algo que el Gobierno iraní no se ha mostrado dispuesto a hacer hasta el momento. Occidente debería evitar todas aquellas medidas que pudieran agravar el conflicto con Irán. Alemania tiene menos voz que Estados Unidos, por lo que Washington debería sentarse a negociar en lugar de amenazar con una coalición de la voluntad”.

El corolario es simple: el tema de la guerra no es para que juguemos a los soldaditos de plomo, puesto que en una indeseada y potencial conflagración nuclear la humanidad será la única derrotada.

En contraposición, la búsqueda de la paz es el tema regional y mundial verdaderamente importante para todas las naciones. Y en virtud de la belicosidad inesperada del mal llamado gobierno bolivariano, el asunto debe introducirse en el debate electoral que se ha iniciado en Venezuela.

 Manuel Bermúdez Romero

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